La capital colombiana continúa siendo escenario de hechos violentos que reflejan la importación de conflictos regionales. Este martes, 26 de mayo, el norte de Bogotá fue testigo de un nuevo ataque perpetrado por sicarios, el cual terminó con la vida de José Víctor Rojas González, un hombre de 35 años dedicado al comercio del sector cárnico. El crimen ocurrió en el barrio Ciudad Jardín, ubicado en la localidad de Suba, dejando una vez más en evidencia la vulnerabilidad de ciudadanos que, a pesar de contar con medidas de protección, se convierten en blancos de ataques precisos.
El modus operandi empleado en este asesinato siguió el patrón habitual de los sicariatos urbanos en la ciudad. Dos hombres que se movilizaban en una motocicleta interceptaron a la víctima y, utilizando armas de fuego, ejecutaron el ataque. Un detalle alarmante de este caso es que José Víctor Rojas González no se encontraba desprotegido; según fuentes consultadas, el comerciante contaba con un esquema de seguridad activo y, al momento de ser atacado, vestía un chaleco antibalas. A pesar de estas precauciones, los agresores lograron consumar el homicidio, lo que sugiere una planificación meticulosa del atentado.
Este hecho, sin embargo, no representa un caso aislado de violencia común, sino que se enmarca en un conflicto familiar mucho más profundo y prolongado. De acuerdo con la información recopilada, Rojas González formaba parte de una familia que ha estado inmersa en una guerra interna originada en el departamento de Santander. Esta disputa, que inicialmente se desarrollaba en su región de origen, se trasladó posteriormente a Bogotá. Las fuentes indican que el detonante de esta violenta confrontación serían presuntas disputas relacionadas con sumas de dinero resguardadas en seguros familiares, lo que ha convertido a los miembros de la familia en objetivos sistemáticos.
La trazabilidad de este conflicto en la capital revela un rastro de sangre que ha afectado a varios integrantes del núcleo familiar, todos vinculados al comercio de carnes. Fuentes confirmaron a Caracol Radio que la víctima de este martes era primo de Yahir Ruiz Rojas, quien es propietario del establecimiento Carnes Frigomontreal y también comerciante de carne. Yahir Ruiz Rojas ya había sido víctima de un atentado previo el pasado lunes 13 de abril en el barrio Barrancas, en la localidad de Usaquén. Al igual que ocurrió con José Víctor, Yahir Ruiz contaba con medidas de seguridad al momento de su ataque, incluyendo el uso de un chaleco antibalas y la posesión de un arma de fuego propia.
La cronología de la violencia contra esta familia se extiende aún más atrás en el tiempo. En el mes de septiembre de 2024, Mauricio Rojas González, primo del hombre asesinado este martes, fue acribillado por dos sicarios en el barrio Normandía. Este evento sumó una víctima más a una lista que ya incluía a Carlos Julio Rojas González, familiar de las víctimas mencionadas, quien fue asesinado en septiembre de 2023.
En resumen, la ciudad de Bogotá ha visto cómo una disputa económica y familiar nacida en Santander ha sembrado el terror en diversas localidades del norte de la capital. Desde Suba hasta Usaquén, pasando por el barrio Normandía, los integrantes de la familia Rojas han sido perseguidos y eliminados. El hecho de que las víctimas fueran comerciantes del sector cárnico y que varias de ellas hubieran implementado esquemas de seguridad personales, como el uso de chalecos antibalas y escoltas, demuestra que los perpetradores poseen una determinación y una capacidad operativa que ha superado las medidas de autoprotección de los afectados. La migración de este conflicto regional hacia la metrópoli subraya la complejidad de las dinámicas de violencia que afectan la seguridad ciudadana en la capital.






