El cosmos se presenta, a primera vista, como un espacio gélido y solitario. A pesar de los constantes esfuerzos de exploración del firmamento, la humanidad aún no ha logrado hallar señales concretas de vida extraterrestre, ya sea dentro o fuera del Sistema Solar. Esta búsqueda se centra especialmente en la detección de tecnofirmas, que son señales inequívocas de que una civilización inteligente ha desarrollado la capacidad de manipular su entorno de una manera que pueda ser detectada a través del espacio interestelar.
Sin embargo, la ausencia de hallazgos no implica necesariamente la inexistencia de otras civilizaciones. Según informa Science Alert, es posible que simplemente no se esté buscando con el empeño o las herramientas adecuadas. En este contexto, un equipo de astrónomos en China ha puesto en marcha un estudio exhaustivo utilizando el radiotelescopio de plato único más grande del mundo, conocido como FAST (Radiotelescopio Esférico de Apertura de Quinientos Metros). El objetivo fue realizar un escaneo profundo de 33 sistemas planetarios que habían sido identificados previamente como lugares prometedores para la búsqueda de tecnofirmas.
La gran mayoría de los sistemas analizados arrojaron los resultados esperados: ninguna señal relevante. No obstante, un sistema en particular captó la atención de los investigadores. Desde la dirección de K2-155, una estrella enana roja situada a unos 238 años luz de distancia, se recibió una señal de radio de banda estrecha. Esta señal logró sobrevivir a los primeros intentos de los científicos por eliminar las interferencias, lo cual es significativo ya que este tipo de radiofrecuencias son difíciles de producir a través de procesos naturales.
En un artículo publicado en The Astronomical Journal, el equipo de astrónomos, liderado por Zi-Qi Li de la Universidad Normal de Pekín, explica que los procesos astrofísicos naturales rara vez generan características espectrales extremadamente estrechas. Por el contrario, los transmisores artificiales suelen producir este tipo de señales con frecuencia. Las señales de banda estrecha se concentran en una franja muy limitada del espectro, una característica que coincide con la tecnología de radio utilizada por los seres humanos y que ofrece una pista fundamental en la búsqueda de inteligencia extraterrestre (SETI).
Uno de los mayores desafíos para los astrónomos es la interferencia de radiofrecuencia (RFI). La Tierra está saturada de señales generadas por el propio ser humano: satélites, aeronaves, sistemas de comunicaciones, tecnología de navegación e incluso electrodomésticos como los hornos microondas. Estas emisiones contaminan las observaciones astronómicas y, en ocasiones, pueden imitar la apariencia de las señales que los investigadores de SETI intentan localizar.
Para combatir este problema, Li y sus colegas desarrollaron un nuevo método de análisis para examinar la vasta cantidad de datos generados por FAST. Aunque las observaciones originales de los 33 sistemas exoplanetarios se realizaron en 2021, el nuevo método permitió filtrar el ruido y eliminar a los "impostores terrestres" con mayor eficacia. El telescopio FAST posee una capacidad técnica ingeniosa: su receptor de banda L observa el cielo a través de 19 haces separados simultáneamente. Mientras el haz central se dirige al objetivo, los otros 18 monitorean áreas cercanas. Si una señal aparece en varios haces a la vez, es muy probable que sea de origen terrestre. Si aparece únicamente en el haz dirigido al objetivo, se considera candidata para un análisis más profundo.
El sistema detectó inicialmente 139.127 señales. Tras sucesivas rondas de filtrado, la lista se redujo a solo dos señales relevantes. Una de ellas, proveniente de la estrella Kepler-438, ya había sido identificada anteriormente y fue descartada como interferencia terrestre. La segunda señal, denominada NBS 260108, provino del sistema K2-155.
El sistema K2-155 es especialmente interesante porque es una enana roja con tres exoplanetas tipo "supertierra". El planeta más externo, con un radio 1,6 veces mayor que el de la Tierra, se encuentra cerca de la zona habitable, donde las condiciones podrían permitir la existencia de agua líquida en la superficie. La señal NBS 260108, con una frecuencia de 1148,4167 megahercios, cumplía con tres requisitos clave: era estrecha, presentaba fluctuaciones y solo aparecía en el haz dirigido a K2-155, lo que la convirtió en una "tecnofirma candidata".
A pesar del entusiasmo inicial, los investigadores mantienen la cautela ya que la señal no es muy fuerte. Se detectó con potencia en un solo canal de polarización y señales similares aparecieron en frecuencias cercanas durante la observación de otras tres estrellas. Estos indicios sugieren que podría tratarse de una interferencia instrumental o terrestre, aunque los científicos no han podido identificar exactamente qué la producía.
El estudio recuerda que, aunque los humanos llevan miles de años existiendo, solo en el último siglo han tenido la capacidad tecnológica de escudriñar el cielo en busca de otras inteligencias. La búsqueda continúa, con la esperanza de que, si alguien está llamando desde el espacio, eventualmente se encuentre el receptor adecuado para responder.






