El índice dólar (USDIDX) ha mantenido una trayectoria ascendente durante las últimas semanas, alcanzando este martes el nivel de 101.42, su punto más alto desde noviembre de 2025. Este movimiento responde a una serie de ajustes en las expectativas del mercado tras las revelaciones del "dot plot" de la primera reunión de la Reserva Federal bajo el mando de Kevin Warsh, celebrada el pasado 17 de junio. En dicho documento, nueve de los diecinueve miembros del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) proyectaron al menos un incremento en las tasas de interés para el año 2026.
La reacción del mercado ha sido inmediata, siguiendo un patrón recurrente donde los ajustes suelen materializarse antes de que se inicie formalmente un ciclo de subidas. En este contexto, el debate actual se centra en si el mes de septiembre marcará el inicio de un nuevo ciclo restrictivo o si se tratará de una medida puntual. Instituciones financieras de peso, como Deutsche Bank y Bank of America (BofA), ya han integrado la posibilidad de una alza en septiembre dentro de sus escenarios base. Por su parte, los futuros de fondos federales ya descuentan casi dos incrementos de 25 puntos básicos acumulados para principios de 2027.
Un elemento fundamental que diferencia la actual fortaleza del dólar de episodios anteriores es la marcada amplitud de la divergencia entre la política monetaria de la Reserva Federal y la de otros bancos centrales globales. Mientras la Fed mantiene un sesgo restrictivo, el euro ha caído a su nivel más bajo en un año, impulsado por las declaraciones de Christine Lagarde, quien moderó las expectativas de endurecimiento monetario en la eurozona. Simultáneamente, el yen japonés permanece bajo presión debido a la percepción del mercado de que el Banco de Japón está siendo demasiado lento en normalizar su política.
Esta brecha de tasas impacta directamente en los mercados emergentes. Al enfrentar una Fed más restrictiva, el diferencial de tasas se amplía, lo que encarece el mantenimiento de activos denominados en otras divisas en términos de carry. Esta dinámica ha fortalecido al dólar de manera transversal, afectando a diversas geografías.
A pesar de que el conflicto en Medio Oriente ha visto una mitigación parcial en su impacto inflacionario —gracias a la baja del crudo tras el acuerdo con Irán—, existe una preocupación persistente sobre los datos de servicios y salarios. Esta persistencia inflacionaria es el argumento principal que justifica que la Reserva Federal considere subir las tasas incluso ante señales económicas mixtas. Mientras este argumento prevalezca, el diferencial de tasas seguirá actuando como combustible para la apreciación de la moneda estadounidense.
El análisis de los cruces confirma que no se trata de un factor idiosincrásico de una sola moneda, sino de una fortaleza real del índice. En la última semana y el último mes, el USDIDX se ha apreciado frente a todas las divisas del G10. La corona sueca ha liderado las caídas con un descenso semanal del 4,1%, seguida por el dólar neozelandés (-2,8%), el franco suizo (-2,1%) y el euro (-2,0%). Incluso el yen, que suele presentar comportamientos diferenciales, cedió un 0,7% en la semana y un 1,6% en el mes.
En cuanto a América Latina, la perspectiva a tres meses ofrece un matiz diferente. El peso mexicano muestra una caída del -1,9%, el peso chileno del -1,5% y el real brasileño del -2,3% frente al dólar. Estos datos sugieren que, durante el trimestre previo, estas monedas habían logrado amortiguar o revertir parte de la presión. Sin embargo, la reversión reciente es un reflejo del reajuste posterior al FOMC y no un deterioro de los ciclos domésticos. El riesgo inmediato para la región radica en el diferencial con la Fed: cuanta más proximidad haya para la primera alza, mayor será la presión sobre los pares que dependen del carry trade.
Desde una perspectiva técnica, el z-score de 60 días del USDIDX se sitúa en 2.74σ, superando el umbral de 2σ. Esto indica que el índice se encuentra en una zona de sobreextensión estadística, lo que históricamente sugiere que el ritmo de apreciación podría moderarse o consolidarse lateralmente. No obstante, la tendencia de fondo se mantiene. El índice ha roto la banda horizontal situada entre 99.68 y 100.12, que sirvió de resistencia durante meses, convirtiendo ahora esa zona en el nuevo soporte de referencia. El indicador ADX, con niveles superiores a 25, confirma el inicio de una tendencia con fuerza suficiente para sostenerse.
Sin embargo, el timing presenta desafíos. El RSI indica que el índice entró en zona de sobrecompra justo al romper el rango, lo que sugiere la probabilidad de un pullback hacia el techo de la banda rota, cerca de 100.12, antes de retomar el impulso. La siguiente resistencia clave se ubica en 101.835. Superar este nivel de forma sostenida, con un RSI neutral, sería la señal técnica definitiva de que el rango ha sido abandonado genuinamente.
Finalmente, el mercado aguarda el informe PCE de este jueves. Al incluir la medida de inflación preferida de la Reserva Federal, este dato será determinante para validar o moderar las apuestas de una alza de tasas en septiembre.






