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Rosa Chávez analiza el cruce entre salud mental y clase social en su nueva novela

La maestra, reportera y narradora Rosa Chávez Yacila presenta su primera novela: Las nerviosas (Random House, 2026), un relato autobiográfico que reflexiona sobre un tema que sigue siendo tabú en nuestro país: la relación entre pobreza y la fragilidad emocional. La suma de sus propias memorias y datos duros construye un cuadro que habla de memoria y herencia familiar. Sobre este nuevo trabajo, habla en esta entrevista.

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Rosa Chávez analiza el cruce entre salud mental y clase social en su nueva novela

La escritora y periodista Rosa Chávez ha llegado a Lima para presentar una novela íntima y reflexiva en la librería El Virrey de Miraflores. La obra, construida a partir de sus propias memorias, se adentra en la historia de las mujeres de su familia, explorando su vulnerabilidad emocional y estableciendo un vínculo directo entre la pobreza, la depresión y la angustia. A través de un relato que oscila entre la búsqueda de respuestas y el análisis sociológico, Chávez propone una conversación necesaria sobre cómo las condiciones materiales afectan la psique humana.

Uno de los conceptos centrales del libro es la definición de "las nerviosas". Para la autora, este término describe a las mujeres de su linaje, principalmente empleadas y lavanderas, que presentaron síntomas depresivos o ansiosos en un contexto de precariedad. Ante la falta de acceso a un lenguaje médico especializado o a servicios de salud, estas condiciones fueron etiquetadas con palabras familiares y cotidianas como "nervios" o "nerviosismo". Chávez reconoce que ella misma se identifica hoy como una "nerviosa", sugiriendo que es una etiqueta en la que muchas mujeres se reconocen.

La novela busca llenar un vacío que la autora identificó en la literatura y la no ficción: la intersección entre la salud mental y la clase social. Según Chávez, este cruce es fundamental porque define la manera en que las personas establecen sus relaciones, desean y se posicionan en el mundo. En contextos de pobreza, donde el acceso a la salud mental es escaso, es común que las personas recurran al autodiagnóstico o a explicaciones no médicas, como el "mal de ojo" o el "susto", para intentar dar sentido a realidades que no comprenden.

Otro punto crítico abordado en la obra es la "culpa de la movilidad social". La autora reflexiona sobre el sentimiento de extrañamiento y traición que experimentan quienes provienen de sectores populares o periféricos y logran ascender socialmente. Para ilustrar este sentimiento, Chávez menciona un poema de la argentina Silvina Giaganti, donde se describe la vergüenza de ganar más que la jubilación de un padre que trabajó arduamente durante décadas.

En el plano personal, la narradora detalla su propia lucha con la depresión, particularmente una crisis devastadora ocurrida alrededor de los 30 años. El libro relata su paso por diversos tratamientos, desde el uso de antidepresivos como la sertralina, ansiolíticos y antiepilépticos, hasta la exploración de terapias alternativas como el ayurveda, la vitamina C y la bioneuroemoción. Sobre esto último, Chávez aclara que, aunque algunas personas encuentran alivio en estas prácticas, ella prefiere los métodos tradicionales y verificados, cuestionando la base científica de las pseudoterapias.

La autora también lanza una crítica severa al sistema de salud peruano, describiéndolo como colapsado tanto en el sector público como en el privado. Denuncia que muchos médicos tratan a los pacientes mediante un proceso de "prueba y error" y critica el paternalismo hacia las mujeres jóvenes; relata, por ejemplo, cómo un médico llegó a sugerirle que lo que ella necesitaba era un novio para mejorar su estado.

Más allá de lo individual, el libro conecta la salud mental con traumas colectivos. Chávez sostiene que la pobreza es la "puerta de entrada a la fortaleza en ruinas de la enfermedad mental", apoyándose en estudios que demuestran una mayor probabilidad de síntomas depresivos en personas con carencias económicas. Asimismo, reflexiona sobre el impacto emocional de la pandemia en el Perú, mencionando la tragedia de las fosas comunes y el sentimiento de impunidad y anestesia social ante la violencia política reciente.

Finalmente, la obra incluye un proceso de reconstrucción genealógica. A través de un especialista y la búsqueda de archivos familiares —donde encontró libretas centenarias y un certificado de estudios de su abuelo de 1918—, Chávez descubrió que sus ancestros eran personas de clase obrera: agricultores, carpinteros y sastres. Este hallazgo representa para ella un tesoro narrativo que le permite comprender mejor el linaje y el contexto que condicionó la vida de las mujeres de su familia.

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