ÚLTIMA HORA

Cobertura 24 h · Redacción propia · viernes, 23 de octubre de 2026 · App oficial en Google Play

Menú

La pobreza crónica acelera el deterioro cerebral: un estudio revela el impacto de la precariedad económica

Un trabajo de University College London siguió por más de 50 años a 2.759 británicos y halló menor rendimiento mental a los 53 y señales de deterioro entre los 69 y 71

Audionoticia

Escucha el reporte completo

La pobreza crónica acelera el deterioro cerebral: un estudio revela el impacto de la precariedad económica

La pobreza no es solo una carencia de recursos materiales, sino un factor que puede alterar la estructura y el funcionamiento del cerebro humano. Un exhaustivo estudio liderado por el University College London (UCL) ha revelado que las personas que atraviesan dificultades económicas de manera prolongada durante su etapa adulta presentan resultados cognitivos significativamente peores y signos evidentes de menor salud cerebral en la vejez.

Los hallazgos, publicados recientemente en la revista científica Innovation in Aging, se basan en un seguimiento riguroso de más de cinco décadas realizado a 2.759 personas en el Reino Unido. Este trabajo se enmarca en el MRC National Survey of Health and Development, conocido también como la cohorte británica de 1946. Esta investigación es reconocida como el estudio de nacimientos en curso más extenso del mundo, lo que permitió a los científicos analizar la evolución de los participantes a lo largo de toda su vida adulta.

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores rastrearon la situación financiera de los voluntarios en tres hitos temporales fundamentales: a los 26, 43 y 53 años. Esta metodología permitió cruzar la estabilidad económica con el estado cognitivo y la salud cerebral evaluada décadas después. Jacques Wels, investigador del departamento de Salud y Envejecimiento a lo Largo de la Vida de UCL, destacó la importancia de analizar la acumulación de adversidades. Según Wels, mientras que la mayoría de los estudios previos se centraban en la situación económica en un único momento, este análisis demuestra que es la pobreza sostenida, y no los episodios ocasionales de crisis, lo que se vincula con el deterioro cognitivo.

El estudio definió la categoría de "ingreso persistentemente bajo" para aquellos individuos que se mantuvieron dentro del 20% más pobre del grupo en al menos dos de las tres mediciones realizadas. Bajo este criterio, aproximadamente el 16% de los participantes, es decir, uno de cada seis, entró en esta clasificación. Paralelamente, se midieron las dificultades económicas cotidianas mediante encuestas sobre la capacidad de gestionar gastos y el pago de facturas. En este sentido, cerca del 12% de los encuestados —uno de cada ocho— reportó haber acumulado este tipo de presión financiera al menos dos veces entre los 36 y los 53 años.

Los resultados fueron consistentes: ambas condiciones —tanto el bajo ingreso persistente como la presión financiera diaria— se asociaron con peores marcadores cognitivos y cerebrales. Es relevante señalar que esta relación se mantuvo incluso después de que el equipo de investigación ajustara los datos considerando factores como la capacidad cognitiva durante la infancia, el nivel educativo y las desventajas sufridas en los primeros años de vida, lo que refuerza la idea de que la pobreza en la adultez tiene un impacto independiente.

El equipo de la UCL propuso dos mecanismos principales para explicar cómo la precariedad económica afecta al cerebro. El primero es la inflamación crónica; el estrés prolongado derivado de la falta de recursos activa procesos inflamatorios que aceleran el envejecimiento del tejido cerebral. El segundo factor es la llamada "carga cognitiva". La preocupación constante por las cuentas, las facturas y la supervivencia diaria consume recursos mentales significativos, dejando menos capacidad cognitiva disponible para otras funciones esenciales.

Un hallazgo particularmente llamativo se registró en las pruebas de memoria. Si bien las personas con dificultades económicas mostraron peores resultados cognitivos a los 53 años, su rendimiento en memoria declinó más lentamente entre los 53 y los 69 años en comparación con otros grupos. Los investigadores sugieren que esto ocurre porque estas personas ya habían sufrido una pérdida cognitiva considerable para los 53 años, reduciendo el margen para registrar una caída adicional tan pronunciada en las etapas posteriores.

Para profundizar en los daños físicos, un subgrupo de participantes fue sometido a resonancias magnéticas. Los resultados mostraron una mayor atrofia cerebral y una expansión más marcada de los ventrículos, que son las cavidades llenas de líquido dentro del cerebro. Ambos signos son indicadores clínicos de una salud cerebral deteriorada.

El estudio también identificó que el impacto de la adversidad financiera fue más intenso en tres grupos específicos: los hombres, las personas que ya habían enfrentado desventajas en la infancia y aquellos portadores de la variante genética APOE-ε4, la cual está vinculada a un mayor riesgo de desarrollar Alzheimer. En particular, los varones con pobreza persistente obtuvieron peores puntajes cognitivos a los 53 años que las mujeres en situaciones económicas similares.

Sobre esta diferencia de género, los autores plantearon hipótesis relacionadas con el contexto social y conductual. Por un lado, es posible que los hombres en situación de vulnerabilidad estuvieran más expuestos a hábitos perjudiciales, como el tabaquismo o el consumo problemático de alcohol. Por otro lado, considerando que la cohorte nació en 1946, los varones solían ser el principal sostén económico del hogar, lo que podría haber intensificado la presión psicológica y el estrés subjetivo derivado de la precariedad financiera.

Finalmente, la profesora Praveetha Patalay, también de la UCL, enfatizó que estos resultados tienen implicaciones directas para las políticas públicas. La investigación sugiere que combatir la pobreza crónica y proporcionar apoyo a las personas en vulnerabilidad económica no es solo una cuestión de justicia social, sino una herramienta efectiva de prevención contra el deterioro cognitivo y la demencia. El estudio, financiado por el Consejo de Investigación Médica del Reino Unido, seguirá monitoreando a los participantes hasta que alcancen los 80 años para ampliar el conocimiento sobre este fenómeno.

Esta nota fue producida por la redacción de Noticias.lat: verificamos la información en fuentes públicas y la reescribimos con nuestro criterio editorial. No republicamos textos de terceros.

Cobertura en Video