El aumento en los diagnósticos de Trastorno del Espectro Autista (TEA), incluyendo el Síndrome de Asperger, ha generado una creciente preocupación y debate en la comunidad médica y en la sociedad en general. Si bien el auge de la vida digitalizada se ha señalado como un posible factor contribuyente a los problemas de salud mental, la explicación no parece ser completa, especialmente en el caso del autismo. Argentina, con más de 100.000 personas con Certificado Único de Discapacidad por autismo, se enfrenta a la particularidad de mantener el diagnóstico de Asperger, un término que a nivel mundial ha sido subsumido dentro del espectro autista desde 2013.
Este miércoles, en el Día Nacional del Asperger, expertos aclaran las diferencias entre el Asperger y el autismo, analizan si el aumento de diagnósticos está ligado al estilo de vida moderno y evalúan si la prevalencia del autismo, estimada por la OMS en un caso por cada 100 a 120 personas, podría ser prevenible. La historia del término "Asperger" está marcada por la controversia, revelada en 2016 por la historiadora Edith Sheffer en su libro "Los niños de Asperger: origen del autismo en la Viena nazi". Sheffer expuso el oscuro pasado del psiquiatra Hans Asperger, quien colaboró con el régimen nazi y participó en la derivación de niños con características autistas a instituciones vinculadas a programas de eutanasia infantil.
"Según mostraron algunas investigaciones, Asperger trabajó en Viena durante el régimen nazi y desde su entorno hubo derivaciones de niños hacia instituciones vinculadas a un programa de eutanasia infantil", explica Ángel Elgier, investigador de la Facultad de Psicología de la UBA y del Conicet. A pesar de esta revelación, el término Asperger persiste en Argentina, debido a la utilización del CIE-10 (Clasificación Internacional de Enfermedades) de la OMS, una versión anterior a la CIE-11 que sí integra el Asperger dentro del espectro autista.
La romantización del Asperger, a menudo asociada a individuos con alto coeficiente intelectual como Greta Thunberg, Elon Musk, Bill Gates o el personaje de Sheldon Cooper de "The Big Bang Theory", ha generado controversias. Sin embargo, la realidad es más compleja. Elgier destaca que históricamente el Asperger se vinculaba con personas sin discapacidad intelectual y con desarrollo del lenguaje en el tiempo esperado, a diferencia de otros cuadros autistas. No obstante, tanto pacientes con Asperger como aquellos con otras manifestaciones del autismo comparten dificultades en la interacción social, intereses restringidos y conductas repetitivas, todos ellos componentes del espectro autista.
Rodolfo Geloso, miembro de la Liga Asperger 7, una asociación civil integrada por adultos con diagnóstico de Asperger, relata su experiencia personal. Diagnosticado a los 9 años, Geloso describe su dificultad para comprender los dobles sentidos y su tendencia a ser "literal" en la comunicación. "Ser justiciero, en el sentido de que haya que expresar todo lo que le parece mal y lograr que la justicia se lleve adelante, más allá de las autoridades", es otro rasgo común, según su experiencia. Geloso impulsa el cambio de la sigla TEA por CEA (Condición del Espectro Autista), enfatizando la idea de una condición y no un trastorno.
Elgier aclara que no existe evidencia de que las vacunas causen autismo, desmintiendo un estudio fraudulento de 1998 que generó alarma innecesaria. Tampoco se ha comprobado que el autismo sea causado por el tipo de crianza, sino que se trata de una condición del neurodesarrollo con una base biológica importante, influenciada por factores genéticos y biológicos prenatales o perinatales.
En cuanto a la posibilidad de prevenir el autismo, Elgier señala que la condición puede manifestarse con una regresión en el lenguaje o la interacción social alrededor de los 18 a 24 meses, pero esto no significa que aparezca de golpe. La condición ya está presente a nivel neurobiológico, aunque se vuelve más visible con el aumento de las demandas sociales.
Finalmente, Elgier enfatiza que el aumento en los diagnósticos no necesariamente implica un aumento en la prevalencia biológica del autismo, sino una mayor conciencia y conocimiento sobre las señales tempranas, lo que permite una detección más temprana y frecuente. Lo fundamental, según el especialista, es adoptar un enfoque basado en derechos, neurodiversidad, integración e inclusión, ofreciendo apoyos adecuados a las familias y trabajando en la inclusión de las personas con autismo en la sociedad. La clave no está en la clasificación o el rótulo, sino en el respeto a la diversidad y en la garantía de los derechos de todas las personas.






