La economía de México ha registrado una aceleración en su ritmo de avance durante los últimos meses, proyectando un crecimiento anual del 3.2 por ciento en agosto y del 3.7 por ciento en septiembre. De consolidarse estas cifras, se trataría del mayor avance registrado por el país en un periodo de tres años.
De acuerdo con el análisis de diversos especialistas, este dinamismo ha superado las previsiones iniciales. Los principales motores de este impulso han sido el desempeño favorable de las actividades manufactureras y el incremento en la inversión, factores que podrían derivar en un crecimiento más robusto para el cierre del año en curso.
Los datos provienen del Indicador Oportuno de la Actividad Económica (IOAE) emitido por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Según estas cifras, la economía mexicana perfila una expansión anual del 3.4 por ciento para el tercer trimestre, posicionándose como la tasa más elevada desde el tercer trimestre de 2023. En términos de comparación mensual, se estima que la actividad económica avanzó un 0.5 por ciento en agosto y un 0.1 por ciento en septiembre.
Enrique Covarrubias, economista en jefe de Actinver, señaló que este desempeño encuentra su soporte en el mayor dinamismo de la actividad industrial. Específicamente, destacó que las manufacturas y la construcción han ganado una relevancia fundamental como pilares del crecimiento económico actual.
Por su parte, James Salazar, subdirector de análisis económico en Kapital Grupo Financiero, explicó que los datos confirman un punto de inflexión que comenzó a observarse desde el mes de julio. Según Salazar, se ha manifestado un avance generalizado tanto en el sector industrial como en el de servicios, respaldado por un consumo sólido y una tendencia al alza en la inversión.
Sin embargo, no todas las perspectivas son plenamente optimistas. Eduardo Valle, economista de Grupo Coppel, advirtió sobre ciertos riesgos en el sector secundario. Si bien reconoció que en agosto la industria tuvo un avance significativo impulsado por la manufactura y la obra pública, alertó que la reciente caída en la producción automotriz podría indicar un debilitamiento del sector en septiembre. Debido a esto, Valle no descartó que el resultado definitivo sea menor a lo proyectado.
Asimismo, Valle enfatizó que la reactivación de la inversión requiere de un respaldo más sólido por parte del sector empresarial. Consideró indispensable que la inversión privada asuma un papel complementario para evitar que la expansión dependa exclusivamente de la inversión pública, la cual posee un peso menor en la estructura económica. Bajo esta premisa, proyectó que los indicadores apuntan a un proceso de reactivación que permitiría un crecimiento cercano al 1.6 por ciento para el año 2026, aunque aclaró que dicha recuperación aún no está plenamente consolidada.
Desde la perspectiva de Julio Ruiz, economista en jefe de Citi México, la materialización de las cifras del Inegi implicaría un tercer trimestre superior a lo esperado. Esto podría conducir a revisiones al alza en las proyecciones de crecimiento económico anual, aunque estima que estos ajustes serían moderados, situándose entre 10 y 20 puntos base.
Ruiz subrayó dos factores determinantes para el futuro de la actividad económica: primero, una implementación más clara del plan de infraestructura, que podría impulsar la producción industrial; y segundo, la resolución de un acuerdo interino respecto al T-MEC a finales de este año o principios del próximo, lo cual ayudaría a reducir la incertidumbre y mejorar las perspectivas de inversión que se han visto mermadas.
James Salazar añadió que es probable que los analistas eleven sus expectativas de crecimiento para el año completo, existiendo una alta probabilidad de que el Producto Interno Bruto (PIB) se ubique por encima del 1.5 por ciento, con posibilidades de alcanzar niveles cercanos al 2 por ciento. No obstante, Salazar puntualizó que parte de este crecimiento responde a bajas bases de comparación, dado que el tercer trimestre del año anterior había registrado una caída, a diferencia del último trimestre de aquel año que fue el más fuerte. Por lo tanto, advirtió que el ritmo de crecimiento podría no sostenerse con la misma intensidad hacia el cierre del año.
Finalmente, Eduardo Valle proyectó un avance del 2.1 por ciento para el año 2027. Para alcanzar esta cifra, señaló factores beneficiosos como las ventajas arancelarias frente a Estados Unidos, una menor incertidumbre comercial tras la revisión del T-MEC, la estabilidad en las condiciones monetarias y el hecho de que la masa salarial esté creciendo por encima de la inflación. Concluyó que, para fortalecer esta trayectoria, será indispensable generar las condiciones necesarias que impulsen la inversión productiva en el mediano plazo.






