Un estudio de cohorte retrospectivo publicado en la revista JAMA Network Open ha revelado que el programa de cribado de cáncer colorrectal implementado en el País Vasco desde el año 2009 se asocia con una reducción sostenida de la mortalidad por esta patología en la población objetivo. La investigación analizó la evolución de las defunciones entre 2004 y 2024, abarcando una población de aproximadamente 2,2 millones de habitantes.
Durante el periodo estudiado, los investigadores examinaron un total de 438.134 fallecimientos registrados, de los cuales 16.298 fueron atribuidos al cáncer colorrectal. Los datos más destacados del análisis se centran en el grupo de personas entre 50 y 69 años, que es el colectivo al que se dirige específicamente el programa de cribado. En este segmento, la mortalidad ajustada por edad experimentó un descenso del 50,1%, cayendo de 39,7 a 19,8 muertes por cada 100.000 habitantes. Un dato relevante es que los investigadores detectaron un cambio significativo en la tendencia de mortalidad apenas tres años después de que el programa fuera puesto en marcha.
A nivel general, considerando a toda la población analizada, la mortalidad por cáncer colorrectal disminuyó en un 29,6%. Para reforzar estas conclusiones, el estudio empleó análisis contrafactuales, los cuales estiman que, de no haberse implantado el programa de cribado, las tasas de mortalidad habrían sido significativamente superiores a las observadas. Además, el impacto clínico se refleja en la precocidad del diagnóstico: más del 70% de los tumores detectados a través del programa fueron identificados en estadios I o II, fases en las que las posibilidades de curación son considerablemente más altas.
El funcionamiento del modelo vasco se basa en la realización bienal de una prueba inmunoquímica fecal (FIT) dirigida a personas asintomáticas de entre 50 y 69 años. En aquellos casos donde el resultado de la prueba es positivo, se procede a realizar una colonoscopia para confirmar el diagnóstico. Este procedimiento permite no solo detectar tumores en etapas iniciales, sino también extirpar lesiones precursoras, evitando así la evolución hacia un cáncer.
Según los datos del estudio, el éxito del programa se ha debido en gran medida a dos factores operativos: una participación sostenida cercana al 70% y una adherencia superior al 90% a la colonoscopia diagnóstica tras un resultado positivo en la prueba fecal. Estos niveles de cumplimiento son considerados por los expertos como determinantes para alcanzar el impacto observado.
Enrique Quintero, profesor de Medicina de la Universidad de La Laguna, ha valorado la solidez del trabajo en declaraciones al Science Media Centre (SMC), calificándolo como un estudio poblacional a gran escala con un seguimiento prolongado de 21 años y basado en registros de alta calidad. Quintero destacó la metodología empleada, que combina tasas ajustadas por edad, análisis de regresión segmentada y modelos contrafactuales. Asimismo, señaló que se utilizaron análisis de sensibilidad para excluir el impacto de la pandemia de COVID-19 y un grupo de referencia compuesto por menores de 50 años no sometidos a cribado.
El especialista subrayó que la reducción del 50% de la mortalidad en la población diana es una cifra que supera ampliamente los resultados de otros programas europeos, donde las reducciones durante la primera década suelen oscilar entre el 9% y el 10%. Según Quintero, esta diferencia se explica por la elevada y constante participación de la ciudadanía y el cumplimiento de las pruebas diagnósticas.
Por su parte, Antoni Castells, director asistencial del Hospital Clínic de Barcelona y co-coordinador del programa de cribado de dicha ciudad, señaló que el modelo vasco es especialmente valioso por registrar una de las tasas de participación más altas de Europa. Castells afirmó que el diseño riguroso y el seguimiento prolongado permiten extraer conclusiones robustas, destacando que el beneficio proviene tanto de la extirpación de adenomas avanzados como del diagnóstico precoz.
Finalmente, Xabier García de Albéniz, oncólogo clínico y epidemiólogo, aunque recordó que se trata de un análisis ecológico que debe interpretarse junto a otras evidencias, coincidió en la calidad metodológica del estudio. García de Albéniz enfatizó que, si bien pueden influir otros factores como la mejora en los hábitos de salud o el acceso sanitario, es razonable atribuir el descenso de la mortalidad al programa de cribado. Para el experto, el trabajo pone de relieve el valor de las políticas públicas de prevención y la importancia de contar con sistemas de salud públicos con programas sólidos y continuos.






