Federico Barón, un nombre familiar para varias generaciones de argentinos, transita un presente multifacético que lo encuentra brillando en la comedia teatral “Los 39 escalones”, explorando el mundo del trading y disfrutando de la paternidad. Desde sus inicios casi accidentales en la televisión, acompañando a su hermana Jimena a una entrevista, hasta su consolidación como actor versátil, Barón repasa su trayectoria en diálogo con LA NACION, revelando anécdotas, reflexiones y proyectos futuros.
Su carrera comenzó a los 9 años, en el programa “Agrandadytos”, tras ser descubierto por un productor mientras acompañaba a Jimena Barón a una nota. Poco después, se sumó al elenco de “Chiquititas”, la icónica tira infantil de Cris Morena, un programa del que era ferviente fanático. “Fue un sueño haber estado ahí porque yo era fanático del programa”, recuerda Barón con una sonrisa. “Empezó en el ‘95 y duró hasta el 2001 y yo me sumé en el ‘99, estuve hasta el final. Hice muchos Gran Rex… Iba con mi abuela al teatro y, de pronto, al año siguiente yo estaba sobre el escenario siendo un chufo más. Fue como estar en Disney. Hasta el día de hoy me escriben desde Israel, Brasil y de muchas partes del mundo. Hoy muchos chicos ven el programa por YouTube y me encanta porque el día de mañana voy a poder verlo con mi hija”.
A pesar de la fuerte asociación con la comedia, Barón enfatiza su gusto por la diversidad de géneros. “A mí me gusta hacer todo tipo de géneros. Es verdad que hice más comedia, pero arranqué haciendo Chiquititas y tenía bastante de drama (risas). Después siempre hice comedia, pero no me casé con ningún género. Hice también comedia musical, estuve en el Teatro San Martín cantando y bailando, hice una obra de Shakespeare en el CCK, interpreté a Daniel Scioli en la serie Coppola. Estuve en proyectos infantiles, hice stand up”. Actualmente, se encuentra protagonizando “Los 39 escalones”, una adaptación de la famosa película de Alfred Hitchcock. “Siempre tuve ganas de hacer esta obra que es un clásico. La había visto también hace muchos años y quería estar ahí. Es hermosa porque hago diez personajes y es muy vertiginosa, de muchos cambios de ropa. De mucha actividad”. La obra, dirigida por Fabián Gianola, lo encontró después de un reencuentro casual en Mar del Plata, donde Gianola le prometió tenerlo en cuenta para un futuro proyecto.
La versatilidad de Barón se extiende más allá de la actuación. Ha trabajado en diversas áreas, desde empleos ocasionales en oficinas y locales de ropa hasta doblaje para una serie animada que se emitirá en Flow, titulada “La llama que llama”. Incluso, en un momento de incertidumbre laboral en 2012, consideró abandonar la actuación, pero un papel en la obra “Bien de familia” reavivó su pasión. “Cuando era chiquito yo no pensaba laburar de esto, pero de alguna manera, la profesión siempre me busca”.
Su vínculo con sus hermanas, Jimena y Isabel Barón, también es un tema recurrente en la conversación. Las tres comparten la pasión por las artes escénicas, brindándose apoyo mutuo en sus respectivas carreras. “Me encanta que nos dediquemos todos a lo mismo. Aparte nos ayudamos. Yo, sobre todo, tengo muchos consejos de mi hermana Jimena, que la tiene muy clara. Especialmente con los contratos; siempre le consulto”.
Pero la vida de Barón ha dado un giro significativo con la llegada de su hija Matilda, de cuatro años. “Es hermosa. Me cambió la vida. La amo. Me divierto mucho. Es muy graciosa, me imita, me hace reír muchísimo. Cuando estoy con ella la disfruto un montón, vamos a la plaza, estamos en la pileta, jugamos. Pasa la mitad del tiempo conmigo y la mitad con la mamá. Nos arreglamos bien. Te cambia la cabeza, te hace mucho más paciente, mucho más generoso, menos egoísta porque pensás a partir de la otra persona. Yo ya no soy lo más importante del mundo… Hay otra persona que es más importante”.
Además de sus proyectos artísticos y su rol como padre, Barón ha incursionado en el mundo del trading, dedicando tiempo a estudiar y operar en los mercados financieros. “Estoy estudiando mucho cómo es este tema de comprar activos. Todo el año pasado estuve estudiando el tema y empecé hace dos o tres meses a operar. Me apasiona. Es un viaje de ida muy interesante. Y bueno, hay que estudiar mucho”.
La separación de la madre de Matilda fue un tema delicado que Barón aborda con cautela. “Bueno. Siempre fue bueno. Se dijeron cosas que no eran ciertas. Una pena… Siempre nos llevamos bárbaro y podemos compartir con nuestra hija”.
En cuanto a sus planes futuros, Barón se encuentra trabajando en un unipersonal, aunque aún se encuentra en las primeras etapas de desarrollo. Su trayectoria, marcada por la versatilidad, la pasión y la capacidad de reinventarse, continúa en constante evolución, demostrando que Federico Barón es mucho más que el niño de “Chiquititas” que conquistó el corazón de una generación. Su historia es un testimonio de perseverancia, amor por el arte y la búsqueda constante de nuevos desafíos.






