El Festival de Cine de San Sebastián ha sido el escenario de la presentación de '5 minutos más', la primera incursión de Berto Romero en la escritura de largometrajes. La cinta, dirigida por Javier Ruiz Caldera y encuadrada en la Sección Oficial del certamen, se define como una obra de género fantástico-costumbrista que utiliza un recurso narrativo disruptivo para diseccionar la complejidad de las relaciones humanas y los conflictos sociales contemporáneos.
La trama de la película se sostiene sobre una premisa de corte carcelario: el mundo queda atrapado en un bucle temporal de cinco minutos que se repiten cíclicamente. Este dispositivo narrativo sirve como espejo de la dinámica de la pareja protagonista, quienes se lanzan pullas recíprocas que actúan como bumeranes, quedando sometidos a un sistema temporal angustioso. Paradójicamente, es precisamente este encierro cronológico el que termina forzándolos a unirse, en un intento por sobrevivir a la asfixia de su propia situación.
Protagonizada por el propio Berto Romero, Belén Cuesta y Javier Cámara, la película no solo explora la mecánica del tiempo, sino que aborda temas profundos como el desgaste de las relaciones conyugales, la tensión que genera la invasión de los espacios rurales por parte de los urbanitas y la fragilidad de la moralidad humana ante contextos adversos.
Berto Romero ha sido tajante al describir la naturaleza de sus personajes, definiéndolos como personas que podrían ser cualquiera, incluyendo al propio espectador. Según el autor, la intención es mostrar cómo, en situaciones extremas, el ser humano reacciona de forma instintiva, sacando a relucir una "parte animal" que reside en todos. Romero plantea que la película es una invitación a la reflexión personal, cuestionando si el público reaccionaría de la misma manera si se viese inmerso en una circunstancia similar.
Esta exploración de la naturaleza humana es reforzada por el director Javier Ruiz Caldera. El cineasta destaca la evolución de los conflictos en la cinta: una pareja en crisis puede comenzar discutiendo sobre un tema cotidiano, como el castigo a un hijo por copiar en un examen, para terminar debatiendo sobre la legitimidad de herir o matar a otra persona en momentos de máxima tensión inmediata. Para Ruiz Caldera, estas contradicciones no definen a alguien como "bueno" o "malo", sino que son reflejo de la condición humana y de cómo las personas pueden sorprenderse a sí mismas cuando la situación las supera.
Por su parte, Belén Cuesta ha subrayado cómo el carácter frenético de la historia condiciona la psicología de los personajes. Según la actriz, la rapidez de los acontecimientos impide cualquier tipo de reflexión o pausa para analizar las consecuencias de las acciones. En este escenario, el tiempo se convierte en un elemento "puñetero", donde la inmediatez anula la capacidad de discernir entre lo correcto y lo incorrecto en medio de la locura del bucle.
La película también pone el foco en los prejuicios sociales. Romero utiliza la analogía de una fiesta donde las personas se muestran amables superficialmente, pero juzgan duramente al otro en cuanto se dan la vuelta. Este mismo fenómeno ocurre entre los tres protagonistas, quienes, al no entenderse inicialmente, se ven obligados a convivir en lo que el guionista denomina una "jaula de tiempo". Javier Cámara complementa esta visión explicando cómo pequeños perjuicios cotidianos, como conducir demasiado rápido por una carretera, pueden magnificarse en la cabeza de alguien cuando la situación empeora, transformando al otro en un enemigo.
Finalmente, la repetición es el eje vertebrador de la obra en múltiples niveles. No se trata solo del bucle temporal, sino de la repetición de conflictos, relaciones tóxicas y formas de vida cerradas, creando una suerte de "Alcatraz de la negatividad". Romero revela que incluso el personaje interpretado por Cámara representa esta idea, siendo alguien atrapado en su propia "rueda de hámster" vital.
'5 minutos más' se presenta así como una paradoja lúgubre: una pareja que busca escapar de su rutina termina atrapada en el ciclo más repetitivo posible. Con un final abierto, la cinta deja en manos del espectador la interpretación del significado de estos eventos y la respuesta a la pregunta fundamental: ¿qué haría cada uno de nosotros en una situación así?






