El pasado domingo 24 de mayo de 2026, la Cripta de la Catedral Metropolitana de San Salvador se convirtió en el escenario de una celebración cargada de significado religioso y social. Durante la eucaristía de Pentecostés, presidida por Amílcar Flores, se conmemoró el vigésimo séptimo aniversario de la Comunidad de la Cripta, un colectivo dedicado a la preservación y promoción del pensamiento profético de Monseñor Óscar Arnulfo Romero.
La Comunidad de la Cripta se define como un grupo de personas que, desde hace 27 años, ha asumido el compromiso firme de mantener viva la memoria del pastor y mártir asesinado en 1980. Su labor principal consiste en hacer vida la palabra de Dios, utilizando como guía el legado dejado por Monseñor Romero, centrándose especialmente en la defensa de los derechos humanos y la justicia social.
Esta labor de preservación no es un evento aislado, sino una práctica constante y disciplinada. Cada domingo, la cripta de la Catedral Metropolitana abre sus puertas para recibir a la feligresía. El objetivo es celebrar la homilía, cuyo mensaje central se fundamenta estrictamente en la palabra y el pensamiento pastoral de Monseñor Romero, permitiendo que sus reflexiones sigan resonando en la sociedad actual.
La organización de estas celebraciones requiere un esfuerzo coordinado de los integrantes de la comunidad. Desde las ocho y nueve de la mañana de cada domingo, hombres y mujeres comienzan las labores de preparación necesarias para garantizar que la misa de las diez de la mañana se desarrolle de manera adecuada, asegurando que el espacio esté listo para recibir a los fieles.
El origen de este colectivo se remonta al domingo 23 de mayo de 1999. Fue precisamente durante la celebración de Pentecostés de aquel año cuando un grupo de personas inició este camino de preservación. Desde sus inicios, la misión ha sido clara: promover la palabra de Monseñor Óscar Arnulfo Romero en beneficio de los sectores más vulnerables y desposeídos de la sociedad, siguiendo la línea de servicio al prójimo que caracterizó al mártir.
En la reciente celebración de Pentecostés, la liturgia incluyó una procesión de ofrendas con una fuerte carga simbólica. Durante el acto, se recordó el pasaje bíblico en el que los apóstoles permanecían encerrados por temor, hasta que recibieron el Espíritu Santo, el cual los fortaleció y los llenó de sabiduría. Esta representación sirvió para simbolizar la fuerza y la sabiduría que Cristo concede a través del Espíritu Santo para anunciar su palabra sin temor.
La celebración también coincidió con la festividad de María Auxiliadora, celebrada el 24 de mayo. En este contexto, se integró una reflexión de Monseñor Romero sobre la presencia y el cariño de María, Madre de la Iglesia. Los organizadores detallaron que la figura de María Auxiliadora simboliza el auxilio de los cristianos y actúa como intercesora ante Dios Padre y su hijo Jesús.
Para marcar el aniversario, se presentó el número 27 entre lenguas de fuego, un símbolo que representa los años de compromiso perseverante de la comunidad para difundir el Evangelio liberador. Asimismo, se hizo una retrospectiva hacia 1979, año en que Monseñor Romero definió la beatificación como la gracia y el honor de merecer los altares y ser puesto como modelo de virtud. En honor a esto, se presentó una imagen del mártir en señal de agradecimiento a Dios y al papa Francisco por la beatificación realizada el 23 de mayo de 2015.
El compromiso social de la comunidad quedó reflejado en la presentación de una canasta de víveres durante la procesión. Este gesto simbolizó la responsabilidad de los hombres y mujeres concretos de transformar la historia en el Reino de Dios, enfocándose en la lucha por garantizar el derecho básico a la alimentación para las familias que aún carecen de él.
Finalmente, la ceremonia concluyó con la presentación del pan y el vino. Se recordó que, según las palabras de Monseñor Romero, los bautizados requieren la fuerza del Espíritu Santo para encarnar el espíritu de renovación de Cristo. Con la comunión, se buscó que los asistentes fueran renovados con la fuerza del Santo Espíritu para continuar la misión pastoral y social en su entorno.






