La República Dominicana se encuentra en un momento crítico de evaluación respecto a su seguridad hídrica en el sector agropecuario. Esta situación fue el eje central del diálogo titulado “Sequía agrícola en República Dominicana: momento actual y perspectivas”, un encuentro estratégico organizado por la Confederación Nacional de Productores Agropecuarios (Confenagro). El evento contó con la participación de figuras clave de instituciones nacionales e internacionales, incluyendo representantes del Ministerio de Agricultura, el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
Durante el desarrollo del encuentro, Digna Zorrilla, subdirectora del Departamento de Gestión Agroambiental, Riesgo y Cambio Climático del Ministerio de Agricultura, detalló que el Gobierno dominicano, a través de las instituciones competentes, mantiene un seguimiento riguroso y constante tanto a la disponibilidad de los recursos hídricos como a las condiciones climáticas que afectan el territorio nacional. Este monitoreo es fundamental para anticipar los efectos de la escasez de agua en los cultivos y la ganadería.
Sin embargo, Zorrilla lanzó una advertencia significativa sobre el futuro próximo. Según las proyecciones analizadas, el escenario climático podría tornarse considerablemente más complejo para el año 2027, debido a los efectos asociados al fenómeno de El Niño. Ante esta amenaza latente, la funcionaria instó a los productores agropecuarios a no esperar a que la crisis se manifieste plenamente, sino a adoptar medidas de prevención desde el presente. Entre las recomendaciones específicas, Zorrilla destacó la importancia de invertir en la construcción de pozos, permitiendo así que las parcelas cuenten con fuentes de agua independientes y seguras frente a la irregularidad de las lluvias.
Por su parte, el IICA aportó una visión estructural sobre la gestión del agua. Gina Rosario, coordinadora técnica de dicha institución, sostuvo que es imperativo cambiar la narrativa y el enfoque con el que se aborda el déficit hídrico. Según Rosario, la falta de agua ya no debe ser gestionada como una situación de emergencia ocasional o un evento aislado, sino que debe ser reconocida como un riesgo recurrente. Este cambio de paradigma exige el diseño e implementación de políticas permanentes que se centren en tres ejes fundamentales: la mitigación, la preparación y la recuperación resiliente.
En este sentido, Rosario enfatizó que la capacidad de resistencia de los productores y del sistema alimentario nacional debe construirse preventivamente. Para la coordinadora del IICA, la resiliencia no se logra durante la crisis, sino antes de que esta ocurra. Esto implica realizar inversiones estratégicas en el capital natural y ejecutar medidas anticipatorias que garanticen que la seguridad alimentaria del país no se vea comprometida por los ciclos de sequía.
Aportando la perspectiva de la FAO, Eleanor Ramírez, especialista en Resiliencia y Gestión del Riesgo Agroclimático, señaló que el panorama actual de la República Dominicana exige un nivel de preparación mucho mayor. Ramírez subrayó que los efectos de la falta de lluvias no son uniformes, ya que varían significativamente dependiendo de las características específicas y las condiciones particulares de cada productor, lo que obliga a diseñar estrategias adaptadas a la realidad de cada zona.
Para dimensionar la importancia de estas medidas, Ramírez recordó que la agricultura representa el 6,4 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) dominicano. Esta cifra pone de relieve que cualquier afectación severa en el campo tiene repercusiones directas en la economía nacional. En consecuencia, destacó que las inversiones en infraestructura y gestión del riesgo permiten proteger no solo la producción masiva de alimentos, sino también los medios de vida y el sustento de miles de personas que dependen directamente de la actividad agropecuaria.
Finalmente, las expertas del Ministerio de Agricultura, el IICA y la FAO coincidieron en un punto fundamental: la evolución gradual de la sequía representa, paradójicamente, una oportunidad. Al no tratarse de un colapso repentino, existe un margen de tiempo para actuar y ejecutar planes de contingencia antes de que el fenómeno alcance dimensiones de emergencia crítica. Asimismo, resaltaron que cualquier estrategia de respuesta exitosa debe situar a los productores agropecuarios como los actores centrales, asegurando que las soluciones sean prácticas, inclusivas y sostenibles en el tiempo.






