La intersección entre la inteligencia artificial y las matemáticas de vanguardia ha dado lugar a un conflicto ético y profesional. Tristan Buckmaster, matemático de la Universidad de Nueva York (NYU), se encontró en una carrera contra el tiempo y los recursos masivos de OpenAI, el gigante de la IA, por resolver uno de los enigmas más persistentes del campo: las ecuaciones de Navier-Stokes.
Estas ecuaciones, desarrolladas en el siglo XIX, son fundamentales para comprender el flujo de fluidos, como el aire y el agua, y resultan esenciales para el diseño de aviones y la meteorología. Sin embargo, desde el año 2000, el Instituto Clay de Matemáticas las incluyó en la lista de los siete "problemas del Premio del Milenio", ofreciendo una recompensa de 1 millón de dólares a quien lograra una demostración rigurosa. El misterio central radica en si estas ecuaciones pueden producir respuestas en las que un líquido se acelere a velocidades infinitas.
Durante el mes de agosto, Buckmaster y su colaborador, Levent Alpöge, realizaron progresos significativos en el problema. No obstante, la competencia se intensificó cuando OpenAI, impulsada por rumores de que su rival Anthropic había resuelto algunos de los problemas del Milenio, decidió abordar la misma lista. En menos de una semana, OpenAI anunció que había encontrado la respuesta, superando el trabajo de los matemáticos humanos.
El conflicto escaló durante el fin de semana del Día del Trabajo. Sébastien Bubeck, líder de la iniciativa en OpenAI, contactó a Buckmaster el domingo con una serie de ofertas. Bubeck propuso que Buckmaster pudiera publicar sus resultados primero, actuar como autor principal de un artículo de OpenAI o acceder a amplios recursos computacionales de la empresa. Incluso sugirió que Buckmaster y su colaborador deberían cobrar el premio de 1 millón de dólares.
Sin embargo, surgió un punto de fricción crítico: Levent Alpöge es empleado de Anthropic. Aunque el proyecto era una iniciativa personal y paralela de Alpöge, OpenAI se negó a incluirlo en el artículo final, argumentando que no podían tener a un empleado de una empresa competidora en un proyecto interno. Buckmaster, quien defendió la colaboración, sugirió que lo ideal habría sido que OpenAI y Anthropic trabajaran juntas en este caso, pero la propuesta no prosperó.
La tensión aumentó cuando Buckmaster comenzó a sospechar que OpenAI podría haber utilizado su propio trabajo para llegar a la solución. El matemático había utilizado Codex, una herramienta de OpenAI para gestionar código, con el fin de simplificar las derivaciones matemáticas producidas por la IA. Dado que estas empresas suelen utilizar los datos de los usuarios para entrenar sus modelos, Buckmaster planteó la posibilidad de que los agentes de OpenAI hubieran incorporado sus avances sin advertirlo.
OpenAI ha negado categóricamente estas acusaciones. En un comunicado, la empresa afirmó que es "imposible" que el sistema haya sido influenciado por el trabajo de Buckmaster en los últimos dos meses, asegurando que ninguna entrada de usuario posterior al 3 de julio pudo haber influenciado el sistema. Por su parte, Bubeck negó haber amenazado a Buckmaster, aunque este último relató que, al mencionar que haría pública la disputa, Bubeck le preguntó: "¿Por qué arruinarías tu carrera?".
El desenlace ocurrió el lunes por la noche, cuando Buckmaster publicó tres artículos y un tratado detallando su investigación y las interacciones con OpenAI. Horas después, el martes, OpenAI anunció oficialmente su demostración de las ecuaciones de Navier-Stokes.
A pesar de la disputa, Buckmaster destacó que el crédito intelectual principal pertenece a los matemáticos españoles Diego Córdoba y Luis Martínez-Zoroa, quienes diseñaron la estrategia original para atacar el problema hace años. Para Buckmaster, este episodio refleja un abismo cultural entre la cordialidad comunitaria de los matemáticos y la cultura agresiva de las empresas tecnológicas.
El impacto de la IA en la ciencia sigue generando interrogantes sobre el papel del ser humano. Buckmaster confesó sentirse "aterrado" al sentir que la IA lo había superado, cuestionando si el investigador ahora es simplemente un "intérprete" de resultados generados por máquinas. Mientras tanto, OpenAI ha insinuado que ya han logrado progresos sustanciales en otro de los problemas del Premio del Milenio, y que analizarán cómo compartir dichos resultados.




