La sostenibilidad ha dejado de ser un mero elemento de reputación corporativa para transformarse en un factor crítico de competitividad en el mercado actual. En este escenario, las organizaciones en Costa Rica se enfrentan a un desafío significativo con la adopción de las Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF) S1 y S2. Estas normativas exigen que las empresas integren los factores ambientales, sociales y de gobierno corporativo (ESG, por sus siglas en inglés) no solo en su comunicación externa, sino directamente en su estrategia, la gestión de sus riesgos y su información financiera.
Es fundamental destacar que este reto no está limitado únicamente a los Grandes Contribuyentes. La adopción de estos estándares impacta a diversas estructuras organizacionales en el país, obligándolas a replantear la forma en que reportan y gestionan su impacto en el entorno. La transición hacia este modelo de transparencia implica una reestructuración de los procesos internos para asegurar que la sostenibilidad sea parte del núcleo operativo y estratégico de la organización.
La implementación de las NIIF S1 y S2 conlleva costos que varían dependiendo de la estructura de cada organización. Entre los gastos más evidentes y directos se encuentran el diseño e integración de sistemas tecnológicos capaces de capturar datos a lo largo de toda la cadena de valor, el fortalecimiento de los controles operativos y el desarrollo de programas de capacitación interdisciplinaria. No obstante, existen costos menos visibles, pero igualmente críticos, que las empresas deben gestionar para evitar el fracaso de la implementación. Entre ellos destacan la necesidad de un cambio cultural profundo, la ruptura de los silos organizacionales que impiden el flujo de información y la urgencia de establecer una gobernanza clara sobre la calidad y la responsabilidad de la información reportada.
Para lograr una transición exitosa, las organizaciones suelen seguir una hoja de ruta compuesta por pasos clave. El proceso comienza con un diagnóstico de brechas para entender la situación actual frente a los requerimientos de las normas. Posteriormente, se procede a la identificación y cuantificación de los riesgos y oportunidades ESG, traduciéndolos a términos financieros concretos. Este análisis debe integrarse con los marcos de gestión de riesgos ya existentes en la empresa, tales como COSO o ISO 31000. Una vez establecida la base, se definen métricas y objetivos específicos, como el consumo energético y las emisiones de gases efecto invernadero, culminando con el establecimiento de un gobierno, controles y mecanismos de aseguramiento.
En este complejo proceso, el Contador Público (CPA) emerge como una figura estratégica con un rol dual. En su faceta de implementador de controles internos, el CPA lidera la construcción de un marco robusto de información ESG. Esto implica definir políticas contables y criterios de medición que sean consistentes con las NIIF S1 y S2. Asimismo, debe diseñar controles sobre la recolección, validación y consolidación de datos no financieros, asegurando que estos tengan el mismo rigor que la información financiera tradicional.
La trazabilidad de los indicadores clave de desempeño (KPIs ESG) y sus metodologías de cálculo se vuelven esenciales, al igual que la integración de los riesgos ESG en la matriz de riesgos corporativa y su vinculación con los impactos financieros. El CPA actúa además como el coordinador transversal entre las áreas operativas, legal, de sostenibilidad y tecnologías de la información (TI), promoviendo una visión integrada de la empresa.
Paralelamente, el CPA asume el rol de auditor interno, aportando un valor independiente y crítico. En esta función, evalúa la efectividad del diseño e implementación de los controles sobre la información ESG, validando que los datos reportados sean íntegros, exactos y consistentes. El auditor interno revisa la alineación de los procesos con marcos de referencia como ISO y COSO, así como con las mejores prácticas globales, identificando brechas y riesgos emergentes en la gobernanza de la sostenibilidad. Esta labor fortalece la confianza de la Alta Dirección, el Comité de Auditoría y otros grupos de interés mediante la provisión de un aseguramiento oportuno.
En conclusión, las normativas S1 y S2 no deben ser percibidas como una carga administrativa, sino como una oportunidad para elevar la calidad de la información y mejorar la gestión integral de riesgos. La adopción de estos estándares facilita el acceso a capitales en mejores condiciones. Cuando el CPA asume un rol proactivo, integrando el control interno y el aseguramiento, la organización no solo cumple con la normativa, sino que transforma la sostenibilidad en una ventaja competitiva sostenible en el tiempo.





