El mercado internacional de hidrocarburos ha experimentado una jornada de alta volatilidad, marcada por un repunte en los precios del crudo durante el cierre de la semana. Este incremento se produce tras un periodo de inestabilidad donde, apenas el jueves, el barril de referencia Brent había caído por debajo de la barrera de los 89 dólares, marcando su punto más bajo desde mediados de abril. Sin embargo, la tendencia se revirtió rápidamente el viernes, impulsada por factores geopolíticos y datos sobre las reservas energéticas.
Durante la jornada del viernes, los precios del petróleo mostraron un crecimiento superior a un dólar. Este movimiento es parte de una tendencia mensual más amplia, ya que durante el mes de julio el activo registró un crecimiento del 24 por ciento, la cifra más alta reportada desde el mes de marzo. El análisis de los mercados indica que este comportamiento es el resultado de una reevaluación de los riesgos asociados a las rutas marítimas de suministro.
En términos específicos, el Brent registró un ascenso de 1.01 dólares, situándose en un precio de 90.12 dólares por barril. Por su parte, el crudo WTI también mostró una tendencia al alza, incrementando su valor en 1.08 dólares para posicionarse en los 84.67 dólares por barril. Esta tendencia alcista no fue ajena a la mezcla mexicana de exportación, la cual cerró la sesión en 80.56 dólares, lo que representa una subida de 93 centavos.
A pesar de este cierre positivo el viernes, el panorama semanal fue distinto, ya que los precios del hidrocarburo sufrieron una disminución aproximada del seis por ciento a lo largo de los siete días. No obstante, el crecimiento mensual del 24 por ciento domina la narrativa actual del mercado, reflejando la sensibilidad de los operadores ante las crisis en puntos estratégicos de transporte.
El detonante inmediato de la reciente subida fue la aparición de reportes sobre la necesidad de que algunos buques cisterna dieran la vuelta en el estrecho de Ormuz. Esta situación obligó a los operadores del mercado a reconsiderar la seguridad y la fluidez de los flujos marítimos a través de esta ruta crítica. El estrecho de Ormuz es una arteria vital para la economía global, ya que anteriormente transportaba cerca del 20 por ciento del suministro mundial de gas natural y petróleo crudo.
Sin embargo, el tráfico por esta zona ha disminuido significativamente desde finales de febrero, como consecuencia directa del conflicto sostenido entre Irán y Estados Unidos. Aunque se había registrado una breve pausa en los enfrentamientos entre ambas naciones, esta tregua fue interrumpida por recientes ataques mutuos, lo que ha reactivado la incertidumbre en la región.
A este escenario se suma la inestabilidad en otras rutas clave. La milicia hutí en Yemen ha bloqueado el transporte marítimo por el estrecho de Bab el-Mandeb, el cual conecta el golfo de Adén con el mar Rojo. Este bloqueo ha creado un segundo punto de estrangulamiento para la circulación del petróleo, complicando aún más la logística global de distribución.
Desde la perspectiva analítica, la firma de investigación Gelber & Associates señaló que los recientes ataques estadounidenses contra objetivos militares iraníes han mantenido la "prima de riesgo geopolítico" firmemente establecida en puntos estratégicos como el estrecho de Ormuz. Según la firma, la inestabilidad política se combina con factores de oferta interna para reforzar la tendencia alcista de los precios.
Complementando este análisis, la Administración de Información Energética (EIA) de Estados Unidos reveló datos preocupantes sobre las reservas comerciales de crudo en dicho país. La información indica que las reservas se redujeron la semana pasada a sus cifras más bajas desde el año 2018. Esta escasez de inventarios en la mayor economía del mundo actúa como un catalizador adicional que sostiene los precios al alza, mientras el mercado observa con cautela la evolución de los conflictos en Medio Oriente.






