Una postal novedosa ha comenzado a circular por las heladeras de las principales cadenas de supermercados en Estados Unidos. En las últimas semanas, se ha hecho evidente la presencia de churrascos "made in Argentina", un producto destinado directamente al consumidor final que ya puede encontrarse en ciudades como Nueva York y Boston. Este fenómeno es la manifestación visible de un cambio estructural y relevante que está atravesando el negocio de la carne vacuna argentina.
El crecimiento es significativo en términos de volumen. Para el año 2026, Argentina tiene como objetivo colocar aproximadamente 100.000 toneladas de carne vacuna en el mercado estadounidense. Esta cifra representa un salto considerable frente a las 20.000 toneladas que se habían vendido un año atrás. En términos concretos, el mercado de Estados Unidos se prepara para recibir cinco veces más carne argentina que en el período anterior.
Este incremento es el resultado directo de un acuerdo alcanzado entre los gobiernos de Javier Milei y Donald Trump. Dicho convenio habilitó una ampliación extraordinaria del acceso de la carne argentina al mercado estadounidense, elevando la cuota preferencial de 20.000 a 100.000 toneladas para el presente año, según informó la Cancillería. El Gobierno estima que estas 80.000 toneladas adicionales podrían representar ingresos extra por exportaciones de aproximadamente 800 millones de dólares. Como consecuencia de esta apertura, Estados Unidos ya se posiciona como el tercer destino de la carne argentina y se ha convertido en uno de los mercados de crecimiento más rápido para los frigoríficos locales.
Sin embargo, es fundamental distinguir que no toda la carne exportada llega de la misma forma al consumidor. Existe una diferencia marcada entre los productos destinados a la industria y aquellos que llegan a las góndolas. La mayor parte de la carne que Argentina vende a Estados Unidos no es el bife que se exhibe en los supermercados de Boston o Nueva York, sino carne magra de cortes de menor valor relativo. Esta materia prima es utilizada principalmente por la industria alimentaria, especialmente para la elaboración de hamburguesas, un sector de escala masiva en el país norteamericano.
Según Andrés Costamagna, consultor ganadero y director de La Rural, el precio de referencia para esta carne industrial ronda los 8.500 dólares por tonelada, lo que equivale a unos 8,50 dólares por kilo. El negocio que se observa en las góndolas es sustancialmente distinto, ya que los cortes terminados alcanzan precios muy superiores. Por ejemplo, en un supermercado de Nueva York, la libra de carne argentina se ofrece a 15,99 dólares, lo que representa aproximadamente 35,27 dólares por kilo. Este valor es más del doble de lo que se puede conseguir en las góndolas dentro de Argentina.
Detrás de este auge exportador se esconde una paradoja económica para el país. Mientras Argentina incrementa sus ventas en mercados como Estados Unidos, Europa e Israel, la dinámica de consumo interno se modifica profundamente. La carne vacuna ha perdido poder en la mesa de los argentinos, no debido a una desaparición de la ingesta de proteínas, sino porque el precio relativo del producto comenzó a pesar excesivamente sobre los ingresos de los hogares.
En diversos periodos de los últimos años, la carne vacuna registró aumentos por encima de la inflación general. Entre junio del año pasado y junio de 2026, el kilo de asado se incrementó en un 54%, mientras que el cuadril aumentó un 53%. A pesar de que los valores mostraron una mayor estabilidad en los últimos cuatro meses, los hábitos del consumidor ya se habían transformado.
Esta situación ha derivado en una modificación de la matriz de consumo proteico: el pollo ha pasado a ocupar el primer lugar, la carne vacuna quedó relegada al segundo puesto y la carne de cerdo ha ganado una participación cada vez mayor. Este cambio es relevante dado que, durante décadas, la carne vacuna fue el centro indiscutido de la dieta argentina. Ahora, los hogares diversifican su gasto entre distintas alternativas para mantener el volumen de proteínas consumidas.
Esta nueva realidad también explica la llegada de carne vacuna brasileña a las góndolas argentinas, un hecho que hasta hace poco parecía improbable. El Gobierno abrió la importación de carne como una herramienta para ampliar la oferta y moderar la presión sobre los precios internos. Como resultado, el asado brasileño, junto con cortes como el cuadril y la nalga, se ha convertido en una alternativa concreta en el mercado local. Un proceso similar ocurre con la carne de cerdo, donde la producción de Brasil también ha ganado presencia en los comercios argentinos.
En conclusión, el escenario actual presenta una dualidad marcada. Mientras en Estados Unidos la carne argentina multiplica su volumen y comienza a ocupar un lugar destacado en los supermercados, en Argentina el consumidor se enfrenta a una oferta diversificada donde debe elegir entre carne vacuna, pollo, cerdo y cortes importados.
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