Bolivia se encamina hacia un escenario en el que deberá dejar de ser exclusivamente un exportador de hidrocarburos para convertirse en importador de gas natural. Según las proyecciones del geólogo y experto en hidrocarburos, Gustavo Navarro, el país necesitará adquirir volúmenes de entre 7 y 10 millones de metros cúbicos por día (MMm3/d) para poder satisfacer el consumo interno a partir del año 2029.
Esta situación es consecuencia directa de la caída gradual en la producción gasífera que ha experimentado el país en los últimos años. De acuerdo con el especialista, la falta de nuevos descubrimientos significativos ha impedido la reposición de las reservas de gas natural, lo que coloca al Estado boliviano en una posición vulnerable respecto a su seguridad energética. Navarro señaló que esta tendencia no es una sorpresa, ya que diversos especialistas advirtieron sobre este escenario hace una década.
El análisis técnico se sustenta en los datos actuales de las reservas, que se estiman en alrededor de 2 trillones de pies cúbicos (TCF). El experto sostiene que, considerando los niveles de exportación mínima que se mantienen hacia Brasil, estas reservas se agotarían en un periodo de pocos años. Bajo este contexto, la importación de gas natural no se presenta como una opción, sino como una necesidad inevitable para evitar el desabastecimiento en el mercado nacional.
Ante este panorama, el geólogo tarijeño estima que los ejecutivos de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) deberían iniciar conversaciones formales con las autoridades de Argentina a más tardar en 2029, aunque sugiere que este proceso podría comenzar incluso antes. El objetivo sería definir un contrato en firme que asegure el suministro del energético.
Argentina se perfila como el proveedor más viable debido a la proximidad geográfica y la existencia del megayacimiento de Vaca Muerta. Para concretar estas importaciones, se propone utilizar la infraestructura ya existente, específicamente el Gasoducto del Norte, el cual se encuentra conectado al Gasoducto de Integración Juana Azurduy (GIJA) y al Gasoducto Yacuiba - Río Grande (GASYRG).
Navarro explicó que Bolivia actualmente facilita el transporte de gas natural desde Argentina hacia el mercado brasileño a través de estos ductos. En ese sentido, propone que el país pueda solicitar un volumen adicional del gas que transita por dicha red para cubrir las necesidades locales, priorizando especialmente el consumo domiciliario e industrial.
Sin embargo, la importación conlleva un desafío financiero considerable. El ex técnico de YPFB indicó que, en el mejor de los escenarios, el precio a pagar por el gas importado estaría rondando los 8 dólares por millón de BTU. Navarro calificó este costo como elevado, advirtiendo que el gobierno boliviano deberá analizar cuidadosamente su capacidad económica y determinar de dónde provendrán los fondos para asumir este pago, con el fin de garantizar que no haya cortes en el suministro interno.
Finalmente, el experto subrayó que la reposición de las reservas no será un proceso inmediato. A pesar de que se ha mencionado la elaboración de una nueva Ley de Hidrocarburos orientada a atraer inversiones extranjeras al sector, Navarro lamentó que dicho documento aún no haya sido presentado ante la Asamblea Legislativa. En conclusión, la caída de la producción y la lentitud en la implementación de marcos legales para la inversión obligan al país a buscar soluciones externas para mantener la estabilidad de su matriz energética.





