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Tensión entre la Casa Blanca y María Corina Machado por el rumbo de la transición venezolana

La Casa Blanca sabe que puede provocar una nueva frustración para los venezolanos. También sabe que el voto latino castiga el cinismo y la improvisación. The post La Casa Blanca en apuros, por Douglas Zabala appeared first on TalCual.

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Tensión entre la Casa Blanca y María Corina Machado por el rumbo de la transición venezolana

La relación entre la administración de los Estados Unidos y los sectores principales de la oposición venezolana atraviesa un momento de tensión crítica, marcado por una disparidad profunda en las prioridades y los tiempos de ejecución. Se evidencia que la Casa Blanca es consciente del riesgo de generar una nueva ola de frustración entre los ciudadanos venezolanos, especialmente en un contexto donde el voto latino en Estados Unidos tiende a penalizar la improvisación y lo que se percibe como cinismo político.

Actualmente, el escenario político en Washington está fuertemente condicionado por la proximidad de las elecciones de medio término en noviembre. Esta urgencia electoral parece haber chocado con las promesas realizadas durante el anuncio de la transición política en Venezuela. La falta de avances tangibles en los compromisos asumidos coloca en una posición comprometida no solo al senador Marco Rubio, sino al propio Donald Trump, quienes enfrentan la presión de entregar resultados antes de los comicios.

Esta situación ha creado una dinámica donde coexisten dos relojes que no marcan la misma hora. Por un lado, el reloj de los venezolanos, que mide el tiempo a través de la persistencia de crisis eléctricas, salarios miserables y la permanencia de presos políticos. Por otro lado, el reloj de Washington, donde la prioridad es el calendario electoral de noviembre y el peso del voto latino, elementos que parecen tener tanta relevancia como las declaraciones oficiales sobre la defensa de la democracia.

En medio de este panorama, María Corina Machado ha mantenido una postura firme. Aunque la líder opositora ha expresado repetidamente que comprende la lógica institucional y el plan de tres fases diseñado por Washington, ha dejado claro que no renunciará a los principios esenciales de la lucha democrática. A pesar de las fricciones existentes y de haber sido excluida de las rondas de diálogo llevadas a cabo en Caracas, Machado ha manifestado que no torpedeará el proceso, pero insiste en que la prioridad absoluta debe ser la apertura de un compromiso democrático real y efectivo.

Un punto de fricción significativo es la distancia creciente entre Machado y la forma en que Marco Rubio conduce el tutelaje de las negociaciones con figuras como Delcy Rodríguez y Dinorah Figuera. Esta distancia no es vista como un capricho, sino como una sospecha compartida por el ciudadano venezolano de a pie: el temor de que el pragmatismo, cuando se presenta disfrazado de realismo, termine creando un abismo insalvable entre los dirigentes políticos y la ciudadanía.

Desde el otro lado, Dinorah Figuera ha respondido afirmando que «el que quiera participar está invitado». Si bien el mensaje posee un tono conciliador, no logra ocultar las diferencias profundas en la estrategia. Existe la preocupación de que, si la unidad de la oposición se fractura o si la mesa de negociación continúa excluyendo a figuras centrales, el proceso entero pierda su credibilidad ante la población.

El análisis de la situación sugiere que no es suficiente con emitir invitaciones; es imperativo asegurar que dichas invitaciones no sean una herramienta elegante para marginar a quienes resultan incómodos en el tablero político. En este sentido, se plantea que la presencia de María Corina Machado en las negociaciones es fundamental, sugiriendo que Perkins Rocha podría desempeñarse como un vocero excelente para este fin.

Recientemente, Machado envió un mensaje a la Plataforma Unitaria en el que señaló que «solo la verdad nos llevará a la libertad y a la confianza entre ciudadanos». Asimismo, advirtió que resulta éticamente inaceptable perder tiempo cuando el clamor popular no puede esperar más.

En cualquier negociación con el oficialismo, estos principios de verdad y urgencia deberían constituir el piso mínimo y no ser tratados como adornos retóricos. Existe el riesgo de que, si estos valores se sacrifican con el fin de acelerar un acuerdo, el resultado final sea un pacto incompleto o deficiente. Mientras Washington defiende sus propios intereses, se advierte que no debe confundir la lentitud en los procesos con la búsqueda de una solución real.

En conclusión, la salida a la crisis venezolana no puede ser un traje diseñado a la medida únicamente para beneficiar la imagen de Donald Trump en noviembre. Debe ser una ruta con garantías reales que permita el cambio necesario para Venezuela. Una negociación que ignore a Machado, fracture la oposición o utilice la democracia como moneda de cambio podría generar titulares favorables hoy, pero provocaría graves problemas en noviembre, un riesgo que Marco Rubio y la Casa Blanca deben considerar para evitar terminar administrando la democracia venezolana a su antojo.

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