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Olvidos en la vejez: ¿Cómo diferenciar el envejecimiento normal de una demencia?

Los fallos ocasionales de memoria suelen preocupar a quienes envejecen, aunque en la mayoría de los casos no representan enfermedades neurodegenerativas y solo requieren atención médica si afectan la autonomía o alteran la vida diaria

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Olvidos en la vejez: ¿Cómo diferenciar el envejecimiento normal de una demencia?

En las consultas médicas destinadas a los adultos mayores, una de las inquietudes más recurrentes y persistentes es la pérdida de memoria. Ante este escenario, el geriatra Carlos Sandoval, en una entrevista concedida a Radio Exitosa, ha brindado claridad sobre un punto fundamental: no todos los olvidos en la tercera edad son sinónimo de Alzheimer o demencia. Según el especialista, existen los llamados "olvidos benignos", los cuales forman parte natural del proceso de envejecimiento y no representan necesariamente una patología.

Para el doctor Sandoval, la distinción crítica entre un proceso normal y uno patológico radica en la intensidad de los episodios y, sobre todo, en sus consecuencias funcionales. Es habitual y esperado que una persona mayor olvide ocasionalmente dónde dejó un objeto o que le cueste recordar el nombre de alguien. Estos incidentes, por sí solos, no implican una enfermedad. Sin embargo, la situación cambia de categoría cuando estos olvidos dejan de ser eventos esporádicos y comienzan a comprometer la autonomía del individuo. El médico señaló que señales de alerta claras aparecen cuando el paciente no recuerda si ya desayunó o almorzó, o cuando pierde la capacidad de organizar las actividades más sencillas de su vida cotidiana.

Sobre el funcionamiento cerebral, Sandoval explicó que el cerebro recibe información de manera constante y tiene la capacidad de filtrar, reteniendo únicamente aquello que considera más valioso. En este sentido, es frecuente observar que los adultos mayores conservan con total nitidez recuerdos de hechos ocurridos hace décadas, mientras que enfrentan dificultades para incorporar y registrar datos recientes. Esta capacidad reducida para adquirir nueva información tiende a incrementarse con la edad, aunque el especialista aclaró que este fenómeno no es exclusivo de la vejez; puso como ejemplo a los niños, quienes aprenden idiomas o nuevas destrezas con mucha más facilidad que un adulto joven o una persona de mediana edad.

Un aspecto crítico resaltado por el geriatra es el riesgo de la automedicación. Muchos adultos mayores, impulsados por el temor al "famoso Alzheimer", recurren al consumo de vitaminas o a los denominados "irrigadores cerebrales" sin supervisión. Sandoval advirtió que no es correcto iniciar estos tratamientos sin una evaluación clínica previa. El protocolo adecuado debe comenzar con un chequeo general que incluya análisis de hemoglobina, glucosa, colesterol, perfil hepático y función tiroidea, además de medir los niveles de vitamina B12 y vitamina D.

El médico enfatizó que síntomas que a menudo se confunden con deterioro cognitivo, tales como la somnolencia, la lentitud o el cansancio, pueden tener un origen en alteraciones metabólicas y no necesariamente en trastornos neurodegenerativos. Una vez completado el análisis clínico y de laboratorio, los geriatras proceden a aplicar pruebas cognitivas diseñadas para medir el juicio, el cálculo y la memoria. En este punto, Sandoval advirtió que una persona puede proyectar una apariencia de lucidez en la conversación, pero mostrar un deterioro evidente al momento de responder preguntas básicas en las pruebas psicométricas.

Para facilitar la comprensión de esta problemática, el especialista organizó el deterioro de la memoria en tres niveles diferenciados. El primero son los olvidos benignos, donde las fallas son esporádicas y no alteran la rutina diaria. El segundo nivel es el deterioro cognitivo, donde los episodios son más frecuentes y notorios, aunque el individuo aún mantiene su independencia. Finalmente, el tercer nivel es la demencia, caracterizada por una pérdida evidente de la autonomía.

La señal de alarma definitiva ocurre cuando los olvidos alteran la orientación del paciente, afectan el reconocimiento de sus familiares o anulan su capacidad para realizar tareas básicas como hacer compras o desplazarse por la calle. Sandoval ejemplificó que una persona con deterioro cognitivo aún puede salir sola a la panadería si lleva una lista y regresar a casa; en cambio, en la demencia, la persona ya no puede desenvolverse sin la ayuda de terceros.

Entre los signos de alerta más graves, el médico mencionó casos donde una madre no reconoce a su propio hijo y pregunta "¿quién es usted?", o situaciones en las que se colocan objetos en lugares totalmente inadecuados, como guardar zapatos en el refrigerador o una botella de leche en el armario. Respecto a la consulta de una oyente sobre su padre de 94 años que niega haber desayunado a pesar de haberlo hecho, Sandoval indicó que esto podría tratarse de un deterioro cognitivo que requiere pruebas psicométricas para descartar una demencia.

Finalmente, el doctor Sandoval abordó la relación entre la artritis reumatoide y la memoria, aclarando que son patologías independientes. Explicó que la artritis es una enfermedad autoinmune que afecta articulaciones y puede comprometer órganos como el corazón, los pulmones y los riñones. Aunque en los años 90 se hipotetizó que los antiinflamatorios podrían proteger contra el Alzheimer debido al depósito de amiloide en el cerebro, el especialista remarcó que esto no justifica el uso preventivo de ibuprofeno o diclofenaco, reiterando que se trata de condiciones médicas distintas.

El mensaje central del especialista es que los olvidos benignos no deben generar alarma mientras no interfieran con la autonomía del adulto mayor, y que el diagnóstico correcto solo puede lograrse mediante una evaluación clínica integral y pruebas específicas, diferenciando así la distracción crónica de un verdadero deterioro cognitivo.

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