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La paradoja de Mafalda: el mensaje simbólico de Delcy Rodríguez en la ONU

Durante su reciente viaje a Nueva York, el pasado lunes 21 de septiembre, para participar en la 81.ª Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas y sostener una reunión privada con el presidente Trump, Delcy Rodríguez definitivamente no pasó desapercibida. Más allá de la compleja situación que atraviesa Venezuela tras la intervención militar […] The post La paradoja de Mafalda, por Samuel J. Pérez Hermida appeared first on TalCual .

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La paradoja de Mafalda: el mensaje simbólico de Delcy Rodríguez en la ONU

Durante su reciente desplazamiento a Nueva York el pasado lunes 21 de septiembre, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, acudió a la 81.ª Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas y mantuvo una reunión privada con el presidente Donald Trump. En el marco de este viaje, Rodríguez captó la atención internacional no solo por su agenda diplomática, sino por un detalle específico de su vestimenta que ha generado diversos análisis sobre la comunicación política del gobierno venezolano.

La funcionaria descendió del avión luciendo una chaqueta que exhibía la imagen de Mafalda, el emblemático personaje creado por el humorista Quino. La presencia de este ícono cultural en la espalda de la prenda suscitó interrogantes inmediatas sobre la intencionalidad detrás de dicha elección, especialmente considerando que el viaje ocurre en un contexto complejo para Venezuela, tras la intervención militar estadounidense llevada a cabo el 3 de enero de 2026.

Desde la perspectiva de la comunicación política, el uso de la imagen de Mafalda podría interpretarse como un intento del chavismo sobreviviente por adoptar una estética pacifista. Esta estrategia buscaría suavizar la imagen internacional de una vocería que, desde sus inicios en 1999, ha sido caracterizada por ser disruptiva y confrontadora. A nivel global, Mafalda representa la búsqueda de la paz mundial y el entendimiento entre los pueblos, por lo que vestir esta prenda en suelo estadounidense sugiere una voluntad de proyectar al gobierno como un actor político abierto al diálogo y al reencuentro entre las naciones.

Tras los eventos de enero de 2026, una de las prioridades fundamentales de la administración en funciones ha sido obtener reconocimiento diplomático y ampliar sus márgenes de maniobra en el escenario internacional. En este sentido, recurrir al "soft power" o poder blando de un personaje tan querido y reconocido mundialmente como Mafalda pretende construir un rostro de empatía y apertura hacia la opinión pública global.

Asimismo, el gesto contiene un mensaje dirigido a sectores específicos de la izquierda latinoamericana. Para diversas corrientes políticas de la región, Mafalda ha sido interpretada como un símbolo de justicia social, rebeldía y resistencia frente a las hegemonías. Al lucir la ilustración en el corazón de Nueva York, la representación del chavismo sobreviviente intentaba reafirmar ideológicamente su postura de soberanía, sugiriendo que acudían a la sede de la ONU encarnando los valores de una América Latina progresista.

Sin embargo, esta estrategia comunicacional encontró un obstáculo insalvable en la esencia misma del personaje. Quino diseñó a Mafalda como una defensora irrestricta de las libertades civiles y la libertad de expresión, convirtiéndola en una crítica feroz de la represión policial y las dictaduras militares. La contradicción resulta evidente al observar que la imagen de una niña que cuestionaba el autoritarismo fue utilizada por una dirigente de un régimen cuya estructura de poder ha dependido durante casi tres décadas de un estamento militar. Este último ha sido señalado reiteradamente por organismos internacionales como responsable de la vulneración de derechos humanos y la persecución sistemática de la disidencia.

Bajo el prisma de la tutela ejercida por Estados Unidos tras la acción militar de enero, el uso de este ícono adquiere una dimensión estratégica. En un escenario donde el margen de maniobra de Caracas está limitado y sujeto a la supervisión de la Casa Blanca y el Departamento de Estado, la prenda funciona como una señal de pragmatismo y moderación hacia Washington. Al sustituir la retórica beligerante por una estética amigable, se busca transmitir que Venezuela es un interlocutor dispuesto a operar en canales diplomáticos, reduciendo la percepción de amenaza.

Simultáneamente, el gesto opera como un mecanismo de compensación simbólica para el consumo interno. Ante las bases chavistas y algunos actores regionales, el uso de Mafalda busca proyectar un mensaje de dignidad, sugiriendo que, a pesar de la tutela externa estadounidense, el movimiento conserva su identidad socialista y no se reconoce como un actor derrotado. Finalmente, la estrategia intentaba elevar el costo político de la coerción estadounidense al presentar una imagen de paz que deslegitimara las presiones externas.

No obstante, los resultados en la Asamblea General de la ONU sugieren que la estrategia no alcanzó sus objetivos. Mientras Donald Trump defendía las acciones militares que permitieron la extracción de Nicolás Maduro y calificaba el acuerdo petrolero firmado con el chavismo tutelado bajo la premisa de que «al vencedor le corresponde el botín», la intervención de Delcy Rodríguez fue recibida con un hemiciclo prácticamente desierto. Este boicot diplomático, reflejado en el abandono de la sala, evidencia que gran parte de la comunidad internacional percibe el proceso actual en Venezuela como una respuesta a los intereses geopolíticos y energéticos de Washington.

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