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Tensión en el GOP: Candidatos republicanos evitan hacer campaña con Donald Trump

Ha quedado muy claro que los republicanos que enfrentan contiendas reñidas no tienen muchas ganas de hacer campaña junto al presidente Donald Trump de cara a las elecciones intermedias.

Tensión en el GOP: Candidatos republicanos evitan hacer campaña con Donald Trump

El clima político dentro del Partido Republicano se ha tornado tenso a medida que se acercan las elecciones intermedias. Ha quedado en evidencia que aquellos candidatos que se enfrentan a contiendas electorales reñidas muestran una notable reticencia a realizar actividades de campaña en compañía del presidente Donald Trump. Esta dinámica sugiere una fractura en la percepción del valor electoral del mandatario en los estados clave.

Los indicios de este distanciamiento comenzaron a ser visibles durante la convención sobre las elecciones intermedias organizada por el presidente el mes pasado, donde la asistencia de figuras clave fue reducida. Desde entonces, la agenda de viajes de Trump ha resultado curiosa, priorizando estados de menor peso electoral, como Alabama, Oklahoma y Nueva York, evitando gran parte de los territorios donde las contiendas son realmente disputadas. Un ejemplo claro se observa en Texas, donde el gobernador Greg Abbott ha declinado asistir al próximo mitin del presidente, justificando su ausencia mediante problemas de agenda.

Ante este escenario, Donald Trump parece mostrarse cada vez más sensible. El mandatario se ha aferrado a la teoría de que él es la única figura capaz de conducir a su partido hacia la victoria en el corto plazo, a pesar de que sus índices de aprobación se mantienen bajos. Esta necesidad de reafirmar su influencia se manifestó el pasado martes, cuando dedicó una parte considerable de sus intervenciones a hablar sobre sus mítines, mencionándolos al menos en cinco ocasiones distintas.

Durante un evento en Baltimore que no estaba relacionado directamente con la campaña, Trump afirmó que el Partido Republicano estaba empezando a "dispararse" gracias a su decisión de salir y recorrer el país. "Alguien preguntó hoy: ‘¿Por qué será?’. Bueno, yo empecé… tenía que salir. Tenía que hacerlo", declaró el presidente, intentando vincular el desempeño del partido con su actividad personal.

La narrativa de autosuficiencia continuó en las redes sociales, donde el presidente aseguró que el entusiasmo y las multitudes en sus eventos son "increíbles". A través de sus publicaciones, Trump afirmó estar dando la vuelta a los resultados en múltiples contiendas y llegó a sentenciar que sus mítines están "salvando al Partido Republicano, otra vez". Incluso en conversaciones informales con la prensa, insistió en que sus actos han cambiado la situación electoral, incluso cuando los periodistas no le preguntaban específicamente sobre el tema.

Un ejemplo de esta insistencia ocurrió cuando se le cuestionó sobre una grabación filtrada del candidato al Senado por Texas, Ken Paxton, quien sugería que Washington controlaba su campaña. Trump respondió asegurando que la situación de Paxton había mejorado considerablemente desde que él había comenzado a realizar mítines hace unos días, vinculando el éxito ajeno a su propia presencia.

Sin embargo, la realidad en el terreno parece contradecir estas afirmaciones. Mientras Trump insinuaba que visitaría estados como Michigan o Maine, la senadora republicana Susan Collins fue tajante al respecto. Collins ha manifestado en repetidas ocasiones, incluyendo durante un debate, que no esperaba la visita del presidente a Maine, asegurando en junio que "simplemente eso no va a suceder".

La inquietud también se extiende a Iowa. En este estado, tres representantes republicanos de la Cámara se han distanciado recientemente del presidente en relación con la gestión de la guerra con Irán. Asimismo, la candidata al Senado, Ashley Hinson, ha mostrado señales de querer marcar distancia respecto a la figura de Trump. Durante un evento en la Casa Blanca la semana pasada, el presidente intentó forzar la cohesión al mencionar planes de celebrar mítines conjuntos en Iowa, asegurando que "estaremos todos allí juntos" para lograr que fueran elegidos. La respuesta de Hinson fue evasiva, limitándose a decirle: "Le guardaremos una buena chuleta de cerdo de Iowa, señor".

Para justificar la baja asistencia de políticos en su convención de septiembre, Trump recurrió a una explicación logística en lugar de admitir el impacto de su baja popularidad. Sostuvo que "todo el mundo quiere venir", pero que la falta de espacio para albergar a 500 políticos fue el verdadero impedimento. En aquel momento, prometió visitar cada uno de los 35 lugares con contiendas más reñidas, asegurando incluso que iría dos veces a algunos de ellos.

No obstante, a falta de menos de cuatro semanas para los comicios, esa promesa no se ha materializado. Trump solo ha visitado un reducido número de las zonas que representan verdaderos campos de batalla electorales. Lejos de ser un activo, su convención denominada "Trump-a-palooza" parece haber tenido un efecto contraproducente. Las encuestas indican que la intención de voto genérica se inclinó a favor de los demócratas casi inmediatamente después de dicho evento.

Esta situación pone en entredicho el dominio que Donald Trump ha cultivado sobre el Partido Republicano durante la última década. La percepción de que el presidente podría ser un lastre electoral representa un riesgo significativo para su capital político. Si el mandatario perdiera la capacidad de imponer su voluntad y el apoyo de su base, su influencia quedaría severamente mermada. En el tramo final hacia las elecciones, quedará evidenciado cuántos republicanos consideran que Trump es un líder políticamente acabado.

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