La figura de Rogelio Sinán (1902-1994) emerge como el pilar fundamental de las letras panameñas, siendo reconocido por la crítica como el padre de la literatura moderna en su país. Su legado cobra una relevancia renovada en el marco de la XXVIII Feria Internacional del Libro de Santo Domingo, donde Panamá participa como país invitado del 24 de septiembre al 4 de octubre. Sinán no solo escribió obras, sino que trazó el camino de la identidad nacional a través de una búsqueda constante y una fidelidad inquebrantable a su propia voz, según describe la escritora Gloria Guardia.
La construcción artística de Sinán se nutrió de fuentes internacionales profundas. De Luigi Pirandello adoptó las claves para la edificación de sus personajes, mientras que de Miguel de Unamuno extrajo la compleja relación entre el sueño y la ficción. Esta amalgama de influencias permitió que su obra se convirtiera en el momento fundacional de la literatura panameña, integrando la vanguardia europea con el sentir local.
En el ámbito poético, Sinán dejó cuatro poemarios esenciales que marcan la evolución de su sensibilidad. El primero de ellos, "Onda", publicado en Roma en 1929, es señalado por el autor Ricardo J. Bermúdez como un hito que cambió el rumbo de las letras panameñas, inaugurando la vanguardia literaria en el país. Esta obra, compuesta por cuarenta y cuatro poemas en versos libres, es descrita por la académica Margarita Vásquez Quiroz como un libro de "gritos callados y de meditaciones" que instaló una sensibilidad moderna sin recurrir al dogmatismo.
Posteriormente, en 1944, publicó "Incendio", una obra estructurada como un solo poema dividido en tres tiempos: La voz del pánico, La Voz de América y La Voz de la Agonía. El escritor peruano Mario Julio Garrido Malaver destacó en este texto una profecía sobre la guerra mundial, donde la humanidad perecería entre llamas y gases asfixiantes, reflejando la angustia de un mundo que se despedazaba. En 1949, el autor lanzó "Semana Santa en la niebla", una obra de corte espiritual organizada como una liturgia poética basada en pasajes del evangelio según san Lucas. Finalmente, en 1969, cerró su labor poética con "Saloma sin Salomar", considerada su obra más madura.
Más allá de la poesía, Sinán alcanzó la maestría en la narrativa. Sus novelas "Plenilunio" (Luna de Viernes Santo) y "La isla encantada" son hoy referentes obligatorios. "Plenilunio", en particular, es elogiada por Ramón H. Jurado por su "envidiable perfección técnica" y su capacidad para explorar la psicología de personajes que cargan con los vacíos de un tiempo definitorio para la identidad de Panamá. En el género del cuento, destacó con "Sin novedad en Shangai", publicado por Casa de las Américas, y el emblemático relato "A la orilla de las estatuas maduras", el cual nació gracias al aliento y la revisión de su amigo Alejo Carpentier durante una estancia en París.
La vida de Rogelio Sinán fue tan cosmopolita como su obra. Nacido en la isla Taboga, residió en ciudades como Roma, París y México, y se desempeñó como cónsul en la India. Sus estudios en Chile lo llevaron a conocer a figuras de la talla de Pablo Neruda, Gabriela Mistral y Vicente Huidobro, además de mantener cercanías con Jorge Luis Borges y Ricardo Güiraldes. No obstante, a pesar de absorber el aire europeo, Sinán mantuvo el tono de su tierra. Margarita Vásquez Quiroz señala que su modernidad no expulsó el terruño, permitiendo que coexistieran el campo y el avión, el machete y la hélice. Esta fusión es resumida por la especialista Maide Watson como el momento donde "el sonido del poema se une con el sonido del tambor".
Para autores como Manuel Orestes Nieto, Sinán fue el bardo que trajo las novedades del otro lado del Atlántico y, junto a Roque Javier Laurenza, impulsó el vanguardismo en Panamá. Su obra no solo habló a su tiempo —un periodo marcado por la separación de Colombia, la construcción del Canal y las dos guerras mundiales— sino que estableció una conversación con la eternidad. Al final de su trayectoria, Sinán dejó de ser quien trajo la modernidad para convertirse, en esencia, en la modernidad misma de la literatura panameña.






