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El ascenso de Karina Milei: Cómo "El Jefe" rediseñó el mapa del poder en el Gobierno

A su tradicional papel de guardiana de Javier Milei, Karina le sumó más ingredientes y acciones, y consolida su rol de gran ordenadora política del oficialismo. Desde su despacho controla el partido, supervisa las decisiones del Gabinete y participa de las negociaciones con gobernadores y aliados. El Jefe despliega sus diferentes estrategias siempre guiada por un claro objetivo: construir las condiciones para lograr la reelección presidencial en los comicios de 2027. Leer más

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El ascenso de Karina Milei: Cómo "El Jefe" rediseñó el mapa del poder en el Gobierno

Dentro de la estructura del gobierno libertario, el ejercicio del poder ha dejado de seguir los lineamientos de un organigrama tradicional. Si bien existen ministros, secretarios, asesores y dirigentes partidarios que ocupan casilleros formales en la administración, las decisiones más sensibles y estratégicas transitan por un circuito paralelo. En el centro de este esquema se encuentra una figura cuya gravitación es única: Karina Milei, quien se desempeña como secretaria general de la Presidencia y presidenta de La Libertad Avanza (LLA), además de ser la persona que goza de la confianza más íntima del Presidente Javier Milei.

Bautizada como “El Jefe” por el propio mandatario, Karina Milei ha experimentado una evolución marcada en su rol. Aquella función inicial de custodiar a su hermano se ha transformado en la administración de una porción cada vez más amplia del poder político del país. Este desplazamiento no fue repentino, sino un proceso gradual de expansión de influencia.

En la etapa inicial de la gestión, el poder se distribuía en lo que se denominó el “triángulo de hierro”, compuesto por los hermanos Milei y Santiago Caputo. En aquel momento, las responsabilidades estaban delimitadas: Karina se encargaba del armado territorial y partidario, mientras que Caputo se enfocaba en la estrategia y en diversos resortes de la gestión gubernamental. Sin embargo, con el paso del tiempo, estas fronteras comenzaron a desdibujarse. La secretaria general avanzó sobre otras áreas de decisión, consolidando una red de influencia propia que incluye a figuras como Eduardo “Lule” Menem, Martín Menem y diversos dirigentes que responden directamente a su conducción partidaria.

Este proceso de consolidación fue acompañado por una transformación estructural de La Libertad Avanza. El espacio nació como una fuerza impulsada primordialmente por la popularidad de Javier Milei, pero Karina se propuso convertir ese fenómeno en una organización con sello propio. Para lograrlo, se apoyó en operadores clave, encontrando en Lule Menem a uno de sus principales aliados y en Sebastián Pareja a una pieza fundamental para el armado político en la provincia de Buenos Aires.

No obstante, esta construcción territorial no estuvo exenta de fricciones. El crecimiento de la estructura liderada por Karina provocó choques con el sector identificado como “Las Fuerzas del Cielo”, vinculado a Santiago Caputo. Las tensiones se hicieron evidentes especialmente al momento de definir espacios y candidaturas.

La disputa dejó de ser un conflicto subterráneo en mayo de este año, cuando el enfrentamiento entre el sector de Caputo y el de Karina escaló hasta las redes sociales, teniendo a Martín Menem como uno de los protagonistas. El episodio generó alarmas internas, llevando a algunos funcionarios a solicitar la intervención directa del Presidente para detener una disputa que ya no podía ser catalogada como una simple diferencia entre colaboradores.

A pesar de estas tensiones, el enfrentamiento no arrojó un ganador absoluto. Santiago Caputo mantuvo su influencia en áreas estratégicas, mientras que Karina continuó ampliando su intervención en la política cotidiana. En agosto, volvieron a surgir cortocircuitos relacionados con el organismo de inteligencia, tras una reasignación presupuestaria que otorgó nuevos fondos a dicha oficina. Esta situación evidenció que, si bien la convivencia entre ambos sectores puede resultar funcional, no es necesariamente armónica.

Paralelamente, se ha advertido un giro hacia el pragmatismo en la gestión de Karina Milei. La secretaria general ha comprendido que la construcción de un partido difiere de la tarea de garantizar la gobernabilidad y preparar el terreno para una reelección presidencial. Este aprendizaje la llevó a abrir canales de comunicación con gobernadores y dirigentes que originalmente no formaban parte del universo libertario. La premisa es clara: para sostener el proyecto de Javier Milei más allá de 2027, es indispensable contar con votos, estructura territorial y acuerdos que superen el núcleo duro del movimiento.

Este cambio de enfoque modificó la dinámica de la mesa política oficialista. Actualmente, Karina se ubica en el centro de un espacio donde convergen perfiles diversos, tales como el jefe de Gabinete, Diego Santilli, Luis Caputo, Patricia Bullrich, Martín Menem, Lule Menem, Santiago Caputo y otros funcionarios encargados de coordinar las prioridades de la Casa Rosada con el Congreso. En este grupo, más que una homogeneidad ideológica, prevalece la necesidad compartida de alcanzar las mayorías legislativas que el Gobierno no posee por cuenta propia.

En este contexto, la mirada ya está puesta en 2027. La posibilidad de la reelección de Javier Milei es el eje que ordena gran parte de las decisiones políticas actuales. Mientras que Karina Milei pretende negociar provincia por provincia y construir acuerdos adaptados a las particularidades de cada distrito, Santiago Caputo ha impulsado una estrategia de carácter más global. Esta diferencia no es solo metodológica, sino que refleja concepciones distintas sobre cómo debe expandirse LLA y quién debe liderar dicha expansión.

En definitiva, una fuerza que ingresó a la Casa Rosada prometiendo romper las reglas tradicionales de la política se encuentra ahora en la necesidad de dominar esas mismas herramientas. Negociar con gobernadores, administrar el Congreso, construir candidatos y contener las internas se han vuelto tareas esenciales. Karina Milei ha asumido esta responsabilidad, expandiendo su radio de influencia desde el despacho contiguo al Presidente hasta convertirse en la jefa política del oficialismo, a pesar de que dicho cargo no figure formalmente en ningún decreto.

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