La trayectoria de Mario Feldman es un testimonio de perseverancia y evolución, tanto personal como científica. Su camino comenzó en 1988, cuando ingresó a la Universidad Nacional de Rosario en una disciplina que, en aquel entonces, era prácticamente desconocida en Argentina. La carrera de Biotecnología daba sus primeros pasos y Feldman formaba parte de un grupo inicial de 35 estudiantes. Sin embargo, con el paso de los años, el grupo se fue reduciendo drásticamente: primero quedaron diez, luego tres, hasta que finalmente quedó él solo. De este modo, Feldman se convirtió en el primer egresado de la licenciatura en dicha universidad.
Aquel proceso formativo estuvo marcado por particularidades propias de una carrera naciente. Durante los últimos años de estudio, la cercanía entre los alumnos y los profesores era tal que llegaban a compartir actividades recreativas, como partidos de pádel. Una anécdota que Feldman recuerda con humor ocurrió al momento de recibir su diploma: la medalla que le entregaron contenía una inscripción equivocada. Debido a una confusión, los organizadores pensaron que el término "biotecnólogo" era un error y lo reemplazaron por "bromatólogo".
Tras obtener su doctorado en Argentina, Feldman expandió sus horizontes académicos y profesionales en Europa y Canadá, antes de establecerse definitivamente en los Estados Unidos. En la actualidad, se desempeña como profesor de Microbiología Molecular en la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington en St. Louis. Desde allí, dirige investigaciones enfocadas en los mecanismos que las bacterias emplean para provocar enfermedades y resistir los tratamientos médicos. Además, ha trasladado su conocimiento al sector emprendedor como cofundador de Omniose, una empresa biotecnológica dedicada al desarrollo de vacunas contra infecciones bacterianas.
Recientemente, Feldman regresó a Argentina para participar en el Crossing Over LATAM BioExpo, un encuentro que reunió a más de 3000 personas, entre científicos, inversores y emprendedores del sector. Su presencia generó un impacto notable entre las nuevas generaciones de investigadores; decenas de estudiantes se acercaron a conocerlo, algunos de los cuales habían viajado desde Río Negro y vendido rifas para costear su asistencia al evento. Ante el entusiasmo, el científico bromeó comparando el momento con la fama de Robbie Williams.
Sin embargo, más allá de las anécdotas, el trabajo de Feldman aborda una problemática crítica: la resistencia bacteriana a los antibióticos. El científico define este fenómeno como una "pandemia silenciosa", advirtiendo que es un problema creciente que no recibe la atención necesaria. A diferencia de lo ocurrido con el coronavirus, no se trata de un único microorganismo que se propaga rápidamente, sino de diversos patógenos que acumulan resistencia gradualmente. Esta evolución hace que las bacterias se vuelvan insensibles a los medicamentos disponibles, limitando severamente las opciones terapéuticas para infecciones que antes eran controlables.
Feldman explica que las bacterias poseen una capacidad de adaptación extraordinaria. No solo evolucionan mediante mutaciones, sino que intercambian material genético a través de plásmidos, lo que permite que la resistencia se extienda rápidamente entre diferentes bacterias. En su laboratorio, se centran especialmente en la bacteria Acinetobacter baumannii, un patógeno asociado a infecciones hospitalarias graves y altamente resistente a múltiples antibióticos, lo que representa un riesgo mayor para los pacientes más vulnerables.
Uno de los puntos más críticos señalados por el investigador es la dificultad económica para desarrollar nuevos fármacos. Crear un antibiótico requiere años de investigación y fuertes inversiones, pero, una vez desarrollado, la recomendación sanitaria es utilizarlo lo menos posible para evitar que las bacterias generen una nueva resistencia rápidamente. Este modelo comercial desalienta la inversión privada, ya que las empresas invierten sumas considerables en un producto que debe reservarse para casos extremos. Por ello, Feldman sostiene que es fundamental la intervención de los Estados mediante mecanismos de financiamiento e incentivos diferentes.
Como alternativa a los antibióticos tradicionales, Feldman investiga el ataque a los factores de virulencia. En lugar de intentar matar a la bacteria, esta estrategia busca bloquear los mecanismos que el microorganismo utiliza para causar daño, como su capacidad de adherirse a las células del huésped. Al no buscar la eliminación directa, se podría reducir la presión evolutiva que favorece la aparición de resistencias.
Paralelamente, a través de Omniose, Feldman ha desarrollado una plataforma innovadora para la producción de vacunas. Utilizando la propia maquinaria biológica de las bacterias para unir polisacáridos a proteínas —un proceso que tradicionalmente requiere métodos químicos complejos—, la empresa busca facilitar la creación de vacunas contra diversos patógenos, manteniendo una colaboración con AstraZeneca.
Finalmente, al analizar la situación de la biotecnología en Argentina, Feldman destacó la calidad extraordinaria de los recursos humanos y la capacidad creativa de los investigadores locales. No obstante, subrayó que el talento no es suficiente sin continuidad y financiamiento sostenido. Citó como ejemplo el apoyo recibido por Omniose en Estados Unidos, donde obtuvo cerca de 15 millones de dólares en subsidios públicos, un respaldo esencial para que los descubrimientos universitarios se transformen en aplicaciones médicas concretas.






