En un recorrido por un vecindario con alta demanda de viviendas para los trabajadores de SpaceX, la candidata demócrata a gobernadora de Texas, Gina Hinojosa, fue testigo de la realidad económica que golpea al estado. Acompañada por Ronnie Cavazos, presidente de la Alianza de Constructores del Sur de Texas, Hinojosa observó casas a medio construir y cimientos vacíos, reflejo de una crisis sectorial impulsada por diversos factores. Según Cavazos, los aranceles han encarecido la madera y otros materiales, mientras que la inflación y las altas tasas de interés han prolongado la inactividad de los terrenos. A esto se suma el aumento histórico del precio del diésel y el temor generalizado entre la fuerza laboral debido a las redadas de inmigración, que han provocado que muchos trabajadores eviten salir de sus hogares por miedo a detenciones indefinidas.
Este escenario económico se entrelaza con una coyuntura política que los demócratas consideran una oportunidad inusual. El Partido Republicano ha mantenido el control de todos los cargos estatales en Texas durante casi dos décadas, pero este otoño se presenta como una posibilidad real de romper ese dominio unipartidista. Hinojosa describe el momento actual como una "tormenta perfecta de circunstancias", donde se combina un esfuerzo coordinado sin precedentes en la historia moderna del partido en el estado con factores externos como el crecimiento de la inteligencia artificial y la reacción nacional contra las redadas migratorias.
La estrategia demócrata se basa en la coordinación. Hinojosa y el candidato al Senado, James Talarico —quien compite contra el fiscal general Ken Paxton—, han dividido sus esfuerzos para cubrir la vasta extensión del territorio texano. Esta alianza ha contado con el apoyo de Barack Obama, quien realizó una aparición conjunta con ambos en Austin. Además, Talarico ha redirigido 600.000 dólares de fondos nacionales hacia campañas locales. Por primera vez desde 1972, los demócratas presentan candidatos para todos los escaños de la legislatura estatal, apoyados en parte por el grupo Powered by People de Beto O’Rourke, que ha logrado organizar a miles de votantes, principalmente en campus universitarios.
El camino se ve facilitado, según algunos analistas, por el "lastre" de ciertos candidatos republicanos. Recientemente, el candidato a comisionado estatal de ferrocarriles generó controversia al publicar una foto de estudiantes de piel morena sugiriendo una "sustitución de estadounidenses por extranjeros". Esta publicación fue considerada tan racista que incluso el estratega republicano Karl Rove afirmó que votaría por el segundo demócrata de su vida en noviembre.
Sin embargo, el desafío sigue siendo monumental. El gobernador republicano Greg Abbott cuenta con fondos de campaña cercanos a los 70 millones de dólares, además del apoyo financiero de grupos aliados a Donald Trump y Elon Musk. A través de su secretario de prensa, Eduardo Leal, la administración de Abbott sostiene que su gestión se ha centrado en reducir impuestos y controlar el gasto para hacer de Texas uno de los estados más asequibles, calificando las propuestas de Hinojosa como caminos hacia costos e impuestos más elevados.
Un punto crítico de la elección es el voto latino. Aunque en elecciones pasadas este sector se inclinó hacia Trump, encuestas recientes del Texas Politics Project de la Universidad de Texas indican un giro: el 51 % de los votantes latinos ve desfavorablemente a Trump, frente a un 41 % que lo ve favorablemente. Hinojosa y Talarico aspiran a replicar el porcentaje de voto latino obtenido por O’Rourke en 2018, lo que, sumado al crecimiento demográfico, podría ser suficiente para ganar.
Hinojosa ha centrado su mensaje en la crítica al sistema, reconociendo que muchos votaron por Trump porque sentían que el sistema estaba "amañado". En sus mítines en ciudades como Brownsville y McAllen, la candidata ha enfatizado la lucha contra las facturas eléctricas impagables y los intereses de los impuestos sobre la propiedad, cuestionando si el estado debe ser un lugar para el pueblo o únicamente para los multimillonarios. Esta narrativa ha atraído incluso a votantes que no se identifican como demócratas, sino como personas que votarán por el candidato que consideren más apto, independientemente del partido.
El resultado de estas elecciones no solo definirá el rumbo de Texas en 2026, sino que servirá de termómetro para las contiendas presidenciales de 2028 y 2032, a medida que la demografía desplaza el peso del Colegio Electoral hacia el sur. Como señaló Bobby Pulido, músico y candidato político, los latinos siguen siendo el "enigma" que ninguno de los dos partidos ha logrado descifrar completamente.





