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Milei y el espejo de Moisés: tensiones internas y disonancias económicas en el Gobierno

Eligió un tono combativo para defender su gestión a contramano de los planes de su mesa política; el relato que choca con los datos, la vuelta del insulto sistemático y el riesgo de agredir a sus votantes - LA NACION

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Milei y el espejo de Moisés: tensiones internas y disonancias económicas en el Gobierno

El presidente Javier Milei ha encontrado en la gesta bíblica de Moisés el reflejo de su propia trayectoria en el poder. Al inicio de su gestión, recurrió frecuentemente a este relato para solicitar fe en su plan de ajuste, planteando que el país debía cruzar el Mar Rojo y atravesar el desierto para alcanzar la Tierra Prometida. Sin embargo, con el paso del tiempo, esta metáfora se ha tornado amarga. Recientemente, el mandatario recordó que el libertador de Israel fue criticado por todo, incluso por sus horarios, una elección de pasaje que revela el ánimo actual del Presidente: un sentimiento de incomprensión y enojo hacia quienes, habiéndolo seguido, ahora dudan de su camino, aunque él mantiene una certeza ciega en su perseverancia.

Tras diez días de aislamiento en la residencia de Olivos, Milei reapareció con un tono enfurecido, recurriendo al insulto y al desprecio hacia cualquier opinión o dato estadístico que contraste con su visión. Durante sus intervenciones, se plantó firmemente contra los pedidos de empatía hacia los sectores sociales que sufren un deterioro en su calidad de vida, asegurando que la economía “está volando”. En sus discursos, sostuvo que no caen los salarios, que no hay cierre de empresas y que la inflación ya comienza con cero, sugiriendo que los deudores morosos deben responsabilizarse por sus propias malas decisiones.

Sus recientes discursos en el hotel Alvear y en Rosario lo posicionaron como un “electrón libre” dentro de su propio gobierno. El mandatario actúa bajo una lógica propia que desafía las estrategias trazadas por la mesa política, presidida por su hermana Karina Milei, quien busca enfrentar el deterioro de la confianza popular. Milei ha expresado a sus colaboradores que no aceptará la “hipocresía” de que la gente no llegue a fin de mes, rechazando tratar a los votantes como “menores de edad” y enfatizando que, a diferencia de Mauricio Macri, él no gobierna mirando las encuestas.

Esta disonancia quedó expuesta durante el acto de homenaje a San Martín, donde el Presidente leyó un texto protocolar preparado por la oficina de discursos de Santiago Caputo. En dicho texto se incluyó una frase que sugería autocrítica: “Si la libertad no muestra sus frutos, que son el bienestar y la prosperidad económica, la ciudadanía se olvida de su valor”. Patricia Bullrich respaldó este concepto pidiendo más velocidad en los resultados. No obstante, Milei manifestó su inconformidad posterior, tanto por la interpretación de sus palabras como por las imágenes difundidas en redes sociales sobre su forma de caminar, afectada por dolores de espalda. Para evitar esto, en la cumbre del Council of the Americas se dispuso un operativo para que las cámaras no transmitieran sus movimientos al llegar.

En el Hotel Alvear, Milei presentó un discurso preparado sin intervenciones ajenas para explicar su visión del crecimiento económico. En este marco, brindó un respaldo monolítico a Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación, a quien la mesa política había intentado ponerle límites tras derrotas legislativas y conflictos sindicales. Milei calificó de “corruptos” y “chorros” a quienes criticaban la gestión de Sturzenegger, impulsando la continuidad de sus reformas.

Sin embargo, el Presidente chocó con la realidad de los datos. Mientras celebraba que la inflación de agosto comenzara con cero, el dato que utilizó fue el 0,8% de la inflación mayorista de julio, mientras que el registro minorista fue de 2,1% y se espera que agosto cierre en torno al 2%. Asimismo, negó el cierre de empresas, a pesar de que el dato oficial indica 30.633 firmas menos durante su mandato. Sobre el empleo, mencionó una supuesta apertura de empresas con más empleados que compensara los cierres, pero el Indec muestra un crecimiento del desempleo, pasando del 5,7% al 7,8%.

El tono del mandatario fue especialmente duro con los empresarios, considerando “divertido” el cierre de la fábrica de neumáticos Fate y afirmando que los “hijos de puta prebendarios tienen que quebrar”. Incluso vinculó las dificultades de su programa con la despenalización del aborto, argumentando que afecta la tasa de natalidad necesaria para la reposición de la población. Además, negó la caída salarial general, limitándola a los empleados estatales y justificándola bajo la premisa de que, si el Estado se achica, los salarios públicos deben caer.

Finalmente, la descoordinación gubernamental se hizo evidente en el caso de Fernando Cerimedo. Mientras la Casa Rosada y el jefe de Gabinete, Diego Santilli, se esforzaban por desvincularlo del Gobierno, Milei replicó mensajes en redes sociales cuestionando la acusación de atentado contra la novia de Cerimedo, para luego dar un giro el sábado y sugerirlo como agente del castrochavismo. Esta volatilidad discursiva, sumada a la lógica de “yo o el caos”, ha contribuido al alza del riesgo país, mientras el Presidente continúa enfrentándose a la política y la demoscopia, sintiéndose un outsider incluso entre los suyos.

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