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Cuba: El desafío de cambiar la mentalidad tras la aprobación de amplias reformas

A poco de la aprobación del mayor proceso de reformas emprendido en Cuba desde 1959, uno de los grandes retos para el país parece seguir siendo el famoso cambio de mentalidad, algo que no resuelven los decretos, por más evolucionados que parezcan.

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Cuba: El desafío de cambiar la mentalidad tras la aprobación de amplias reformas

A fecha del domingo 16 de agosto de 2026, Cuba se encuentra en un momento decisivo tras la aprobación del mayor proceso de reformas emprendido en la nación desde 1959. Sin embargo, a pesar del marco legal establecido, el país se enfrenta a un reto que trasciende la redacción de los documentos oficiales: la necesidad imperativa de un cambio de mentalidad. La experiencia sugiere que los decretos, independientemente de cuán evolucionados resulten, no tienen la capacidad por sí solos de resolver las estructuras de pensamiento arraigadas en la sociedad.

Esta problemática fue puesta de relieve semanas atrás, el pasado 26 de junio, por el periodista Humberto Fuentes. En un comentario publicado en el sitio digital Girón, titulado "Un puente sobre el río revuelto" y emitido desde Matanzas, Fuentes alertó sobre cómo las transformaciones actuales están chocando frontalmente contra formas de pensamiento estancadas y arcaicas. El análisis advierte la existencia de sectores que perciben el progreso del sector privado no como una oportunidad, sino como un enemigo, una amenaza o un elemento capaz de "atropellar" el orden establecido.

Para comprender esta resistencia, es necesario reconocer que, durante décadas, se consolidó una tendencia a observar la prosperidad económica individual como un pecado casi capital. Esta percepción persistía incluso cuando la riqueza era el resultado directo del emprendimiento honesto o de un trabajo creador. Dichos recelos moldearon la visión de generaciones enteras, que crecieron bajo la premisa de que el éxito personal representaba una mancha en el expediente de la igualdad social y que el esfuerzo privado era, en esencia, una especie de herejía. Si bien el paso del tiempo y la urgencia de la necesidad han comenzado a desmentir estos preceptos, no han logrado desterrarlos completamente del imaginario colectivo.

En la actualidad, se han puesto sobre la mesa diversas transformaciones estructurales, concebidas en un contexto de tremendísimo recrudecimiento del bloqueo. Estas medidas, que conllevan riesgos significativos, cargan con el lastre mental anteriormente mencionado. Entre las reformas más destacadas se encuentra la apertura de las casas de cambio a la iniciativa privada y la autorización para la creación de grandes empresas. Asimismo, se ha permitido la inversión privada en la distribución de combustible y se ha implementado una reforma de vivienda que faculta a los ciudadanos a ser propietarios de hasta dos viviendas.

Otras medidas relevantes incluyen el redimensionamiento de los ministerios y la concesión de una autonomía considerable a las empresas estatales, permitiéndoles fijar sus propios salarios y realizar sus propias "búsquedas". A esto se suma la eliminación de los topes de precio, una medida que busca ajustar la economía a nuevas realidades.

No obstante, para que estas reformas demuestren su efectividad, es fundamental que la metamorfosis mental alcance a las grandes masas. Paralelamente, existe una necesidad crítica de que quienes toman las decisiones acepten que las medidas implementadas no son infalibles. La capacidad de reconocer que una acción puede no dar los resultados esperados y, por ende, puede y debe ser rectificada o retirada, es esencial. Este enfoque requiere que los decisores sean flexibles, prácticos y abiertos, alejándose de la rigidez dogmática.

La historia de la construcción de la «nueva sociedad» en Cuba ha mostrado casos donde desaciertos se mantuvieron firmes, ignorando las turbonadas sociales y la voz popular. En el contexto actual, la rigidez es un lujo que el país no puede permitirse. Las reformas no deben verse como un fin en sí mismas, sino como herramientas diseñadas para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.

Bajo esta premisa, el concepto fidelista de «cambiar todo lo que deba ser cambiado» cobra una vigencia renovada. Aplicar este principio al camino actual de la nación implica priorizar la rectificación sobre la inflexibilidad y la comprensión de la realidad sobre los dogmas establecidos. La apertura mental debe preceder a la imposición de que "esto es así".

En última instancia, el cambio de mentalidad no puede ser considerado una opción, sino la condición indispensable para evitar que estas transformaciones se conviertan en simples promesas, ilusiones o desencantos. Resulta vital distinguir entre lo que es útil y lo que estorba, y entre aquello que puede corregirse y lo que debe descartarse definitivamente. La capacidad de Cuba para desmontar la telaraña de sus propias certezas y avanzar sin miedo hacia lo desconocido determinará el éxito del proceso, pues el futuro no se escribe con decretos, sino con el aprovechamiento del tiempo y las oportunidades. La historia demuestra que el progreso no pertenece a quienes nunca se equivocan, sino a quienes aprenden a rectificar, a arriesgarse y a pensar en grande.

Esta nota fue producida por la redacción de Noticias.lat: verificamos la información en fuentes públicas y la reescribimos con nuestro criterio editorial. No republicamos textos de terceros.

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