El regreso de la líder opositora María Corina Machado a Venezuela ha generado un giro inesperado en el panorama político del país, alterando la relativa estabilidad de lo que se ha denominado el “nuevo momento político”. Su aparición, concretada en la iglesia Santa Rosa de Barquisimeto, en el centro occidente del país, representa un desafío directo al plan de transición diseñado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos y coloca una presión adicional sobre la presidenta encargada, Delcy Rodríguez.
Este retorno ocurre en un contexto complejo, posterior a la operación militar del pasado 3 de enero. Desde entonces, el ala del chavismo que cuenta con el respaldo de Washington ha logrado sobrevivir a las réplicas del derrocamiento de Nicolás Maduro mediante una serie de concesiones. Para mantenerse en el poder, el gobierno reformó diversas leyes, permitió el regreso de algunos exiliados, liberó a decenas de presos políticos y otorgó acceso privilegiado a las reservas petroleras venezolanas a una compañía asociada con el Pentágono.
La presencia de Machado en territorio venezolano rompe la tranquilidad de este esquema. Mientras Washington buscaba diseñar un marco institucional que evitara sobresaltos dentro del chavismo, la líder opositora sentía la urgencia de instalarse en el país para recuperar una iniciativa política que comenzaba a difuminarse tras más de dos años transitando entre la clandestinidad y el exilio.
La relación entre Machado y la administración de Donald Trump se describe actualmente como resentida, aunque no interrumpida. Fuentes cercanas a la dirigente han subrayado que son conscientes de que Estados Unidos sigue siendo su principal aliado estratégico. Sin embargo, la contraposición de intereses quedó evidente luego de los eventos del 24 de junio, fecha posterior a la cual Machado intensificó sus esfuerzos por volver, a pesar de que Washington lo había desaconsejado por razones de seguridad.
Según denunció Pedro Urruchurtu, director de relaciones internacionales de Vente Venezuela, el régimen bloqueó repetidamente los intentos de Machado por ingresar al país desde Panamá, donde residió las últimas semanas. Finalmente, la dirigente logró su retorno cuatro meses después de la tragedia del doble terremoto, actuando con autonomía y sin contar con la venia expresa de Washington. De acuerdo con su entorno, se prefirió actuar de manera independiente para evitar molestias, suponiendo que el gobierno estadounidense se enteraría de la situación debido a sus capacidades de inteligencia.
La reacción en Estados Unidos sugiere que el regreso tomó por sorpresa a las altas autoridades. El presidente Donald Trump afirmó a CNN que no estaba al tanto de la vuelta de Machado, aunque expresó su deseo de que se encuentre bien. Por su parte, el Departamento de Estado remitió las consultas a las declaraciones previas del secretario de Estado, Marco Rubio. Rubio había señalado anteriormente que Machado, como ciudadana venezolana, tiene todo el derecho de entrar a su país cuando lo desee.
No obstante, Rubio también publicó en la red social X que las condiciones que permitieron este regreso seguro son el resultado directo de las conversaciones de reconciliación apoyadas por Estados Unidos. El secretario de Estado enfatizó que dichas gestiones ya han logrado el retorno de cientos de figuras opositoras y la liberación de presos políticos, instando a que se respeten las libertades de todos los sectores políticos.
Con este posicionamiento, Washington parece intentar delimitar los márgenes de la transición. Si bien no se opone al retorno de Machado, el gobierno estadounidense espera que la presión política que ella ejerza no ponga en riesgo las negociaciones actuales entre la delegación del gobierno de Delcy Rodríguez y un sector de la oposición. Estas conversaciones aspiran a culminar en la celebración de elecciones presidenciales, una posibilidad ya reconocida por la propia presidenta encargada.
El equipo de María Corina Machado reconoce que la líder vuelve a un país transformado. La economía local sigue gravemente lastrada, habiendo perdido tres cuartas partes de su Producto Interno Bruto (PIB), y la sociedad intenta recuperarse de los efectos del doble terremoto. Además, Machado ha estado más de dos años sin contacto directo con sus bases, por lo que su entorno indica que deberá "tomar el pulso a las calles" cuidadosamente para definir sus próximos pasos.
Mientras tanto, Vente Venezuela ha trabajado en preparar el terreno. Varios cuadros principales, incluyendo dirigentes que permanecieron confinados en la embajada de Argentina en Caracas durante más de un año, han regresado para organizar concentraciones y eventos con la militancia, que comienza a reactivarse tras la represión sucedida después de los resultados electorales del 28 de julio de 2024.
A través de un comunicado, el equipo de relaciones internacionales de Machado afirmó que su objetivo es ayudar a construir un acuerdo nacional amplio y plural. Este acuerdo buscaría trascender las diferencias políticas para sentar las bases de un futuro basado en la democracia, los derechos humanos y la prosperidad. Aunque no forma parte de la negociación impulsada por Estados Unidos, Machado ha manifestado que no obstaculizará dichos esfuerzos, evaluándolos estrictamente por sus resultados.





