La región de Azuero continúa enfrentando las secuelas de un devastador terremoto que ha dejado a miles de personas en situación de vulnerabilidad. En medio de este escenario, se ha puesto en marcha el programa "Chantin pa' la gente", una iniciativa impulsada por el alcalde capitalino, Mayer Mizrachi, que busca proporcionar refugio inmediato a las familias que perdieron sus hogares. Hasta el pasado domingo, se había logrado la instalación de 12 viviendas provisionales, las cuales han sido posibles gracias a los aportes de empresas privadas y de la sociedad civil, gestionados a través de la Fundación Omar Alfano.
Estas estructuras, conocidas como "chantin", consisten en contenedores adaptados para servir como alojamientos temporales. Para garantizar una calidad de vida mínima en medio de la crisis, estas unidades están equipadas con servicios básicos, disponen de una o dos camas, ducha, servicio higiénico y aire acondicionado, ofreciendo así un respiro a quienes se encuentran sin un techo seguro.
El impacto humano de esta medida es tangible. Rodríguez, una joven estudiante de un técnico en enfermería y una licenciatura en programación, manifestó su alegría por la entrega de una de estas viviendas, destacando que su bisabuela no tenía un lugar donde vivir. Sin embargo, el alivio del techo es solo una parte de la lucha diaria. Rodríguez ha tenido que interrumpir sus estudios y ha expresado su preocupación por el olvido que podrían sufrir las comunidades del interior del país mientras otras zonas comienzan a normalizar sus actividades.
En el sector de Troncosa, cerca de La Palma, la situación es similar. Nilsia Barría, quien recuerda con temor el momento del sismo, ha visto una mejora en su calidad de vida y la de su nieto, Luxian Solís, tras recibir una de estas casas provisionales. "Para mí esto significó mucho. Ha sido una cosa muy especial para mí", relató Barría a EFE, mientras se encontraba bajo una estructura improvisada que utiliza para cocinar y protegerse de la lluvia, rodeada aún por los escombros de lo que fue su hogar.
A pesar de los esfuerzos en vivienda, la crisis sanitaria es alarmante. Los damnificados denuncian una ausencia crítica de asistencia médica y psicológica. Rodríguez advirtió que existen adultos mayores que llevan días sin control de su presión arterial, así como pacientes con diabetes y cáncer que requieren seguimiento médico urgente. "Aquí no ha llegado ni ayuda médica, ni ayuda psicológica. Las personas mayores, mi mamá y los niños necesitan atención", señaló la joven, quien además ha tenido que buscar medicamentos para estabilizar emocionalmente a su madre y bisabuela, afectadas por el trauma del sismo, el temor a las réplicas y la dificultad de convivir en viviendas compartidas.
Desde el punto de vista técnico, el Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc) ha realizado una evaluación exhaustiva de la zona. Se han revisado más de 9.500 viviendas, lo que representa un impacto directo sobre 31.643 personas. El balance preliminar de los daños es severo: 2.318 viviendas presentan daño total, 5.546 tienen daños moderados o parciales y 1.260 presentan afectaciones leves.
La destrucción no se limita a los hogares. El reporte oficial indica que 576 centros educativos y 120 centros de salud resultaron dañados. En cuanto a las víctimas humanas, el terremoto dejó un saldo de una mujer fallecida y casi treinta personas heridas.
Finalmente, la emergencia ha golpeado el tejido económico de Tonosí. Trabajadores y dueños de pequeños comercios luchan por sobrevivir. Héctor García, empleado de una tienda de materiales ubicada frente a un hotel que colapsó totalmente, hizo un llamado a las autoridades para que el apoyo no se limite a la vivienda, sino que se extienda a las micro y pequeñas empresas. García enfatizó la necesidad de reactivar la economía local para que los residentes de Tonosí puedan regresar a sus puestos de trabajo lo antes posible.
Mientras las evaluaciones del Sinaproc continúan y se entregan más alojamientos, los damnificados de Azuero mantienen una demanda clara y urgente: viviendas seguras, atención médica y psicológica integral, apoyo para la reconstrucción definitiva de sus hogares y oportunidades reales para recuperar sus fuentes de ingresos.






