En una reciente intervención en el espacio La Fórmula Podcast, el cardiólogo especialista en longevidad, Daniel Pérez, analizó la transición necesaria de la medicina convencional hacia un modelo preventivo. El profesional explicó que, si bien la medicina tradicional ha logrado duplicar la esperanza de vida en los últimos cien años, permitiendo que muchas personas superen los 80 años, este logro no siempre ha ido acompañado de una calidad de vida adecuada.
Según Pérez, la medicina convencional es sumamente efectiva para tratar enfermedades agudas y prolongar la vida en situaciones críticas, como en el caso de un infarto agudo donde es vital destapar una arteria rápidamente. Sin embargo, el médico señala que este enfoque es predominantemente curativo y no preventivo. El especialista advierte que las enfermedades crónicas no surgen de forma repentina, sino que se gestan durante años. Citó el ejemplo de pacientes que, habiendo sido recuperados de cirugías cardiovasculares complejas, presentaban procesos ateroscleróticos extensos que podrían haberse abordado de manera precoz si se hubieran corregido factores sencillos en etapas tempranas.
Para el Dr. Pérez, el envejecimiento podría llegar a considerarse una enfermedad, dado que hoy se conocen sus bases celulares y moleculares. El proceso está marcado por los llamados "hallmarks of aging" o sellos del envejecimiento, que incluyen doce alteraciones como la inestabilidad genómica, el acortamiento de los telómeros, la acumulación de células senescentes (conocidas como "células zombis") y la inflamación crónica de bajo grado, fenómeno denominado "inflammaging". Estas células senescentes, al no morir y segregar sustancias proinflamatorias, afectan a las células circundantes, acelerando el deterioro orgánico.
Frente a este panorama, el cardiólogo sostiene que, aunque el tiempo no se puede modificar, sí es posible enlentecer el ritmo del envejecimiento mediante hábitos sostenibles. El profesional destacó que no existe una "pastilla mágica" que reemplace el estilo de vida saludable. En su lugar, propone cinco pilares fundamentales: la actividad física, la alimentación, el sueño, la gestión del estrés y el mantenimiento de vínculos sociales sólidos.
En cuanto a la actividad física, Pérez resaltó la importancia de la VO2 máx como un biomarcador funcional con un alto valor predictivo de mortalidad. Mencionó estudios que indican que las personas con la capacidad cardiorrespiratoria más baja tienen cinco veces más probabilidades de morir prematuramente que aquellas con niveles altos. Para mejorar este indicador, recomienda combinar la actividad aeróbica con intervalos de alta intensidad. Asimismo, señaló que el sedentarismo es un factor de riesgo tan relevante como el tabaquismo o la diabetes, pero que cualquier inicio de actividad física, por pequeño que sea, modifica sustancialmente las curvas de mortalidad.
Respecto a la alimentación, el médico aboga por un patrón nutricional sostenible en lugar de dietas restrictivas temporales. Recomienda la dieta mediterránea, rica en verduras, legumbres, frutos secos y aceite de oliva, limitando el consumo de carnes rojas y priorizando el pescado. Subrayó la necesidad de evitar ultraprocesados, azúcares y harinas refinadas que fomentan la inflamación crónica. Para lograr la adherencia, sugiere la regla del 80/20: mantener hábitos saludables el 80% del tiempo y permitir flexibilidad el 20% restante.
Sobre el bienestar mental y social, el especialista aclaró que la gestión del estrés es un proceso complejo que va más allá del mindfulness, y destacó que los vínculos afectivos y tener un propósito de vida están científicamente relacionados con una mayor sobrevida. En relación al sueño, aconsejó observar los patrones generales a largo plazo en lugar de obsesionarse con una mala noche puntual, evitando generar un estrés adicional.
Finalmente, el Dr. Pérez abordó los avances en medicina de precisión y regenerativa. Mencionó las investigaciones de David Sinclair en la Universidad de Harvard sobre la reprogramación celular parcial utilizando los factores de Yamanaka, los cuales han logrado rejuvenecer células y recuperar la vista en ratones. Informó que ya se ha iniciado el primer protocolo en humanos, aprobado por la FDA, enfocado en el área oftalmológica. El médico estimó que este tipo de terapias para frenar el envejecimiento podrían estar disponibles en la práctica clínica en menos de diez años, impulsadas en gran medida por la inteligencia artificial.






