La Corte Suprema de Justicia se prepara para llevar a cabo este lunes la elección de su presidente número 58, un proceso que se enmarca en los 200 años de trayectoria de esta institución. Esta votación posee una relevancia particular, ya que los magistrados podrían marcar un hito histórico al designar a la segunda mujer al frente del Poder Judicial en toda su historia.
Hasta el momento, la única mujer que ha logrado ocupar este alto cargo fue la magistrada de la Sala Segunda, Zarela Villanueva Monge, quien ejerció la Presidencia durante el periodo comprendido entre 2013 y 2017. La posibilidad de que una mujer asuma nuevamente el liderazgo del Judicial se ve respaldada por las candidaturas actuales, donde tres de los cuatro postulantes son magistradas.
Los nombres que se disputan la Presidencia de la Corte Suprema de Justicia son Patricia Vargas y Patricia Solano, ambas pertenecientes a la Sala Tercera, y Damaris Vargas, quien integra la Sala Primera. El único candidato hombre en la contienda es Gerardo Rubén Alfaro, también integrante de la Sala Tercera.
Un resultado favorable para cualquiera de las candidatas magistradas generaría una situación institucional inédita en el país. Por primera vez, los tres poderes de la República estarían encabezados por mujeres: Laura Fernández en el Poder Ejecutivo, Yara Jiménez en el Poder Legislativo y la nueva jerarca en el Poder Judicial. A este escenario se sumaría la presencia de Eugenia Zamora como presidenta del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), el cual es un órgano independiente con rango de poder según lo estipulado en la Constitución.
Para contextualizar la magnitud de este nombramiento, el medio La Nación, con la colaboración del historiador político Vladimir de la Cruz y datos del Poder Judicial, recopiló la lista de los 57 presidentes que han precedido a la actual elección. La cronología formal de la Corte como poder de la República inició el 1° de marzo de 1826, fecha en la que asumió el cargo José Simeón Guerrero de Arcos y Cervantes.
A lo largo de estos dos siglos, la Presidencia de la Corte ha sido ocupada por un total de 47 personas diferentes. El análisis de los datos revela que siete de ellas ejercieron el cargo durante más de un periodo. Entre estas figuras destaca Fernando Baudrit Solera, quien registró el periodo más extenso al frente de la institución, ocupando la Presidencia durante 20 años, entre 1955 y 1975.
Otros magistrados con mandatos prolongados fueron Nicolás Oreamuno Ortiz, quien presidió la Corte durante 14 años entre 1920 y 1934, y Luis Paulino Mora Mora, quien también lideró la institución por 14 años, desde 1999 hasta 2013. Es importante señalar que Mora Mora falleció mientras se encontraba en el cargo, momento en el cual fue sustituido por la magistrada Zarela Villanueva.
La historia del Poder Judicial también refleja periodos de inestabilidad y cambios profundos. Tras el golpe de Estado liderado por José Figueres Ferrer en 1948 y el posterior triunfo en la guerra civil, la Junta Fundadora de la Segunda República tomó la decisión de destituir a la totalidad de los magistrados que integraban la Corte en aquel entonces.
En ese contexto de transición, se nombró a José María Vargas Pacheco, quien tuvo una de las presidencias más breves de la historia, ejerciendo el cargo únicamente entre el 8 y el 11 de mayo de 1948. Posteriormente, fue sucedido por Gerardo Guzmán Quirós, quien presidió la Corte entre 1948 y 1949.
A pesar de las circunstancias de su nombramiento, el historiador Vladimir de la Cruz explica que estos magistrados son considerados presidentes legítimos del Poder Judicial. Esto se debe a que la Asamblea Nacional Constituyente de 1949 otorgó validez legal y constitucional a todos los decretos-leyes de la Junta, aplicando este aval con efecto retroactivo.
Tras la instauración de la Segunda República, los periodos de presidencia tendieron a estabilizarse y se redujo la rotación de personas en el cargo, consolidando la estructura organizativa que persiste hasta la actualidad. Con la votación de este lunes, la Corte Suprema de Justicia define no solo su liderazgo inmediato, sino la posibilidad de consolidar una representación femenina sin precedentes en la cima de los poderes del Estado.






