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Demócratas buscan control del Congreso ante escenario favorable en territorios republicanos

Los demócratas ansían una victoria aplastante en las elecciones de noviembre, y una serie de encuestas recientes les hacen pensar que podrían conseguir imponerse en algunos territorios tradicionalmente republicanos que habrían parecido impensables hace unos meses.

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Demócratas buscan control del Congreso ante escenario favorable en territorios republicanos

El Partido Demócrata encara las próximas elecciones de noviembre con la ambición de lograr una victoria contundente. Según encuestas recientes, existe la posibilidad de que el partido se imponga en territorios tradicionalmente republicanos, una perspectiva que hace unos meses se consideraba impensable. Sin embargo, este optimismo conlleva un riesgo: las expectativas son tan elevadas que cualquier resultado que no sea extraordinario podría percibirse como una decepción para los demócratas y una celebración para los republicanos.

David Axelrod, comentarista político sénior de CNN, señaló recientemente que, aunque cree que los demócratas podrían ganar en suficientes estados para tener un buen día, no descartaría que no lograran obtener el control del Senado. Axelrod sugirió que el resultado final dependerá de la magnitud de la "ola" electoral, planteando que incluso podrían alcanzar los 53 escaños.

El contexto histórico muestra que el partido del presidente suele perder escaños en la Cámara de Representantes. En los últimos 100 años, solo en dos ocasiones se evitó esta tendencia: en 2002, bajo George W. Bush y antes de la invasión de Irak, y en 1998, durante la presidencia de Bill Clinton, impulsado por el auge de las puntocom y la reacción pública al juicio político. En contraste, se han vivido derrotas drásticas, como la "revolución republicana" de 1994, donde los demócratas perdieron 54 escaños, o la ola del Tea Party en 2010, con una pérdida de 63 escaños.

En cuanto al Senado, se disputarán 35 escaños en 2026. De estos, CNN identifica 10 contiendas clave. Para alcanzar la mayoría de 51 escaños, los demócratas necesitarían ganar entre siete y ocho de esas diez disputas. Actualmente, el Senado cuenta con 53 republicanos, 45 demócratas y dos independientes que actúan como demócratas. Cabe destacar que el vicepresidente J.D. Vance ejerce el voto decisivo en caso de empate. Las contiendas se centran en estados como Georgia, Michigan y Nuevo Hampshire, donde los demócratas buscan conservar sus escaños, y en Alaska, Iowa, Kansas, Maine, Carolina del Norte, Ohio y Texas, donde intentan arrebatar el control a los republicanos.

En la Cámara de Representantes, la situación es particularmente tensa debido a que la mayoría republicana es la más estrecha de la historia, con 218 republicanos frente a 214 demócratas y dos vacantes. El Cook Political Report indica que solo 21 escaños están realmente en disputa: 15 en manos republicanas y seis en demócratas. Esto sugiere que los demócratas podrían necesitar ganar solo unos pocos escaños indecisos para obtener la mayoría.

Diversos factores individuales influyen en estas carreras. En Carolina del Norte destaca la candidatura del exgobernador Roy Cooper, mientras que en Georgia compite Jon Ossoff. En Texas, el fiscal general Ken Paxton, cuya popularidad es baja debido a diversos escándalos, se enfrenta a la contienda. Asimismo, en Carolina del Sur, la médica Annie Andrews busca desbancar a la senadora Darline Graham. No obstante, el historial advierte que las encuestas pueden fallar, como ocurrió en Kansas en 2014, donde un candidato independiente lideraba pero terminó perdiendo.

El bajo índice de aprobación de Donald Trump está afectando a los candidatos republicanos, aunque se prevé que el expresidente pueda denunciar un fraude electoral independientemente de las pruebas. Un control demócrata de ambas cámaras permitiría una mayor supervisión de la administración Trump mediante investigaciones y audiencias, además de un control más estricto sobre el presupuesto estadounidense.

Sin embargo, el uso del filibusterismo parlamentario sigue siendo un obstáculo, ya que ninguno de los dos partidos parece encaminado a lograr la supermayoría necesaria para superarlo. Esto obligaría a que los proyectos de ley de gasto requieran apoyo bipartidista y el respaldo de la Casa Blanca. Conscientes de la posibilidad de una ola demócrata, los republicanos ya han implementado medidas, como el uso de la conciliación presupuestaria para asegurar el financiamiento del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas por el resto del mandato de Trump.

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