El clima en Montevideo, marcado por un viento que sugiere que la primavera aún tarda en llegar, no fue impedimento para que una multitud de lectores se congregara en el Teatro Solís. El motivo fue la primera visita a Uruguay de Emmanuel Carrère, uno de los referentes más destacados de la no ficción contemporánea, quien acudió a la capital para presentar su más reciente obra, "Koljós" (editada por Anagrama, con un costo de 1100 pesos), y para ser reconocido como Visitante Ilustre de la ciudad.
El interés por el autor francés quedó evidenciado desde la gestión de las entradas, ya que las primeras invitaciones se agotaron en menos de una hora, obligando a habilitar un remanente el lunes previo al evento. En el hall del teatro, los asistentes recibieron auriculares para la traducción simultánea, aunque muchos optaron por prescindir de ellos. En la sala principal, el ambiente era de expectación, con lectores sosteniendo sus ejemplares y, en la tertulia alta, algún observador atento a través de largavistas.
La puesta en escena consistió en un living minimalista compuesto por poltronas, mesas bajas, lámparas y alfombras, complementado con dos bibliotecas que exhibían el color amarillo característico de las ediciones de Anagrama. En este entorno, Carrère mantuvo una conversación con Gabriel Peveroni, centrada en "Koljós", su historia familiar y la esencia de su obra literaria, buscando desentrañar la identidad del autor detrás de las páginas que suelen confrontar los temores y convicciones del lector.
Al ser consultado sobre sus sentimientos al finalizar la escritura de "Koljós", Carrère confesó haber sido feliz durante el proceso. El libro, que comenzó a gestar junto a la cama de su madre, la historiadora Hélène Carrère d’Encausse, es definido por el autor como una obra de duelo, aunque precisó que la experiencia estuvo teñida de una "tristeza muy dulce". Para el escritor, terminar el libro representó una dualidad: la alegría del logro y la pena de desprenderse de la obra.
La figura de su madre fue un eje central de la charla. Carrère reflexionó sobre cómo la muerte de los progenitores sitúa a los hijos en "primera línea delante de la muerte". En este sentido, explicó que actualmente se siente más atraído por sus predecesores que por los vínculos contemporáneos, como amistades o amores, utilizando la genealogía como una herramienta para cuestionar su propio lugar en el mundo.
Este cuestionamiento se extiende a su metodología narrativa. Carrère admitió haber mantenido un debate constante con su madre sobre la objetividad. Mientras ella creía que quien narra no debe implicarse personalmente, el autor encontró en la primera persona —especialmente a partir de su libro "El adversario"— una forma de reconocer sus propios límites. Aunque acepta que este recurso puede contener narcisismo, sostiene que también es un acto de humildad, pues no pretende presentar "la verdad", sino "su verdad". Para ilustrar este punto, recordó una anécdota sobre una niña que se pregunta dónde irán las personas si ella ocupa el lugar de los demás, concluyendo que es necesario aceptar y ocupar el propio lugar para poder mirar a los otros.
Sobre "El adversario", Carrère reveló que la obra le exigió siete años de intentos, fracasos y abandonos antes de su publicación, encontrando finalmente una forma narrativa distinta a la imaginada inicialmente. Respecto a "Koljós", señaló que es probable que sus padres no hubieran aprobado la exposición de ciertas "zonas sombrías", como una vida conyugal triste, planteando el desafío ético de ser fiel a una persona sin borrar los aspectos incómodos de su historia.
La influencia de su madre también fue la puerta de entrada a Rusia. Mientras Hélène Carrère d’Encausse, especialista en la Unión Soviética, se relacionaba con ministros y autoridades, Emmanuel se enfocó en investigar la historia de un soldado en un hospital psiquiátrico de una ciudad pequeña. Asimismo, el autor reconoció afinidades con Philip K. Dick en su visión del mundo y con Limónov en su determinación de convertirse en un héroe de aventuras.
Durante el encuentro, Peveroni acercó la literatura uruguaya al autor, regalándole una edición en inglés de "El hermano mayor" de Daniel Mella y una traducción al francés de "El tigre y la nieve" de Fernando Butazzoni. Ante la pregunta de Mella sobre su alejamiento de la ficción, Carrère aclaró que nunca tomó esa decisión y que sigue leyendo novelas; define sus escritos actuales como "novelas sin ficción", donde utiliza recursos del género para narrar hechos reales.
El evento culminó con la entrega del reconocimiento de Visitante Ilustre de Montevideo, otorgado por Débora Quiring, directora de Cultura de la Intendencia, seguido de una sesión de firmas en el foyer del teatro, donde los lectores pudieron acercarse al escritor.






