Adentrarse en las lujosas instalaciones del Etihad Stadium antes del encuentro de la Liga de Campeones contra el Paris Saint-Germain generaba la sensación de ingresar en un universo paralelo. A pesar de las intensas críticas que han recaído sobre el club tras ser declarado culpable de más de 100 cargos relacionados con irregularidades financieras, el ambiente interno sugería que nada extraordinario estaba ocurriendo.
En las últimas semanas, el equipo de la Premier League ha sido señalado por diversos sectores como tramposo y mentiroso. Esta situación ha trascendido el ámbito deportivo, afectando directamente a los seguidores, quienes han visto cómo se menospreciaban los éxitos obtenidos en el pasado y cómo se convertían en objeto de burlas. Algunos aficionados han reportado incidentes personales, como agresiones verbales en espacios cotidianos, simplemente por vestir los colores del equipo.
No obstante, el Manchester City ha mantenido una defensa firme de su inocencia. Tras recurrir el veredicto, el club ha asegurado a sus jugadores, al personal técnico y a su masa social que no han cometido falta alguna, argumentando que son, en realidad, víctimas de una "caza de brujas". Este mensaje ha sido adoptado plenamente dentro de la organización, al menos en su imagen pública. El entrenador Enzo Maresca ha respondido con sonrisas a las preguntas incómodas sobre el proceso legal, mientras que la plantilla, incluyendo a jugadores de etapas anteriores, ha mantenido una postura alineada con la versión oficial.
Los aficionados han asumido un rol particular en medio de esta crisis, decidiendo disfrutar de su posición como los "grandes villanos" del fútbol inglés. Lejos de mostrar preocupación en las gradas por posibles sanciones —que podrían incluir la prohibición de fichajes, la deducción de puntos o incluso el descenso de categoría—, predominaba un optimismo ciego. Durante el partido del miércoles, las zonas comunes del estadio reflejaban la convicción de que el recurso presentado prosperaría.
Para reforzar este sentimiento, el club organizó antes del inicio del partido un espectáculo de luces con un montaje que recordaba momentos en los que el equipo superó situaciones adversas, un mensaje directo para tranquilizar a la afición. A pesar de que el resultado deportivo fue una contundente derrota por 4-2 ante el PSG, la unidad del club no mostró fisuras. Esta atmósfera de oasis contrastó drásticamente con lo vivido el fin de semana pasado en Liverpool, donde el equipo fue abucheado durante todo el encuentro.
La mentalidad de "nosotros contra ellos" ha consolidado un vínculo envidiable entre jugadores, cuerpo técnico y seguidores. Esta resistencia se manifestó a través del humor negro, con la presencia de cientos de plátanos amarillos hinchables en las gradas. Estos objetos son un guiño a la década de 1980, cuando el club descendió a la segunda categoría. En aquel entonces, los aficionados apodaron al delantero Imre Varadi como "Imre Banana" para aligerar el ambiente, una tradición que hoy cobra un nuevo significado ante la adversidad actual.
El enfrentamiento contra el PSG resultó sintomático. Ambos clubes comparten similitudes estructurales, contando con el respaldo de los Emiratos Árabes Unidos y Qatar, respectivamente. Ambos fueron acusados por la UEFA en 2014 de infringir las normas del Juego Limpio Financiero, saliendo relativamente bien parados de aquel proceso. Luis Enrique, entrenador del PSG, expresó su esperanza de que el City evitara sanciones graves, aunque la afición parisina fue menos amable, abucheando a los jugadores del City durante el calentamiento y regodeándose en su derrota.
La noche también marcó el regreso de Pep Guardiola al Etihad, quien fue recibido con vítores tras haber dejado el club este verano después de diez temporadas exitosas. Su presencia en la grada fue interpretada como una maniobra para proyectar estabilidad y demostrar que la situación estaba bajo control, siguiendo su línea de instar a la unidad y confianza en los propietarios.
Sin embargo, al salir del estadio, la realidad se impone. Los aficionados evitan hablar con los medios sobre el veredicto de culpabilidad, limitándose a repetir que se debe esperar a la apelación. Pese a que la Liga de Campeones puede actuar como un bálsamo temporal, el club deberá enfrentar la gravedad de su situación en cada partido de la Premier League, especialmente ante rivales directamente afectados por el asunto. Mientras el proceso de apelación se prolongue durante meses, el contraste entre la narrativa oficial del club y la realidad legal seguirá siendo evidente.





