El escenario político interno de la Unión Cívica Radical en la provincia de Chubut ha sumado un elemento determinante que promete alterar la dinámica de poder en el próximo plenario partidario. Sergio Guajardo, dirigente de la zona cordillerana, ha oficializado su intención de disputar la conducción provincial del partido, lanzando un mensaje directo y contundente hacia las estructuras tradicionales que han manejado los hilos de la institución.
El anuncio de Guajardo no es una mera declaración de intenciones, sino una confirmación formal de su decisión de pelear por el máximo cargo del comité a nivel provincial. El dirigente manifestó sentirse plenamente capacitado para asumir el liderazgo, marcando el inicio de una etapa de definiciones intensas antes del encuentro clave que tendrá lugar el próximo 29 de agosto en la ciudad de Esquel.
En las próximas dos semanas, la "rosca política" se centrará fundamentalmente en la disputa numérica. El plenario contará con la participación de 66 delegados, y el objetivo estratégico para cualquier aspirante es alcanzar las 34 voluntades, cifra necesaria para obtener la mitad más uno de los votos y asegurar la victoria. En este contexto, han circulado diversas versiones que otorgan una ventaja competitiva al armado liderado por el intendente de Trelew, Gerardo Merino. Sin embargo, Guajardo desestimó tajantemente esos cálculos ajenos y decidió plantar bandera.
El candidato cordillerano se mostró plenamente confiado en sus propios sondeos internos y aseguró que la mayoría de los delegados están de su lado. Al analizar los números que maneja su equipo, Guajardo adelantó que cuenta con aproximadamente 40 votos asegurados, lo que lo posicionaría cómodamente por encima del umbral necesario para quedarse con el triunfo en la conducción provincial.
El eje central de la campaña interna de Guajardo se sostiene sobre un reclamo federal, una demanda que considera histórica para todas aquellas localidades que se encuentran alejadas de la capital provincial y de la zona del Valle. Según la visión política del dirigente, el radicalismo chubutense atraviesa una situación que requiere de manera urgente una reivindicación del federalismo. Su objetivo es que las resoluciones fundamentales del partido se tomen de manera conjunta y participativa, evitando que las decisiones sigan quedando concentradas en manos de unos pocos.
A través de esta premisa, Guajardo trazó una línea divisoria clara frente a su principal competidor. El candidato cuestionó duramente la matriz actual de conducción, sosteniendo que el partido se ha vuelto "muy centralista". En este sentido, advirtió que dicha dinámica excluyente no se modificaría si Gerardo Merino llegara a encabezar la conducción. La propuesta de Guajardo busca imprimir una impronta participativa en las decisiones de fondo, con el fin de que los afiliados del interior de la provincia dejen de ser considerados "meros espectadores" a quienes solo se recurre en los momentos electorales para juntar votos.
Para consolidar su estructura, Guajardo optó por una estrategia de recorridas silenciosas. El dirigente mantuvo un perfil bajo mientras organizaba reuniones cara a cara con la gran mayoría de los delegados partidarios en todo el territorio provincial. Durante estas visitas, pudo palpar lo que definió como un "malestar generalizado" y un enojo persistente y similar en las diversas localidades visitadas.
Este descontento en las bases tiene un origen puntual: el debate sobre la reelección indefinida. Según explicó Guajardo, esta discusión generó una distorsión profunda en las relaciones institucionales del partido. Esta fractura interna potenció su convicción de que los principios del radicalismo exigen un respeto absoluto por el esquema federativo, especialmente cuando se trata de tomar determinaciones críticas, como es la conformación de los frentes electorales.
Finalmente, el candidato se refirió a los rumores sobre la posible aparición de una tercera opción que podría terciar en el plenario y romper la polarización actual. En los últimos días han trascendido nombres de figuras históricas, como Luis Juncos o Jacqueline Caminoa. Al respecto, Guajardo reconoció que cualquier delegado posee el legítimo derecho de postularse, aunque aclaró que, hasta el momento, todas esas alternativas han surgido desde la absoluta informalidad o a través de trascendidos mediáticos, sin una oficialización concreta.




