La Secretaría de Salud (Ssa) ha anunciado una transformación profunda en el modelo de atención médica destinado a combatir tres de las padecimientos más críticos en el país: la diabetes, la enfermedad renal crónica y las afecciones cardiacas. El titular de la dependencia, David Kershenobich, informó que, debido a que estas enfermedades comparten factores de riesgo y provocan alteraciones similares en el organismo, dejarán de tratarse como entes aislados para ser abordadas de manera integral bajo una nueva entidad clínica denominada síndrome cardio-renal metabólico.
Esta decisión responde a una crisis de salud pública donde estos padecimientos son responsables de cuatro de cada diez muertes en México, lo que se traduce en más de 300 mil defunciones anuales. Kershenobich señaló que la obesidad juega un papel fundamental en este escenario, estando relacionada en una tercera parte con problemas graves de salud que han mostrado un crecimiento constante durante las últimas tres décadas.
Durante la conferencia de presentación de este nuevo esquema, Gustavo Reyes Terán, director médico del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (Issste), advirtió sobre el impacto demográfico de estas enfermedades. Reyes Terán destacó que, debido a la elevada prevalencia de estos males y a la cantidad de defunciones prematuras que ocasionan, la esperanza de vida en México se ha mantenido estancada en un promedio de 75 años durante los últimos 20 años, sin registrar incrementos en dicho periodo.
El nuevo modelo de atención se centrará en el fortalecimiento de la prevención y la ampliación del acceso a fármacos especializados. Para ello, se incorporarán más de 50 claves de medicamentos en los centros de salud y clínicas familiares. Entre los fármacos destacados se encuentra la semaglutida, indicada para el tratamiento de la diabetes y la reducción de peso, así como la dapagliflozina, orientada a proteger la función renal. Asimismo, para combatir la hipertensión arterial, se introducirán medicamentos que combinan dos o tres sustancias activas en una sola tableta, buscando facilitar que los pacientes cumplan con sus terapias.
La magnitud del desafío es considerable, ya que Kershenobich detalló que existen 14.4 millones de personas que viven con diabetes, 21.3 millones afectadas por hipertensión arterial y 9.2 millones con enfermedad renal crónica. La integración del tratamiento busca optimizar el manejo de estos pacientes, reconociendo que la presencia de una de estas alteraciones incrementa significativamente el riesgo de desarrollar las otras.
En cuanto a la infraestructura, el secretario de Salud anticipó que, como parte de la creación del Servicio Universal de Salud, se construirán 12 mil nuevos consultorios de primer contacto para enero de 2027. El objetivo primordial de esta expansión es fortalecer la detección temprana y reducir el gasto de bolsillo de las familias mexicanas, quienes frecuentemente recurren a servicios privados, específicamente a los consultorios adyacentes a farmacias.
Para estandarizar la calidad de la atención, se implementarán los Protocolos Nacionales de Atención Médica (Pronam). Ruy López Ridaura, director médico de los servicios de salud de Petróleos Mexicanos, explicó que estos protocolos permitirán eliminar la llamada "inercia clínica", ya que establecen con claridad los momentos precisos en los que se deben modificar las terapias para preservar la calidad de vida del paciente.
Las metas cuantitativas establecidas por Reyes Terán son ambiciosas: se busca lograr que el 80 por ciento de las personas con diabetes, hipertensión y enfermedad renal sean detectadas; que ese mismo porcentaje reciba el tratamiento clínico adecuado y que, finalmente, el 80 por ciento de los tratados logre el control efectivo de sus padecimientos.
Como estrategia de anticipación, el modelo plantea que la población se realice al menos una vez al año un examen general de orina, medición de la presión arterial y niveles de azúcar en la sangre. Este enfoque preventivo será obligatorio para todas las instituciones públicas de salud, incluyendo al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y el IMSS-Bienestar.
Finalmente, Kershenobich subrayó que estas acciones médicas se complementan con políticas públicas transversales, tales como los programas de Escuelas Saludables, el fomento a la actividad física y medidas regulatorias, entre las que destacan los impuestos a las bebidas azucaradas, con el fin de prevenir las enfermedades crónicas no transmisibles en la población mexicana.






