Sarah-Jane Hoadley, una limpiadora profesional residente en Windsor, Inglaterra, ha convertido su vida cotidiana en un fenómeno digital. Desde su pequeño estudio, Hoadley documenta su realidad como una mujer de cuarenta y tantos años que vive soltera y sin amigos. A través de sus cuentas @dramafreediaries en TikTok e Instagram, comparte rutinas sencillas: preparar café instantáneo, desplazarse en bicicleta hacia sus clientes y pasar las noches acurrucada con su gato frente al televisor. Este contenido ha resonado masivamente, acumulando 100 millones de visualizaciones y 500.000 seguidores desde enero.
Hoadley es parte de una tendencia creciente de creadoras de contenido denominadas "influencers de la soledad". Estas mujeres aceptan y muestran su vida en solitario, un estilo de vida que, según la Dra. Lauren Cook, psicóloga clínica de California, es más compartido por mujeres debido a que enfrentan un menor estigma social en torno a la salud mental que los hombres. Para Hoadley, esta soledad no es una carencia; afirma que, aunque no recibe mensajes ni llamadas desde el viernes hasta el lunes, no siente que le falte nada, habiendo encontrado la paz en sus momentos cotidianos.
Sin embargo, el auge de este contenido ha generado un intenso debate entre expertos y usuarios. Por un lado, algunos sostienen que estas publicaciones fomentan el amor propio y la autonomía. Por otro lado, críticos como Phil Lane, psicoterapeuta de Nueva Jersey, advierten que se está proyectando una imagen excesivamente romántica de la soledad. Lane expresa su preocupación por los nativos digitales, específicamente la Generación Z —considerada la generación más solitaria—, quienes podrían adoptar una hiperindependencia nociva al consumir este tipo de material.
La preocupación no es menor, ya que la Organización Mundial de la Salud ha convertido la soledad en una prioridad de salud global. La ciencia respalda la gravedad del aislamiento social; un estudio de 2023 reveló que las personas socialmente aisladas tienen un 32 % más de probabilidades de morir prematuramente. Asimismo, quienes manifiestan sentirse solos presentan un riesgo 14 % mayor de muerte prematura. La Dra. Julianne Holt-Lunstad, profesora de la Universidad Brigham Young, aclara que existe una diferencia crucial: el aislamiento social es la falta de contacto físico, mientras que la soledad es la discrepancia emocional entre la conexión social deseada y la real.
A pesar de los riesgos, algunos expertos sugieren que el impacto depende de la intención del espectador y del creador. La Dra. Cook señala que si la soledad surge de una búsqueda de paz y restauración, puede ser maravillosa, pero si es una evasión por miedo a la vulnerabilidad o a nuevas relaciones, es motivo de preocupación. Para creadoras como Hoadley, este camino no fue una elección caprichosa, sino una herramienta de supervivencia. Ella reveló que encontrar la paz a solas le permitió recuperar su autonomía tras sobrevivir a situaciones de violencia doméstica, donde anteriormente sus deseos estaban subordinados a los de su expareja.
Otro ejemplo es el de Tess Lavanda, una joven de 22 años radicada en Londres, quien comenzó a grabar videodiarios sobre sus miedos en situaciones sociales y la vergüenza de salir sola. Sus publicaciones han ayudado a miles de personas a sentirse identificadas y normalizar la experiencia de no tener compañía inmediata. Para Lavanda, aceptar la soledad en lugar de odiarla ha sido clave para aumentar su confianza y encontrar aspectos positivos en la vida.
Paradójicamente, la exposición de su soledad en redes sociales ha terminado rompiendo el aislamiento físico de Hoadley. Su visibilidad digital la convirtió en un rostro conocido en su vecindario, facilitando interacciones presenciales con desconocidos que antes eran poco comunes para ella. Hoadley describe esta comunidad digital y local como si tuviera "un montón de amigos".
Finalmente, los profesionales coinciden en que la clave reside en el equilibrio. El objetivo es que las personas se sientan cómodas y disfruten de su tiempo a solas, pero que mantengan simultáneamente el deseo y la capacidad de socializar y cultivar relaciones con los demás, evitando que la soledad se vuelva un estado crónico y perjudicial para la salud física y mental.






