Una comisión independiente de investigación de las Naciones Unidas ha determinado que Rusia ha cometido crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad al lanzar ataques intencionales contra la infraestructura civil en Ucrania. El informe, presentado este lunes, destaca que el objetivo principal de estas acciones han sido los sistemas energéticos vitales, una estrategia diseñada para privar a la población de suministros básicos.
Desde los primeros meses de la invasión en 2022, las fuerzas rusas han mantenido una ofensiva contra la red eléctrica ucraniana, intensificando significativamente sus bombardeos al inicio del invierno del año pasado. Según la Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre Ucrania, estos ataques no fueron incidentales, sino que respondieron a una "política estatal" destinada a causar sufrimiento a la población civil y dejar a millones de personas sin electricidad ni calefacción en medio de temperaturas gélidas.
El documento, que será remitido a la Asamblea General de la ONU, es tajante al señalar la responsabilidad de la cadena de mando rusa. Según el informe, los comandantes que ordenaron las operaciones eran plenamente conscientes de que las instalaciones de calefacción atacadas eran indispensables para la supervivencia de los civiles durante el invierno. En este sentido, la comisión identifica al presidente de Rusia, Vladimir Putin, como responsable, señalando que realizó diversas declaraciones relativas a instrucciones para ejecutar ataques contra la infraestructura energética.
Asimismo, las pruebas recopiladas durante los últimos años indican que la planificación y supervisión de estas acciones recayeron sobre el exministro de Defensa, Sergei Shoigu, su sucesor, Andrey Belousov, y el jefe del Estado Mayor, Valery Gerasimov. Cabe recordar que la Corte Penal Internacional ya ha emitido órdenes de arresto contra Putin, Shoigu y Gerasimov por presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad.
El impacto humanitario de estas acciones ha sido devastador. En las zonas más afectadas, la capacidad de generación de energía térmica de Ucrania se redujo en un 70% debido a los ataques masivos con drones y misiles. Esta situación se agravó por un invierno inusualmente crudo, con temperaturas que descendieron hasta los -30 °C. Autoridades médicas ucranianas documentaron muertes causadas por el frío extremo, tanto en hogares como en hospitales. Personal sanitario reportó haber atendido a pacientes con diversos grados de congelación e hipotermia debido a la exposición prolongada en espacios sin calefacción.
El testimonio de una mujer residente de Dnipro, la cuarta ciudad más grande del país, ilustra el horror vivido: “El frío te paraliza; simplemente no hay forma de entrar en calor y pensamientos aterradores invaden tu mente”, afirmó en el informe. Por su parte, el ministro de Relaciones Exteriores de Ucrania, Andrii Sybiha, calificó los ataques como el uso del frío y la oscuridad como "instrumentos de guerra".
A medida que se aproxima un nuevo invierno, el temor persiste. El informe menciona una declaración del Ministerio de Defensa ruso de agosto pasado, en la cual aseguraba que "en invierno se congelarán". Mientras tanto, el presidente Volodymyr Zelensky ha solicitado urgentemente más municiones de defensa aérea a sus aliados occidentales, alertando sobre la dificultad de defenderse ante la escasez de misiles.
En otro apartado, la comisión investigó el reclutamiento de ciudadanos extranjeros por parte de Rusia, concluyendo que estas prácticas constituyen violaciones de los derechos humanos y trata de personas. Se hallaron pruebas de que Rusia, mediante agentes coordinados globalmente, traficó con personas de 29 países utilizando el engaño, el soborno y el chantaje. Muchos reclutas de África, India y América Latina fueron atraídos con promesas de empleo, solo para terminar en el frente de batalla, donde sus pasaportes y teléfonos eran confiscados y los pagos prometidos eran desviados por comandantes y agentes.
El informe contrasta esta situación con el reclutamiento de extranjeros en Ucrania, señalando que los testimonios recopilados indican que quienes se unieron a las fuerzas armadas ucranianas lo hicieron de manera consciente, voluntaria y bajo contratos claros con salarios establecidos.






