La Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) mantiene un despliegue operativo constante mediante una red de vigilancia especializada, cuyo objetivo principal es la detección de asteroides y cometas que transitan en las proximidades de la Tierra. Esta infraestructura busca anticipar cualquier escenario en el que alguno de estos cuerpos celestes pudiera representar un riesgo real de impacto contra nuestro planeta. Para organizar y coordinar estas tareas de monitoreo, la agencia estadounidense estableció en el año 2016 la Oficina de Coordinación de Defensa Planetaria, la cual es la entidad encargada de realizar el seguimiento exhaustivo de estos objetos.
En el marco de estas operaciones, la NASA utiliza una clasificación específica para los cuerpos espaciales conocidos como Objetos Cercanos a la Tierra (NEO, por sus siglas en inglés). Esta categoría engloba a todos aquellos cuerpos espaciales cuyas órbitas coinciden o pasan relativamente cerca de la trayectoria del planeta Tierra. La identificación de estos objetos es fundamental para la gestión de riesgos espaciales y la planificación de posibles medidas de mitigación.
De acuerdo con los registros actuales del Centro de Estudios de Objetos Próximos a la Tierra (CNEOS), el sistema de vigilancia tiene contabilizados hasta el momento un total de 41.778 objetos cercanos a la Tierra. Al analizar la magnitud de estos cuerpos, los datos revelan que 878 de ellos poseen un tamaño de al menos 0,6 millas, lo que equivale a un kilómetro. Asimismo, el sistema ha identificado a 11.637 objetos que miden al menos 460 pies, es decir, unos 140 metros de diámetro.
La capacidad de los científicos para determinar las trayectorias de estos cuerpos celestes ha mejorado significativamente gracias a la acumulación de observaciones realizadas a lo largo de varios años. Esta base de datos permite que los expertos puedan predecir, con décadas de antelación, el camino que seguirán los asteroides y determinar si existe una probabilidad real de impacto. Para que este proceso sea eficiente, el Centro de Planetas Menores (MPC) actúa como el organismo central que recopila y organiza toda la información y las mediciones provenientes de diversos observatorios distribuidos en distintos países.
La vigilancia se lleva a cabo mediante una combinación de herramientas que incluyen telescopios terrestres y misiones espaciales. La NASA ha destacado en sus plataformas oficiales que estos proyectos son esenciales para detectar objetos nuevos, calcular sus movimientos precisos y estudiar sus características físicas. En este sentido, la agencia trabaja actualmente en el desarrollo del telescopio espacial NEO Surveyor. Este instrumento avanzado empleará tecnología infrarroja para localizar asteroides y cometas que aún no han sido detectados, acelerando así el descubrimiento de posibles amenazas y complementando la labor de los telescopios situados en la superficie terrestre.
Para procesar la vasta cantidad de datos, el CNEOS emplea diversos sistemas informáticos de monitoreo. Uno de los más relevantes es Sentry, un software diseñado para analizar las órbitas de los asteroides y calcular los riesgos de impacto a largo plazo. Por otro lado, la NASA utiliza el sistema Scout, el cual está optimizado para estudiar objetos recién detectados y evaluar con rapidez si representan un peligro inmediato para la Tierra. Dentro de todo el catálogo de objetos monitoreados, la agencia presta una atención prioritaria a aquellos catalogados como “asteroides potencialmente peligrosos”.
A pesar de la vigilancia constante, la NASA ha asegurado que, basándose en los datos actuales, no existe ninguna amenaza importante de impacto contra la Tierra para los próximos 100 años.
No obstante, la agencia no se limita a la observación, sino que también ha probado capacidades de respuesta activa. Uno de los proyectos más destacados en materia de defensa planetaria fue la misión DART, ejecutada en 2022. El objetivo de esta misión era verificar si una nave espacial podría modificar la trayectoria de un asteroide mediante un impacto directo. Para llevar a cabo esta prueba, la NASA dirigió una nave contra Dimorphos, un asteroide pequeño que orbita alrededor de otro cuerpo llamado Didymos. El resultado de la prueba fue exitoso, logrando alterar el movimiento del asteroide y demostrando que la humanidad posee la tecnología necesaria para desviar objetos espaciales potencialmente peligrosos.





