El virus Shamonda (SHAV), un patógeno que durante décadas se consideró de muy bajo riesgo para los seres humanos, ha generado una nueva alerta sanitaria tras su llegada a Europa este verano. Aunque desde su primera detección en Nigeria a mediados de los años sesenta solo se habían registrado casos esporádicos en ganado de África y Japón, la situación ha cambiado drásticamente con la reciente confirmación del primer fallecimiento humano vinculado a este virus en territorio francés.
El caso ocurrió a principios de octubre en la ciudad de Lyon. El paciente, quien presentaba una inmunodepresión severa previa, falleció tras desarrollar complicaciones neurológicas graves. Este suceso marca la primera vez que se registra formalmente que el virus ha logrado dar el salto a los seres humanos. Ante este hecho, las autoridades sanitarias de Francia y la Organización Mundial de la Salud (OMS) han activado los protocolos de control y se encuentran investigando las causas exactas de la transmisión. No obstante, ambos organismos han pedido calma a la población general, subrayando que el fallecido era un paciente especialmente susceptible a las infecciones y a sus complicaciones debido a su estado de salud previo.
Desde el punto de vista científico, el virus Shamonda pertenece a la familia Peribunyaviridae, se ubica dentro del género Orthobunyavirus y está clasificado en el serogrupo Simbu. La transmisión del virus se produce de forma vectorial a través de la picadura de dípteros hematófagos, específicamente jejenes del género Culicoides. A pesar de que popularmente se les identifica como "mosquitos", estos insectos pertenecen taxonómicamente a la familia de los ceratopogónidos y miden apenas entre 1 y 3 milímetros, una característica que dificulta considerablemente su identificación visual.
Es importante destacar que los Culicoides son los mismos vectores responsables de propagar otras afecciones ganaderas ya conocidas en la península, tales como la lengua azul, la Peste Equina Africana y la Enfermedad Hemorrágica Epizoótica (EHE). Estos insectos atraviesan un ciclo de vida compuesto por cuatro etapas: huevo, larva, pupa y adulto. Las larvas proliferan especialmente en zonas húmedas, aguas estancadas o materia orgánica como hojas en descomposición. Las hembras adultas se alimentan de sangre de diversos animales, incluyendo mamíferos, aves, anfibios y reptiles, lo que los convierte en vectores altamente eficientes para la propagación de enfermedades.
La expansión del virus en el continente se ha acelerado durante el verano de 2026 con la identificación de una variante denominada Shamonda-Europe, la cual presenta dos subtipos distintos. Hasta la fecha, se han notificado casos en Austria, Alemania, Bélgica, Eslovenia, España, Francia, Irlanda, Italia, Liechtenstein, Países Bajos, Portugal, Suiza y en Jersey, Reino Unido. Aunque el Culicoide es el principal sospechoso, las investigaciones continúan abiertas para determinar si existen otras especies que puedan actuar como vectores.
En el caso específico de España, el Laboratorio Central de Veterinaria (LCV) de Algete, que actúa como Laboratorio Nacional de Referencia, ha confirmado la presencia del virus en nueve provincias. El subtipo 1 ha sido detectado en explotaciones bovinas de Córdoba, Sevilla, Cádiz, Toledo, Ávila, Madrid y Girona. Por su parte, el subtipo 2 se ha identificado en Cantabria y Guipúzcoa. El Ministerio de Agricultura confirmó la entrada oficial del virus tras detectar siete explotaciones de vacuno afectadas en las provincias de Toledo y Córdoba, correspondientes al subtipo 1.
A pesar de que se descartan riesgos para la población general, el virus preocupa a las autoridades europeas por su alta morbilidad en animales y su capacidad de contagio. El impacto es principalmente económico para las explotaciones ganaderas, ya que los animales afectados presentan fiebre, diarrea y una reducción en la producción de leche. Además, la infección intrauterina es especialmente grave, pudiendo provocar malformaciones severas, artrogriposis y lesiones profundas en el sistema nervioso central de las crías.
En cuanto a las medidas legales, el virus Shamonda no figura actualmente como una enfermedad listada en la Unión Europea, lo que significa que no se están aplicando sacrificios forzosos de animales. Las acciones se centran en la bioseguridad, la vigilancia epidemiológica y la contención entomológica, siguiendo la Ley 8/2003 de Sanidad Animal y el Reglamento (UE) 2016/429. Dado que no existe una vacuna disponible para el ganado, el Ministerio de Agricultura y las consejerías autonómicas recomiendan el uso de repelentes e insecticidas, la colocación de mallas en los establos y la eliminación de zonas de lodo o materia orgánica estancada.
Finalmente, el Ministerio ha insistido en que no existe riesgo alguno para el consumidor final. La enfermedad no se transmite a través de la cadena alimentaria ni por ingesta de productos. Los procesos térmicos estándar, como el cocinado y la pasteurización, garantizan la seguridad total de la carne y los derivados lácteos. Los expertos mantienen la esperanza de que el descenso de las temperaturas en las próximas semanas reduzca la población de Culicoides, frenando así la cadena de transmisión en el sector agropecuario.






