La República Democrática del Congo (RDC) enfrenta una crisis sanitaria de magnitudes críticas. Las autoridades sanitarias del país han informado que el número de casos confirmados de ébola ha superado los 6.400 desde que se declarara el brote a mediados de mayo en la zona este del territorio. Con un saldo ya ascendente a 3.175 fallecidos, esta emergencia epidemiológica se ha consolidado en las últimas semanas como la más mortífera registrada en la historia de la nación africana.
De acuerdo con el último boletín emitido por el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), las cifras exactas hasta la fecha alcanzan los 6.604 casos confirmados y 3.175 defunciones. La gravedad de la situación se refleja en el reporte de las últimas 24 horas, periodo en el cual se registraron 82 nuevos contagios y nueve muertes adicionales. No obstante, el INSP también destacó que 32 pacientes han recibido el alta médica en el último día, lo que eleva la cifra total de personas recuperadas a 1.548.
El análisis estadístico proporcionado por las autoridades revela datos alarmantes sobre la agresividad del virus. La tasa de letalidad del ébola se sitúa actualmente en el 48,1%, lo que implica que casi la mitad de las personas contagiadas han fallecido. En cuanto a las labores de contención, la tasa de seguimiento de los contactos alcanza el 85,7%. El epicentro de la crisis se localiza en la provincia de Ituri, situada al noreste del país, donde se ha detectado el 80,6% del total de los contagios, concentrando así el grueso de la presión sanitaria.
Para combatir la propagación del virus Bundibugyo, la República Democrática del Congo recibirá un cargamento de 70.000 dosis de la vacuna denominada ‘Ervebo’. A pesar de la llegada de este recurso, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha mantenido una postura cautelosa, aclarando que, hasta el momento, dicha vacuna aún no ha demostrado su eficacia en humanos para combatir específicamente esta variante del virus.
La expansión geográfica del brote es considerable. Las autoridades han identificado seis provincias afectadas por la enfermedad: Ituri, Kivu Norte, Kivu Sur, Alto Uélé, Bajo Uélé y Tshopo. Esta dispersión territorial complica las labores de control y seguimiento en un entorno geográfico complejo. En contraste, la situación en el país vecino, Uganda, ha tomado un rumbo positivo. Uganda, que llegó a registrar 20 casos y dos muertes, anunció oficialmente el 27 de agosto el fin de su brote, tras completar un periodo de 42 días sin reportar nuevos casos después del alta del último paciente.
En términos comparativos, la magnitud de este brote en la RDC ya ha superado la letalidad del registrado entre los años 2018 y 2020. Las proyecciones actuales sugieren un escenario preocupante, ya que se estima que podría llegar a superar el brote ocurrido entre 2014 y 2016 en África occidental. Aquella crisis, según datos de la OMS, dejó un saldo de 28.616 casos y 11.325 fallecidos distribuidos entre Guinea, Liberia y Sierra Leona.
La República Democrática del Congo posee una trayectoria prolongada en el manejo de esta patología. De hecho, es considerada el país con mayor experiencia mundial en la gestión del virus del ébola, habiendo enfrentado más de una docena de brotes. La historia de la enfermedad en el país se remonta a 1976, cuando se identificó el virus en un doble brote que tuvo uno de sus epicentros en la localidad de Yambuku. Fue precisamente allí, a orillas del río Ébola, donde la enfermedad tomó su nombre. Recientemente, el país también había gestionado otra crisis sanitaria en Kasai, donde se decretó el fin del brote en diciembre de 2025.






