ÚLTIMA HORA

Cobertura 24 h · Redacción propia · sábado, 24 de octubre de 2026 · App oficial en Google Play

Menú

Miomatosis uterina: el calvario invisible de Victoria y la lucha por el reconocimiento laboral en Ecuador

Victoria relata cómo la miomatosis uterina transformó su ciclo menstrual en un proceso de dolor extremo.

Audionoticia

Escucha el reporte completo

Miomatosis uterina: el calvario invisible de Victoria y la lucha por el reconocimiento laboral en Ecuador

Para Victoria Escobar, una diseñadora multimedia de 37 años residente de Guayaquil, el ciclo menstrual no representa un proceso biológico estándar, sino una batalla mensual contra su propio organismo. Lo que para muchas mujeres es una molestia manejable, para Victoria se traduce en una experiencia de dolor extremo, debilidad profunda, fiebre e inflamación que paralizan tanto su cuerpo como sus emociones.

El diagnóstico médico es claro: miomatosis uterina. Esta condición se caracteriza por la presencia de tumores benignos en el útero que, en el caso de Victoria, han persistido a pesar de haber sido sometida a una cirugía de limpieza en el año 2018. Actualmente, la paciente convive con cinco miomas de hasta dos centímetros cada uno, una realidad clínica que transforma su periodo en un proceso complejo y agotador.

El impacto físico es devastador. Victoria relata que su sangrado es abundante y se extiende durante 12 días. Esta situación la obliga a mantener una vigilancia constante sobre su flujo, requiriendo el cambio de toallas sanitarias cada tres horas. Más allá de la logística higiénica, la condición afecta su autonomía personal y su libertad de vestimenta; la diseñadora confiesa que debe recurrir obligatoriamente a prendas de colores oscuros por el temor constante a mancharse, una preocupación que se intensifica debido a la presencia de coágulos que la dejan pálida y sin fuerzas.

El dolor, descrito por ella misma como "horrible", se manifiesta como una sensación punzante, similar a un músculo interno que se tensa hasta el límite de lo soportable. La intensidad de estos episodios es tal que los analgésicos orales resultan insuficientes, obligándola a recurrir a inyecciones para poder retomar sus actividades básicas. Victoria recuerda con angustia momentos en los que ha quedado atrapada en el transporte público, incapaz de caminar debido a los "hincones" y a la sensación de que su útero se estira, un malestar que puede prolongarse hasta por cuatro días.

Esta lucha no se limita al ámbito privado, sino que se traslada al entorno profesional. Para gestionar su jornada laboral, Victoria ha tenido que implementar el uso de temporizadores que le recuerden el cambio de toallas sanitarias, mientras lidia con la incomodidad y la vergüenza que le genera explicar su estado de salud a sus colegas varones.

El componente hereditario juega un papel crucial en su historia. Victoria señala que el dolor menstrual es un patrón en su familia, ya que su madre y sus primas enfrentaron síntomas similares que, en última instancia, derivaron en la extirpación total del útero. Ante este panorama, la guayaquileña hace un llamado a la visibilización y a la empatía social, argumentando que vivir con esta carga es sumamente pesado y que el malestar es, en muchos casos, insoportable. Su propuesta es clara: para mujeres en situaciones similares, el primer día de la regla debería ser motivo de teletrabajo obligatorio.

Desde la perspectiva legal y laboral en Ecuador, la situación presenta matices importantes. Guillermo García, catedrático y director del máster en Derecho del Trabajo y la Seguridad Social en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), aclara que en el régimen laboral privado ecuatoriano no existe actualmente un permiso menstrual específico que permita la ausencia automática del trabajo.

Sin embargo, García sostiene que existen alternativas dentro del marco legal. Las empresas pueden adoptar medidas de flexibilidad o acordar el teletrabajo ocasional, una modalidad ya prevista en el Código del Trabajo. Asimismo, los reglamentos internos de las organizaciones podrían contemplar medidas de adaptación. En los casos donde los síntomas son tan intensos que impiden el desempeño laboral, la situación debe trasladarse al ámbito de la salud, activando el régimen general de enfermedad mediante la debida acreditación médica.

El experto considera razonable que existan previsiones para casos graves, pero advierte que no debería existir un permiso automático para todas las mujeres. Según García, la regulación debe distinguir entre una menstruación que no afecta la capacidad laboral y aquellas situaciones donde los síntomas dificultan seriamente el trabajo. El objetivo, según el jurista, es proteger la menstruación incapacitante sin considerar que el acto de menstruar sea, por sí mismo, una incapacidad, evitando así el riesgo de reforzar estereotipos de género en el entorno profesional.

Esta nota fue producida por la redacción de Noticias.lat: verificamos la información en fuentes públicas y la reescribimos con nuestro criterio editorial. No republicamos textos de terceros.

Cobertura en Video