El fenómeno de El Niño ha comenzado a ejercer una incidencia directa y negativa sobre la actividad atunera en Ecuador. El calentamiento de las aguas del Océano Pacífico ha modificado la distribución de nutrientes esenciales, alterando las condiciones ambientales que normalmente permiten la concentración de diversas especies marinas frente a las costas ecuatorianas.
Este cambio térmico no se limita únicamente a la superficie del mar. Mediciones efectuadas frente a la provincia de Santa Elena revelan un incremento de la temperatura también en las profundidades, lo que ha provocado que los pescadores reporten una presencia significativamente menor de atún en las zonas donde tradicionalmente desarrollaban sus faenas.
La situación ha desencadenado un efecto en cadena para toda la industria. Debido a la escasez del recurso en las zonas habituales, los barcos se ven obligados a ampliar sus recorridos y permanecer más tiempo en alta mar. Esta prolongación de las jornadas implica un mayor consumo de combustible para localizar los ejemplares, mientras que, simultáneamente, las plantas procesadoras reciben una cantidad reducida de materia prima.
Para comprender la raíz del problema, es necesario analizar el ecosistema marino. Félix Morales, biólogo Ph. D. en Oceanografía y docente de la Espol, explicó que, en condiciones normales, los vientos alisios desplazan el agua superficial desde América hacia Asia, lo que permite que agua fría y rica en nutrientes ascienda desde las profundidades hacia la superficie frente a Ecuador y Perú. Este proceso sostiene la presencia de fitoplancton, alimento base del zooplancton, que a su vez sustenta a las especies de peces.
Sin embargo, el fenómeno de El Niño debilita estos vientos alisios, permitiendo que la contracorriente ecuatorial gane fuerza y desplace agua caliente hacia las costas ecuatorianas. Como resultado, disminuye el aporte de nutrientes desde el fondo marino, reduciendo la cantidad de fitoplancton y zooplancton, lo que modifica la disponibilidad de alimento y, por ende, la ubicación de los peces. Según Morales, esto no implica la desaparición de las especies, sino que estas se desplazan hacia sectores con temperaturas más adecuadas o cambian su profundidad.
Ecuador declaró oficialmente la presencia de El Niño el 29 de agosto de 2026, tras la identificación de condiciones cálidas sostenidas en el Pacífico por parte del Erfen. Datos obtenidos por el Cenaim-Espol en la estación oceanográfica "El Pelado" el 27 de agosto de 2026, mostraron una temperatura superficial de 26,8 °C, lo que representa una anomalía de +2,6 °C sobre el promedio. A 44 metros de profundidad, la anomalía térmica fue aún más severa, alcanzando los +5,4 °C.
Este escenario afecta gravemente a las especies clave de la pesca industrial, como el barrilete (skipjack), el aleta amarilla (yellowfin) y el patudo (ojo grande). Bruno Leone, presidente de la Cámara Nacional de Pesquería, señaló que cifras de la Comisión Interamericana del Atún Tropical (CIAT) indican una disminución cercana al 16 % en la pesquería total del Pacífico oriental. Para Ecuador, la situación es más crítica con el atún barrilete, la especie principal de la flota nacional y base de la industria de conservas, que registra una reducción cercana al 37 %.
El impacto operativo es evidente en puertos como Manta. George Pinto, armador pesquero, aseguró que las capturas han disminuido en más del 50 % y que los ejemplares encontrados son de tallas pequeñas. Anteriormente, la flota operaba entre las 300 y 700 millas de la costa; ahora, deben navegar distancias mucho mayores para hallar aguas más frías donde aún existan atunes y especies acompañantes como el dorado, el espada y el picudo.
Este incremento en la distancia, sumado al alza en los precios del combustible y otros insumos, ha elevado los costos de cada faena. Asimismo, el valor del producto se ha visto afectado por la baja disponibilidad y la dinámica de oferta y demanda: una tonelada de atún congelado, que antes costaba USD 1.700, ahora supera los USD 2.200.
En términos macroeconómicos, la Cámara Nacional de Pesquería estima que, mientras en 2025 se capturaron aproximadamente 450.000 toneladas de atún, para 2026 el volumen podría cerrar en 360.000 toneladas, una diferencia de 90.000 toneladas. Considerando que el 80 % de la producción se exporta, generando entre USD 1.700 y USD 2.000 millones anuales en lomos y conservas, la caída en las capturas repercute en toda la cadena: desde armadores y trabajadores hasta plantas procesadoras y compradores internacionales.
Finalmente, Luigi Benincasa, presidente de la Asociación de Atuneros del Ecuador (Atunec), confirmó que el descenso de las capturas se ha intensificado en los últimos meses de 2026. El sector se encuentra coordinando con la CIAT para revisar el escenario y ajustar las estrategias de operación, distanza y tiempos de faena ante la posibilidad de que las condiciones oceánicas adversas se prolonguen en el tiempo.






