¿Es la dolarización bancaria una herramienta de estabilidad o un riesgo latente? Un reciente informe de Moody’s Ratings advierte que, en América Latina y el Caribe, este fenómeno sigue siendo un arma de doble filo para los sistemas financieros.
En la última década, la dolarización de los depósitos totales cayó en promedio del 40% al 34%, impulsada por políticas monetarias más creíbles y una mayor confianza en las monedas locales. Sin embargo, la tendencia es desigual. Mientras Uruguay mantiene niveles altos con un 67% de depósitos, Argentina ha registrado un repunte hasta el 28% tras flexibilizar regulaciones que permitieron préstamos en dólares.
Moody’s señala que los depósitos en moneda extranjera son más sensibles a choques macroeconómicos y políticos. Países como Perú, Uruguay y Paraguay han experimentado salidas significativas de depósitos en momentos de incertidumbre. Además, la agencia advierte que el auge de las monedas estables en Argentina y Brasil podría desplazar la exposición cambiaria hacia canales alternativos, afectando la estabilidad financiera a largo plazo.
En cuanto a la solvencia, la mayoría de los bancos mantienen ratios de préstamos sobre depósitos inferiores al 100%, lo que limita el riesgo de refinanciamiento. Guatemala presenta un ratio elevado del 147%, pero lo compensa con reservas internacionales sólidas. En contraste, Argentina es vista como el sistema más vulnerable debido a sus limitadas reservas.
El caso de Panamá es particular: al estar plenamente dolarizada, evita el riesgo cambiario, pero carece de un prestamista de última instancia. Asimismo, el crédito al sector privado creció apenas un 1.3% a junio de 2026, reflejando condiciones restrictivas y una alta dependencia de las tasas de interés de Estados Unidos.
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