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Los colores del poder: Un recorrido por las etapas políticas de la Venezuela del siglo XXI

En el mundo artístico algunos períodos se identifican con colores, como la llamada “Edad Azul” de Picasso, cuando entre 1901 y 1904 pinta casi exclusivamente en tonos azules y verdes fríos. The post Policromías appeared first on El Carabobeño .

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Los colores del poder: Un recorrido por las etapas políticas de la Venezuela del siglo XXI

A lo largo de la historia de la humanidad, el uso de los colores ha trascendido la mera estética para convertirse en un lenguaje capaz de identificar periodos, sentimientos y procesos sociales. En el ámbito artístico, este fenómeno es evidente en obras como las de Pablo Picasso, quien entre los años 1901 y 1904 atravesó su llamada “Edad Azul”, un ciclo donde su paleta se centró casi exclusivamente en tonos azules y verdes fríos para transmitir estados anímicos específicos.

Esta asociación entre el color y la psicología es inherente al ser humano. De manera cotidiana, vinculamos estados de ánimo con tonalidades: el optimismo se describe como ver la vida "color de rosa", la envidia se manifiesta en el verde —aunque este mismo color represente la esperanza— y la ira se identifica con el rojo. Incluso en la política, los colores han servido como señas de identidad fundamentales. Antes de la implementación de los sistemas electrónicos, las tarjetas de votación definían las corrientes ideológicas: el blanco para el adequismo, el verde para el copeyanismo y el rojo para el comunismo.

Más allá de las identidades partidistas, los grandes acontecimientos económicos y transformaciones políticas globales también han sido bautizados mediante colores. Un ejemplo claro es la Revolución “Verde”, que mediante el uso de riego, fertilizantes y semillas híbridas, transformó la agricultura mundial y aumentó la producción de alimentos. En el terreno político, el “Terror Rojo” en Rusia (1918-1922) quedó marcado por la represión y la persecución de opositores. Otros ejemplos incluyen la “Década Púrpura” en Tailandia, caracterizada por la inestabilidad y los golpes de Estado; la “Revolución Amarilla” de 1986 en Filipinas; y la “Revolución Naranja” en Ucrania entre 2004 y 2005, surgida como respuesta a un fraude electoral.

Bajo esta premisa de análisis cromático, es posible asociar los periodos políticos de la Venezuela del siglo XXI con colores específicos, permitiendo así identificar los estados de ánimo y la realidad vivida por sus habitantes.

El inicio de este ciclo se puede definir como la era "Rosa". Durante los primeros años del desgobierno de Hugo Chávez, una parte de la población votó impulsada por la ingenuidad, creyendo que la vida sería "color de rosa". Este grupo confió en la promesa de un presidente que los conduciría a un paraíso donde el trabajo no sería necesario, pues el nuevo régimen se encargaría de proveer todo lo requerido.

Sin embargo, esa ilusión dio paso a la “Era Color de Hormiga”. Este periodo estuvo marcado por los desaciertos administrativos, la corrupción y las expropiaciones. Fue el momento en que los venezolanos comenzaron a desencantarse del líder golpista, sintiéndose engañados. Este proceso de desilusión propició el inicio del éxodo masivo de ciudadanos que buscaron rehacer sus vidas en otros países.

Posteriormente, la llegada de la pareja conformada por Maduro y Flores al Palacio de Miraflores instauró la “Era Gris”. Para el ciudadano común, el panorama se volvió lóbrego. La supervivencia se convirtió en la prioridad diaria dentro de un sistema que prometía hambre para aquellos mal pagados que no formaran parte del círculo privilegiado que disfrutaba de las mieles del poder.

La situación degeneró luego en la “Era Negra”, donde Nicolás Maduro y su grupo depredador transformaron el territorio en un infierno. En esta etapa, la inseguridad alcanzó niveles críticos, con la presencia de hombres armados y encapuchados que secuestraban a las personas, haciendo que la vida en el país resultara insostenible.

Más adelante, surgió la “Era Tricolor”. Este periodo se caracteriza por una dinámica donde el poder parece desplazarse hacia intereses externos. Se describe la situación como un escenario donde el hombre que ordenó la captura de la pareja despótica preside dos naciones: una capitalista y otra “socialista”, donde el presidente actúa como un títere sumiso ante los intereses de Trump. En este contexto, el amarillo de la bandera venezolana es sustituido simbólicamente por el blanco de la bandera que flamea frente a la Casa Blanca.

Finalmente, el ánimo de los venezolanos comienza a transitar hacia el "Verde". La esperanza retorna gracias a la anunciada candidatura de María Corina, vista como una salida a la miseria. El anhelo actual de los ciudadanos dignos es la realización de nuevas elecciones que sean limpias, creíbles y transparentes, alejándose de lo que un presidente del CNE calificó desvergonzadamente como “tramparentes”, reafirmando la fe en una democracia posible.

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