La longevidad ha dejado de ser un concepto abstracto para transformarse en un motor de cambio social y sanitario a escala global. El objetivo actual no es simplemente alcanzar edades avanzadas, sino garantizar que esos años adicionales sean activos, saludables y dignos. En este marco, la comunidad científica internacional se reunió en Ámsterdam, Países Bajos, para celebrar el 23º Congreso Mundial de la Asociación Internacional de Geriatría y Gerontología (IAGG), bajo el lema “Envejecer bien en un mundo globalizado”.
Cerca de 4.000 expertos se congregaron en el foro para analizar el futuro de la longevidad y discutir soluciones frente al avance demográfico mundial. El encuentro también marcó hitos institucionales para América Latina, ya que el doctor José Jáuregui, el primer argentino en presidir la IAGG a nivel mundial, finalizó su gestión de cuatro años y cedió la presidencia a la doctora Hilde Verbeek.
Durante el congreso, los debates se centraron en temas críticos como la salud mental, la atención médica remota para ampliar el acceso a los servicios y el combate a la discriminación y los estereotipos basados en la edad. Asimismo, se discutió la integración de inteligencia artificial inclusiva y tecnologías emergentes en el cuidado de la salud.
Uno de los ejes más destacados fue el impacto del cambio climático. La doctora egipcia Shereen Hussein, catedrática de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, expuso que el cambio climático es un riesgo estructural para la atención a largo plazo. Hussein señaló que, aunque el envejecimiento poblacional y la crisis climática son fenómenos globales del siglo XXI, las agendas políticas suelen tratarlos por separado. Advirtió que los adultos mayores y las personas con discapacidad son los grupos más vulnerables ante olas de calor, inundaciones, incendios forestales y la contaminación del aire.
Al respecto, el doctor Jáuregui explicó que el cambio climático se ha integrado plenamente en la agenda de estudio de la longevidad. Citó como ejemplo el aumento de muertes por golpes de calor en poblaciones vulnerables en Francia y señaló una falta de campañas de salud pública en Europa que promuevan el consumo de agua durante eventos climáticos extremos. Asimismo, recordó que en Argentina, durante inundaciones, muchas personas mayores fallecieron por frío tras permanecer sumergidas en agua, evidenciando la falta de estructuras globales específicas para proteger a los adultos mayores en situaciones de desastre o guerra.
En el ámbito de la investigación biológica, el doctor italiano Luigi Ferrucci planteó que la hipoxia tisular —la insuficiencia de oxígeno en los tejidos— es un mecanismo central del envejecimiento biológico. Según Ferrucci, la disminución del suministro de oxígeno, sumada a alteraciones vasculares y metabólicas, acelera el deterioro de los órganos y moldea el epigenoma. Jáuregui subrayó que este déficit, si se mantiene en el tiempo (como en anemias no tratadas), es especialmente deletéreo para el cerebro y puede precipitar el deterioro cognitivo.
Otro punto clave fue el abordaje del "Síndrome de Fragilidad". Iván Bautmans, experto en biogerontología, sostuvo que la clave para un envejecimiento saludable es mantener la "capacidad de vitalidad". Advirtió que la inflamación crónica de bajo grado debilita esta capacidad, favoreciendo la discapacidad. Para contrarrestar esto, se destacó la importancia de la actividad física, aunque Jáuregui precisó que el ejercicio debe ser adecuado y adaptado a cada persona para evitar efectos contraproducentes. El especialista enfatizó que el tabaquismo y el sedentarismo extremo son factores de riesgo que aceleran la fragilidad.
El paradigma actual propone transitar de una medicina centrada en curar a una enfocada en la prevención. Jáuregui señaló que la prevención cardiovascular es fundamental, ya que también previene enfermedades cerebrovasculares y neurodegenerativas. Además, destacó la malnutrición —tanto la obesidad como la desnutrición— como un punto crítico que debe ser eje de las políticas de estado, ya que afecta el desarrollo de los órganos desde etapas tempranas de la vida.
En cuanto a América Latina, el escenario presenta desafíos de infraestructura, pero cuenta con una ventaja competitiva: las fuertes redes de sociabilidad, que contribuyen significativamente al bienestar en la vejez. Sin embargo, el reto demográfico es inminente: para el año 2050, se prevé que en todo el continente americano haya más personas mayores de 60 años que menores de 14.
Finalmente, se mencionaron las "Zonas Azules", como Cerdeña en Italia, donde la longevidad se vincula a una vida activa, bajo estrés y con fuerte integración comunitaria. En el cierre del evento, la nueva presidenta de la IAGG, la doctora Hilde Verbeek, manifestó su objetivo de reducir la brecha entre el conocimiento científico y la práctica actual en la atención a largo plazo, especialmente para personas con demencia. Los avances discutidos en Ámsterdam tendrán continuidad en el 22º Congreso Argentino de Gerontología y Geriatría, que se llevará a cabo en Mar del Plata el 27 y 28 de agosto.






