Un enfrentamiento armado entre efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y combatientes de la guerrilla colombiana del Ejército de Liberación Nacional (ELN) ha dejado un saldo de una persona fallecida y al menos cinco individuos heridos. La información fue suministrada el pasado miércoles 30 de septiembre de 2026 por la organización no gubernamental Fundaredes, que ha seguido de cerca la situación de seguridad en las zonas limítrofes.
De acuerdo con los reportes, el choque violento tuvo lugar el lunes en la localidad de Junín, un punto estratégico situado en las proximidades de la frontera entre Venezuela y Colombia. Este incidente adquiere una relevancia particular en el contexto geopolítico actual, ya que representa el primer enfrentamiento directo registrado entre las fuerzas de seguridad del Estado venezolano y los miembros del ELN desde que el presidente Abelardo de la Espriella, representante de la corriente política de derecha, asumiera el mando en Colombia.
La confirmación de las bajas y los lesionados fue proporcionada por Javier Tarazona, director de Fundaredes. Tarazona, quien cuenta con un amplio historial de denuncia en la región y estuvo privado de libertad durante cinco años precisamente por señalar los movimientos de grupos guerrilleros en dicha zona, fue el encargado de detallar que el balance preliminar es de un fallecido y cinco heridos.
En cuanto a la atención médica de los supervivientes, se informó que los lesionados fueron trasladados desde el punto del conflicto en Junín hacia la ciudad de Rubio, ubicada en el estado Táchira. Una vez en Rubio, los heridos fueron ingresados en una clínica local para recibir la asistencia sanitaria necesaria.
El análisis de este evento no puede desligarse de la compleja realidad de la frontera entre ambas naciones. El ELN es uno de los diversos grupos armados que mantienen operaciones activas a lo largo de una línea fronteriza que se extiende por 2.200 kilómetros, caracterizada por ser sumamente porosa, lo que dificulta el control territorial y facilita el movimiento de combatientes y suministros.
Según las declaraciones de Javier Tarazona, el panorama en la región fronteriza ha experimentado transformaciones profundas y drásticas en los últimos meses. Dos eventos clave han reconfigurado el escenario: en primer lugar, la captura del presidente Nicolás Maduro por parte del ejército estadounidense, ocurrida en el mes de enero, y, en segundo lugar, la llegada al poder de Abelardo de la Espriella en agosto.
La transición en la presidencia de Colombia marca un giro radical en la estrategia de seguridad nacional. El predecesor de De la Espriella, Gustavo Petro, quien gobernó entre 2022 y 2026 bajo una línea de izquierda, había implementado una política basada en el inicio de negociaciones de paz con los diversos grupos armados del país. No obstante, la administración actual de Abelardo de la Espriella ha abandonado ese enfoque, prometiendo en su lugar una lucha frontal y decidida contra el crimen organizado en territorio colombiano, contando para ello con el respaldo estratégico y operativo de Estados Unidos.
Esta nueva ofensiva militar ejecutada por el gobierno colombiano contra las guerrillas en las zonas limítrofes ha tenido un efecto colateral inmediato y tangible. Tarazona señaló que la presión ejercida por las fuerzas colombianas ha provocado un desplazamiento significativo de estos grupos armados, quienes, al verse acorralados en su territorio, se han trasladado hacia el lado venezolano de la frontera.
Este flujo de combatientes hacia Venezuela, sumado a la inestabilidad política interna tras la intervención estadounidense de enero, ha creado un caldo de cultivo para incidentes como el ocurrido en Junín. La presencia del ELN en suelo venezolano, impulsada por la ofensiva de De la Espriella, ha llevado a que las fuerzas de seguridad locales, representadas en este caso por la Guardia Nacional Bolivariana, entren en colisión directa con la guerrilla, rompiendo la dinámica de coexistencia o tregua que pudo existir en periodos anteriores.






