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Vitamina D: el "cemento" esencial para los huesos y la inmunidad que el estilo de vida moderno pone en riesgo

Las mujeres deben prestar especial atención a partir de esa edad, cuando las necesidades del organismo comienzan a cambiar. Cuáles son sus fuentes naturales y cómo obtenerla de forma segura a través de la exposición al sol

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Vitamina D: el "cemento" esencial para los huesos y la inmunidad que el estilo de vida moderno pone en riesgo

En el marco del Día Mundial de la Vitamina D, un grupo de especialistas ha emitido una serie de advertencias sobre la prevalencia de la deficiencia de este nutriente y la necesidad de promover medidas concretas para mantener concentraciones adecuadas en el organismo. La importancia de esta sustancia trasciende la salud ósea, impactando directamente en el funcionamiento cerebral, muscular y en la eficacia del sistema inmunitario.

Según expertos del National Institute Health de Estados Unidos (NIH), la vitamina D es fundamental para que el sistema inmunitario pueda combatir virus y bacterias. Asimismo, desempeña un papel crucial en la transmisión de mensajes entre el cerebro y el resto del cuerpo a través de los nervios, y es indispensable para el movimiento muscular. Sin embargo, su vínculo más estudiado sigue siendo la salud ósea, ya que es el elemento que permite la correcta absorción e incorporación del calcio en los huesos.

Al respecto, el doctor Álvaro Ruiz Zambrana, especialista en Ginecología y Obstetricia de la Clínica Universidad de Navarra, utiliza una analogía clara para explicar este proceso: “el calcio son los ladrillos del hueso y la vitamina D es el cemento: si falta uno de los dos, el hueso no se forma correctamente”. Esta relación se vuelve crítica durante la menopausia, periodo en el que la disminución de estrógenos acelera la pérdida de masa ósea, elevando el riesgo de sufrir osteoporosis y fracturas. Del mismo modo, el nutriente es clave durante el embarazo y la lactancia.

Desde una perspectiva dermatológica, la doctora Leisa Molinari, fundadora del Centro Médico de la Piel, explica que la vitamina D posee actividad hormonal. El cuerpo la transforma en una sustancia activa que influye en el funcionamiento de las células inmunitarias y en la expresión de genes. Al ser liposoluble, se disuelve en grasas y se almacena en el tejido adiposo y el hígado. Para obtenerla, el organismo cuenta con tres vías: la producción cutánea mediante la radiación ultravioleta B (UVB), la ingesta de ciertos alimentos y el uso de suplementos.

A pesar de que el 80% de la vitamina D es sintetizada por el cuerpo a través de la luz solar, los especialistas del área de Nutrición del Hospital Universitario Austral advierten que el estilo de vida actual conspira contra este mecanismo. El predominio del trabajo en interiores y la poca exposición al aire libre han incrementado los niveles de deficiencia. Además, existen factores biológicos que reducen la capacidad de síntesis, como el envejecimiento, la pigmentación oscura de la piel, el consumo de corticoides o anticonvulsivantes, y enfermedades crónicas renales, hepáticas o gastrointestinales.

La carencia de este nutriente suele ser silenciosa, aunque en algunos casos se manifiesta a través de dolores óseos, debilidad muscular, infecciones frecuentes o una mayor propensión a las fracturas. En la población infantil, la deficiencia puede derivar en raquitismo y deformidades esqueléticas, mientras que en adultos mayores se asocia a la osteomalacia y la osteoporosis. Debido a esto, la Clínica Universidad de Navarra recomienda la medición de los niveles de vitamina D en grupos de riesgo, como obesos, personas con poca exposición solar, embarazadas sin suplementación y pacientes con enfermedades intestinales. En personas sanas, no se considera necesaria una medición rutinaria.

En cuanto a la alimentación, las fuentes naturales son limitadas. Entre los alimentos más destacados se encuentran el salmón y la caballa; una porción de 85 gramos de salmón rojo aporta aproximadamente el 70% del valor diario recomendado. Otros pescados como la trucha, la sardina y el atún también son fuentes válidas. El lenguado, por su parte, cubre cerca del 15% del valor diario por cada 85 gramos y aporta selenio.

Otras opciones incluyen el tofu fortificado (12% del valor diario por 100 g), las leches fortificadas (15% por taza) y el huevo (6% por unidad). Un caso particular son los hongos, únicos vegetales capaces de producir vitamina D natural tras exponerse a radiación UV. Mientras que los champiñones cultivados en oscuridad tienen niveles bajos, aquellos tratados con luz UV pueden aportar hasta el 139% del valor diario recomendado. También se menciona el jugo de naranja fortificado como una alternativa, siempre que el etiquetado lo indique.

Sobre el uso de protectores solares, la doctora Molinari aclara que, aunque reducen la radiación UVB, su uso habitual no impide la producción de vitamina D. Si bien factores de protección muy altos podrían disminuir moderadamente los niveles en sangre, esto no justifica la exposición solar sin protección. Para corregir un déficit, la suplementación puede ser más eficaz que el sol. Un estudio en Corea del Sur reveló que el 54,2% de los adultos jóvenes con déficit alcanzaron niveles adecuados con suplementos orales, frente a solo el 12,2% de quienes solo recibieron indicación de exposición solar.

Finalmente, los expertos advierten contra la automedicación. El exceso de vitamina D puede provocar un aumento peligroso del calcio en sangre y causar daño renal. La suplementación, ya sea en forma de D2 (ergocalciferol) o D3 (colecalciferol), debe ser indicada por un profesional y, dado que es liposoluble, se recomienda tomarla junto con alimentos que contengan grasas para mejorar su absorción.

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