En el marco de la audiencia donde se solicita 36 meses de prisión preventiva contra Johnson Smith Cruz Torres, conocido como ‘Johnson Pulpo’, y otros 13 investigados, han salido a la luz los desgarradores testimonios de la única víctima superviviente de uno de los ataques más violentos registrados recientemente en Trujillo. Cruz Torres es señalado como el presunto cabecilla de la organización criminal ‘Los Pulpos’, grupo vinculado al secuestro del empresario minero Jenss Lara Tantaquilla y al asesinato de cuatro jóvenes que lo acompañaban aquella noche.
Durante su declaración ante la Policía Nacional del Perú, Jenss Lara Tantaquilla proporcionó detalles cruciales que permiten reconstruir la mecánica del crimen y desmentir diversas líneas de investigación. El empresario fue enfático al asegurar que no posee antecedentes delictivos ni ha sido víctima de amenazas previas relacionadas con el cobro de cupos. Asimismo, rechazó categóricamente las hipótesis planteadas por la fiscalía que intentaban vincularlo con conflictos territoriales o disputas entre bandas criminales, específicamente entre las organizaciones ‘Los Pulpos’ y ‘La Jauría’. Aunque reconoció que su núcleo familiar está inserto en el sector minero, Lara precisó que él personalmente ya no ejerce dicha actividad económica.
“Yo no he tenido problemas con nadie, siempre me ha gustado vivir tranquilo, entonces no he vivido apeligrado. Nunca he pertenecido a una banda criminal, nunca he pagado un cupo, es por eso la tranquilidad y la confianza en la que yo vivía“, manifestó la víctima, subrayando que su estilo de vida no justificaba un ataque de tal magnitud.
El relato de los hechos comienza la noche del incidente, cuando Lara se encontraba descansando en su vehículo tras haber visitado una discoteca ubicada en la avenida Virgen de Fátima. Mientras dormía, fue interceptado en la avenida Húsares de Junín, en Trujillo. El empresario narró que la confusión inicial fue clave para que los delincuentes lograran capturarlo sin resistencia, ya que los atacantes vestían indumentaria policial y se desplazaban en una camioneta con características similares a un patrullero.
Lara recordó el momento exacto en que despertó asustado por los gritos de sus acompañantes, Luis y Nadia. “Cuando desperté escuché que decía ‘no me hagan daño, ¿por qué hacen eso?‘. Entonces, yo como estaba en medio, entre Luis y Nadia, desperté un poco asustado por los gritos y veo a la Policía. Para mí era un policía, entonces yo le digo: ‘Tranquilo, yo voy a bajar‘“, detalló el superviviente.
Tras el rapto, la víctima fue trasladada y recluida en el sótano de un inmueble alquilado en la urbanización San Isidro. En este lugar, los secuestradores le exigieron la suma de dos millones de dólares para concederle la libertad. Ante la imposibilidad de cubrir tal monto, el empresario intentó razonar con sus captores, insistiendo en que su familia no disponía de esa cantidad y reiterando que él ya no se dedicaba a la minería. Sin embargo, uno de los criminales afirmó haberle realizado un seguimiento prolongado, sosteniendo que sus familiares debían vender propiedades o endeudarse para pagar el rescate.
La tortura psicológica y física fue constante durante el cautiverio. Los delincuentes obligaron a Lara a grabar un video de fe de vida, utilizando amenazas explícitas de mutilación. Según su testimonio, le advirtieron que le amputarían los dedos si el dinero no era entregado en el plazo establecido. Además, describió la severa presión física que sufrió debido al uso prolongado de esposas, una situación que se mantuvo incluso cuando el plazo para el pago fue extendido.
La liberación de Lara ocurrió en una zona de cañaverales, cerca del cementerio en el camino hacia Huanchaco. Los captores lo extrajeron de la maletera de un vehículo y lo abandonaron tras haber llegado a un acuerdo económico con sus familiares. Tras esperar aproximadamente 15 minutos, fue rescatado por su padre, hermano y primos. Fue en ese instante cuando el empresario recibió la devastadora noticia: los cuatro jóvenes que lo acompañaban la noche del secuestro habían sido ejecutados.
Finalmente, Lara proporcionó datos clave sobre la identidad de sus captores. Indicó que interactuó con al menos tres personas, todas de estatura baja (menores a 1.70 metros). Por la modulación y el acento, aseguró que se trataba de ciudadanos peruanos, específicamente trujillanos, descartando que extranjeros hubieran estado a cargo de su custodia directa. Recordó especialmente la voz de una tercera persona que lo amenazó directamente diciendo: “A mí no me importa nada, si haces algo, te mato“.


