La vulnerabilidad estructural de Medellín ante un eventual evento sísmico ha encendido las alarmas entre expertos y autoridades. De acuerdo con investigaciones lideradas por Ricardo León Bonnet, profesor de la facultad de Ingenierías de la Universidad de Medellín y cocreador del Modelo Nacional de Riesgo Sísmico, más del 60% de las edificaciones de la ciudad fueron construidas antes de 1984. Este dato es crítico, ya que en aquel año se estableció la primera normativa de sismorresistencia en el país, la cual fue posteriormente actualizada en 1998 y 2010.
El riesgo no reside únicamente en la antigüedad, sino también en la informalidad constructiva. Bonnet advierte que una gran cantidad de personas habitan en viviendas con mamposterías o pórticos desactualizados que, en la mayoría de los casos, fueron diseñados sin seguir ninguna norma, careciendo de columnas de concreto y varillas de refuerzo esenciales para soportar movimientos telúricos.
Para comprender la magnitud del peligro, es necesario precisar que el sismo por sí solo no provoca el colapso de las estructuras. El daño es el resultado de un conjunto de factores que incluyen la proximidad al epicentro, la calidad y el año de construcción, y el cumplimiento de las normas técnicas. Un ejemplo de esto se observó en ciudades como Cali y Pereira, donde las zonas más devastadas no fueron necesariamente las más marginadas o informales, sino barrios de clase media, lo que demuestra que el tipo de suelo y los niveles de riesgo varían incluso dentro de una misma urbe.
El profesor John Jairo Blandón Valencia, ingeniero civil de la Universidad Nacional, explica que los daños sísmicos dependen estrechamente del suelo y los efectos de sitio. En Medellín y su área metropolitana predomina la mampostería —sistema basado en ladrillos, piedras y bloques de hormigón—, especialmente en construcciones con más de 30 años. Si bien este sistema no representa un riesgo per se, sí es un indicador de que los habitantes deben monitorear sus viviendas.
Blandón recomienda estar atentos a señales de alerta como la aparición de grietas, asentamientos o fallas en el cierre de puertas y ventanas. No obstante, aclara que no toda fisura es alarmante, ya que existen elementos no estructurales, como muros divisorios, que pueden agrietarse sin comprometer la estabilidad del edificio y que pueden ser resanados sin mayor problema.
Por su parte, Jaime Enrique Gómez, exdirector del Dagrán y experto que identificó los daños estructurales del edificio Space, enfatiza la importancia de realizar revisiones profesionales tras un sismo fuerte, incluso en edificaciones que cumplan con la norma de sismorresistencia. La presencia de fisuras o "mechas" debe ser analizada por un experto para determinar el estado real de la estructura.
Esta preocupación se ha reflejado en un aumento masivo de reportes en Medellín. El Departamento Administrativo de Gestión del Riesgo de Desastres (Dagrd) registró 604 visitas de inspección en solo cuatro días posteriores a un reciente sismo. El alcalde Federico Gutiérrez informó que, tras estas revisiones, se realizaron 16 evacuaciones temporales, aunque aclaró que no se ha detectado infraestructura en alto riesgo que requiera demolición inmediata, citando como ejemplo los edificios del barrio Carlos E. Restrepo, construidos desde 1971, que no presentaron riesgo estructural tras las inspecciones.
Para quienes requieran evaluaciones detalladas, los especialistas sugieren acudir a firmas privadas o consultorios de ingeniería universitarios, ya que estos trámites deben gestionarse de forma particular. El costo de estas revisiones puede oscilar entre los 50 y 100 millones de pesos, sin contar las posibles adecuaciones o repotenciaciones necesarias. Debido a la alta demanda, muchos profesionales están realizando prevalidaciones mediante el análisis de fotografías para determinar la urgencia de una visita presencial.
Un punto crítico en la prevención es la microzonificación sísmica. Medellín cuenta con un estudio desde finales de los años 90 que divide la ciudad en 14 zonas según sus características de suelo. Esta herramienta permite identificar que terrenos cercanos a los ríos, por ser menos compactos, amplifican más las ondas sísmicas. Sin embargo, el ingeniero Mateo Castaño advierte que este documento está desactualizado y no ha sido aprobado por el Concejo ni incorporado en el Plan de Ordenamiento Territorial (POT). A diferencia de Bogotá, donde la microzonificación es una exigencia normativa, en Medellín no se aplica obligatoriamente en los proyectos urbanísticos, lo que limita la capacidad de diseñar edificios con mayores secciones de acero o concreto en las zonas de mayor amenaza.
Finalmente, los expertos coinciden en que la mitigación del riesgo comienza con la prevención individual y comunitaria. Se recomienda la preparación de kits de emergencia con medicamentos y linternas, la creación de planes familiares con roles definidos que incluyan a las mascotas y la normalización de simulacros y planes de gestión del riesgo en los conjuntos residenciales, basando la comunicación siempre en fuentes oficiales.





